Pongamos que hablo de Madrid: de la capital al infierno y la odisea de la izquierda para tratar de vencer a Ayuso y Almeida
"Allá donde se cruzan los caminos"... Himno oficioso que ha identificado cada rincón de la ciudad a lo largo de los años: lugar hostil para muchos y hogar para todos que vuelve a vislumbrar la batalla electoral en la lejanía. Para la izquierda, un calvario.
"Esta canción se llama Pongamos que hablo de Madrid. Una historia de amor y odio a una ciudad invivible, pero insustituible", introducía Joaquín Sabina al presentar el que acabaría convirtiéndose en el himno oficioso de la capital. Una letra incrustada en cada adoquín de la ciudad; aquella donde el mar no se puede concebir, donde las estrellas parecen olvidarse de salir, donde el deseo viaja en ascensores y donde miles de personas se dejan la vida en sus rincones. Una ciudad tan fascinante como despiadada, capaz de expulsar a quienes la sostienen mientras sigue atrayendo a quienes sueñan con conquistarla. Una contradicción construida ladrillo a ladrillo y barrio a barrio, donde una carretera separa a la gente que no puede llegar a fin de mes y la que elige entre Maldivas o Rivera Maya para ir de vacaciones todos los años.
Han pasado más de tres décadas desde la última vez que la Comunidad de Madrid estuvo gobernada por la izquierda. Desde entonces, la región se ha convertido en el gran bastión del Partido Popular: su principal laboratorio político, el centro neurálgico de su poder institucional y una pieza fundamental en la construcción de su relato nacional. Madrid no sólo ha sido un territorio electoralmente favorable para la derecha; se ha transformado en la demostración práctica de un modelo político que el PP ha tratado de exportar al resto del país siendo la pieza de mayor autoridad por encima incluso de la dirección nacional.
Corría el 19 de agosto de 2019 cuando Isabel Díaz Ayuso tomó posesión como presidenta de la Comunidad de Madrid. Para la izquierda, comenzaba una nueva etapa marcada por una dirigente que pronto se convertiría en su principal villana política en la región y el país, heredera directa de una tradición política forjada durante décadas por el aguirrismo. Sin embargo, aquel mismo año se produjo también una de las últimas oportunidades reales para que el bloque progresista recuperara el gobierno autonómico que, como suele pasar en esta ciudad, fue desaprovechada.
El candidato del Partido Socialista, Ángel Gabilondo, ganó las elecciones de mayo de 2019. Pero la victoria en votos y escaños resultó insuficiente. A pesar del fuerte retroceso del Partido Popular, que perdió 18 diputados respecto a la legislatura anterior, la suma de las derechas volvió a imponerse. Ciudadanos, aquel partido que se presentó a la ciudadanía como "centro político", terminó inclinando la balanza hacia los populares y facilitó la investidura de Ayuso con el apoyo de Vox, la formación de extrema derecha que comenzaba a asentarse en los gobiernos autonómicos. La muralla que durante años había impedido a la izquierda alcanzar la Puerta del Sol volvió a levantarse una vez más perpetuando la condena del espacio de la oposición de la asamblea.
Mientras tanto, el espacio progresista atravesaba una profunda crisis interna. Las heridas abiertas por las disputas en la izquierda alternativa seguían sin cicatrizar. Íñigo Errejón, tras perder la batalla interna dentro de Podemos, había impulsado junto a Manuela Carmena el proyecto de Más Madrid, una escisión que alteró por completo el equilibrio de fuerzas en el bloque progresista. Desde la formación morada se señaló durante años aquella ruptura como uno de los factores determinantes para explicar la incapacidad de construir una alternativa capaz de disputar el poder al Partido Popular.
¿Quiere la izquierda ganar Madrid?
La pregunta puede parecer descabellada, pero nada más lejos de la realidad. Desde aquella bala perdida de 2019, la historia de la izquierda madrileña ha sido un cúmulo de desastres continuados, de apuestas lejanas a la victoria y de guerras internas que han colocado a la capital como el principal campo de batalla para el espacio progresista. La fragmentación, los liderazgos enfrentados y la incapacidad para construir un proyecto compartido, entre otras cosas, han asentado la figura de Isabel Díaz Ayuso.
La convocatoria anticipada de elecciones en 2021, tras la ruptura con Ciudadanos de los pactos autonómicos, provocó que Ayuso absorbiera la práctica totalidad del espacio político de los naranjas y transformó aquellos comicios en un plebiscito sobre su gestión y su modelo de región. En el PSOE, Ángel Gabilondo perdió en dos años 13 diputados y más de 270.000 votos en la comunidad y la oportunidad se desvaneció. No sólo eso, la pandemia asentó en la capital la idea de que el adversario de la presidenta de la Comunidad de Madrid no fueran los candidatos de la izquierda madrileña, sino el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Esa situación ha sido aprovechada tanto por Ayuso como por el líder del Ejecutivo: que 'la mala de la película' esté en una comunidad autonómica asegura votos fuera de la misma y un reflejo de gestión que gran parte de la ciudadanía no quiere para sus territorios.
En el Ayuntamiento, tanto en 2019 como en 2023, los socialistas llevan atados a su suelo electoral. José Luis Martínez Almeida consiguió consolidarse en el Ayuntamiento de Madrid y, tras los últimos comicios, alcanzó una cómoda mayoría absoluta. El desgaste de Manuela Carmena y la guerra fría desatada en el resto del espectro imposibilitaron que revalidara la alcaldía, una situación que se ha ido repitiendo con su sucesora, Rita Maestre. La capital y la comunidad han quedado así bajo un dominio por parte de la derecha prácticamente incontestable, reforzando la sensación de que Madrid se había convertido en una fortaleza inexpugnable para la izquierda.
"La izquierda no se ha tomado en serio Madrid durante mucho tiempo. Basta con acordarse de la etapa de Caja Madrid y cómo participó en toda la fiesta de las 'tarjetas black'. Eso ha permitido varias décadas de oxígeno al Partido Popular en las que ha ido construyendo un ecosistema mediático y empresarial a la medida de sus necesidades", expresaba Emilio Delgado en El HuffPost hace escasos meses.
Los futbolistas tienen Arabia; la política, Madrid
En los últimos comicios, La Moncloa ha emprendido la estrategia de colocar rostros reconocidos a nivel nacional para intentar dar la batalla electoral en las comunidades autónomas. Es el caso de Pilar Alegría en Aragón o María Jesús Montero en Andalucía por parte de los socialistas, la portavoz del Gobierno y "la mujer con más poder de la historia de la democracia", como aseguró la vicepresidenta primera de Sánchez. En Madrid, sin embargo, es una fórmula que se lleva utilizando un tiempo —obteniendo, por cierto, el mismo resultado—. El propio Ángel Gabilondo fue ministro de Educación con José Luis Rodríguez Zapatero allá por 2011, siendo el único de esta fórmula junto a Salvador Illa en Cataluña que pueden presumir de haber ganado las elecciones.
Reyes Maroto fue la apuesta de los socialistas para el Ayuntamiento de Madrid cuando ella era ministra de Industria, Comercio y Turismo del primer Gobierno de Pedro Sánchez. También, ante la mala previsión de resultados que pronosticaba Podemos, Pablo Iglesias renunció a su cargo de vicepresidente del Gobierno y ministro de Derechos Sociales para darle la batalla a Ayuso. No hubo suerte, comunidad y ayuntamiento terminaron gobernados por la derecha e Iglesias abandonó la política institucional la misma noche electoral.
Tras el fracaso de Pilar Alegría y María Jesús Montero tras obtener los peores resultados de la historia del PSOE en sus respectivos comicios autonómicos que han tenido lugar este 2026, la izquierda madrileña ha decidido apostar el triple: dos ministros y una diputada serán los candidatos para tratar de frenar a Ayuso. Por parte de Más Madrid y tras cerrar las tensiones internas del partido —han llegado más lejos que en otras ocasiones—, Mónica García dejará el Ministerio de Sanidad; Óscar López hará lo propio con el de Transformación Digital y de la Función Pública y será el candidato socialista; e Ione Belarra, que como incorporación de última hora dejará el Congreso de los Diputados —en el que lleva más de una década— para intentar que la formación morada vuelva a tener representación en la asamblea. Un plan sin fisuras, vaya.
La única duda que queda por resolver es qué papel jugará Izquierda Unida. Por el momento, Más Madrid ya ha anunciado que rechaza cualquier alianza electoral. La única opción sería una hipotética alianza entre IU y Podemos, si es que no concurren por separado.
La izquierda soberanista, ¿ventana de oportunidad?
De las lecciones que se pueden extraer de los últimos comicios autonómicos, es decir, Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía, es que por el espacio progresista tan sólo crece la izquierda soberanista. La Chunta, Adelante Andalucía o Por Extremadura, donde Irene de Miguel lleva años trabajando sobre el terreno, fueron las únicas buenas noticias para el espacio en aquellas noches electorales. Lo mismo sucedió con Compromís, EH Bildu o el BNG.
No parece una casualidad. Frente a la creciente nacionalización de la política —donde cada elección autonómica acaba convertida en un examen al Gobierno de Pedro Sánchez o en un plebiscito sobre Alberto Núñez Feijóo—, estas formaciones han logrado construir un relato anclado en el territorio. Hablan de financiación autonómica, de servicios públicos, de transporte, de despoblación o de vivienda desde una lógica propia, alejándose de la batalla permanente de Madrid que domina la conversación política y mediática.
Mientras los grandes partidos convierten las campañas en una sucesión de titulares nacionales, el soberanismo ha conseguido presentarse como el actor que mejor conoce las preocupaciones cotidianas de sus comunidades. Paradójicamente, ese modelo plantea una pregunta incómoda para la izquierda madrileña. Si existe un territorio donde la política está completamente absorbida por el debate estatal es precisamente Madrid. La región no sólo alberga las principales instituciones del Estado, sino también buena parte de los grandes medios de comunicación, los centros de poder económico y las sedes de los partidos nacionales.
Todo ocurre en Madrid, pero pocas veces se habla de Madrid —esencialmente del que se encuentra fuera de la M-30—. La sanidad pública madrileña, la movilidad, el precio de la vivienda o la planificación urbanística quedan, con frecuencia, eclipsados por una confrontación que trasciende las fronteras de la comunidad. De ahí, por ejemplo, el San Isidro de este año que ha sido el más multitudinario que se recuerda y donde la identidad madrileña se colocó por primera vez en el debate público. Algo comenzó a moverse.
Es por ello que Más Madrid lleva las últimas semanas adoptando el discurso que ha hecho elevar y conseguir cierto éxito a las formaciones políticas soberanistas de otras comunidades. El ejemplo más reciente fue el desayuno que protagonizaron Manuela Bergerot y Joan Baldoví, asegurando que esta es "la fórmula que funciona". "Nosotros queremos echar al modelo Quirón y es lo que vamos a hacer con Mónica García al frente y contra Ayuso para devolver Madrid a los madrileños y madrileñas después de más de 30 años de política neoliberal y recortes en los servicios públicos", aseguraba la líder hasta ahora del partido en la asamblea. La complejidad y el debate interno surge con Sumar, dado que forma parte del Gobierno de Sánchez y del que Más Madrid es parte imprescindible. "Todavía no es el momento", señalan fuentes del partido a este periódico.
Ayuntamiento: Rita y un Ayuso que corre
En el Ayuntamiento, sin embargo, Más Madrid ha intentado diferenciar su estrategia de la del resto de la izquierda. Mientras PSOE y Podemos han vuelto a recurrir a dirigentes de proyección nacional para sus principales candidaturas, la formación de Rita Maestre ha optado por reforzar su perfil municipal y de barrio. La elección de Daniel Ayuso como número dos de la lista responde precisamente a esa lógica. Vallecano, hijo de chatarreros, funcionario del Ayuntamiento y con una larga trayectoria en el movimiento vecinal, Ayuso se ha convertido en una figura reconocible por sus vídeos en redes sociales recorriendo los barrios populares de la capital y denunciando las desigualdades entre el norte y el sur de la ciudad.
El fichaje encaja con una campaña que gira alrededor del lema "Te están robando Madrid" y con la intención de recuperar un discurso profundamente municipalista. Maestre busca rodearse de perfiles vinculados al tejido asociativo, a los servicios públicos y a los barrios del sur y del este, en un intento por reconstruir la conexión con un electorado desencantado y recuperar el espíritu con el que Manuela Carmena conquistó Cibeles en 2015. La apuesta es clara: si la derecha ha conseguido convertir Madrid en el epicentro de la política nacional, Más Madrid pretende volver a hablar de limpieza, vivienda, transporte o urbanismo desde la experiencia cotidiana de quienes viven la ciudad.
2027, el año infernal electoral
La odisea de la izquierda madrileña consistirá precisamente en encontrar una narrativa alternativa para una ciudad y una comunidad atravesadas por profundas contradicciones: una región que lidera indicadores económicos mientras se agravan los problemas de acceso a la vivienda, la saturación de los servicios públicos y el aumento de las desigualdades territoriales. Una capital que sigue atrayendo inversiones, pero donde cada vez más personas sienten que vivir se ha convertido en un lujo.
Quizá por eso la canción de Sabina continúa resonando décadas después. Porque Madrid sigue siendo una ciudad de amor y odio, de promesas y decepciones, de éxito y expulsión. Un lugar invivible para muchos e insustituible para casi todos. También un territorio donde la izquierda continúa buscando, elección tras elección, la manera de derribar una muralla que lleva más de treinta años resistiendo y que, más que por virtudes del resto, sus defectos y condenas les han dejado fuera del poder regional, ¿encontrarán la fórmula en esta ocasión?