Por favor, habilita JavaScript para ver los comentarios de Disqus.
La visita de León XIV al centro de gente sin hogar edulcora el barrio madrileño de Lucero: "Ojalá viniese cada dos semanas"

La visita de León XIV al centro de gente sin hogar edulcora el barrio madrileño de Lucero: "Ojalá viniese cada dos semanas"

La llegada del pontífice ha hecho que, durante cinco días, las calle de Cullera cambie. Mangueras, pintura, jardinería... "No he visto esto así en la vida y llevo 70 años viviendo aquí", asegura a El HuffPost una de las vecinas.

El papa León XIV.
El papa León XIV.Simone Risoluti

No se habla de otra cosa en el barrio. Desde hace varios días, los vecinos observan con sorpresa e incredulidad la transformación que ha experimentado la zona. Muros y vallas recién pintados, jardineros trabajando sin descanso para podar setos y acondicionar zonas verdes, operarios limpiando las calles con mangueras a presión y equipos de limpieza retirando hasta el más mínimo rastro de suciedad forman parte de una imagen poco habitual para quienes residen en el entorno de la calle de Cullera, en el barrio madrileño de Lucero.

"Yo no he visto esto así en mi vida", resume uno de los vecinos consultados por El HuffPost. Una frase que se repite, con distintas palabras, entre muchos residentes que contemplan cómo el barrio luce un aspecto completamente diferente al de hace apenas una semana. La razón de este despliegue de medios tiene nombre propio: la visita del papa León XIV a Madrid. Dentro de la agenda oficial del pontífice destaca la visita prevista para este sábado a un centro para personas sin hogar gestionado por Cáritas, ubicado precisamente en la calle de Cullera.

La llegada del máximo representante de la Iglesia católica ha movilizado numerosos recursos municipales y ha generado una actividad inusual en el barrio. Las labores de acondicionamiento comenzaron días antes de la visita y han afectado a prácticamente todos los rincones de la zona. Los vecinos reconocen que nunca habían visto semejante nivel de atención por parte de los servicios públicos. "Han venido para dejar todo impecable porque este señor va a estar aquí apenas veinte minutos", comenta con ironía un vecino mientras pasea a su perra. "Ojalá viniese cada dos semanas para que esto estuviera siempre así. Volved dentro de un mes y veréis cómo todo vuelve a ser diferente", añade.

Sin embargo, no todos los cambios han sido recibidos con entusiasmo. Algunos residentes señalan que las medidas de seguridad y logística han alterado su rutina diaria. "Ahora tenemos que aparcar a varias calles de distancia y también caminar más para tirar la basura porque han retirado muchos contenedores", explica otro vecino. 

La situación es visible en varias de las avenidas próximas al centro de acogida, donde los contenedores han desaparecido temporalmente. "Nos han dicho que es por cuestiones de movilidad y seguridad, para facilitar el paso de vehículos oficiales y de los equipos que acompañan al papa", señala otro residente. Aunque entienden la necesidad de organizar el dispositivo, algunos consideran que estas restricciones están generando ciertas molestias innecesarias para quienes viven en el barrio.

Otro de los aspectos que más llama la atención es la desaparición temporal de algunos problemas que los vecinos consideran habituales. Entre ellos, la presencia de ratas en determinadas calles y solares de la zona. "Aquí había ratas enormes. Todo el mundo lo sabe. Y, curiosamente, han desaparecido durante estos días", comenta entre bromas un vecino. "Parece que también se han enterado de que viene el papa", añade con una sonrisa.

Las actuaciones previas a la visita también han tenido consecuencias para algunas personas vulnerables que frecuentan el entorno. Según explican varios residentes, una persona sin hogar que llevaba aproximadamente año y medio durmiendo en las inmediaciones del centro de Cáritas ha sido desplazada temporalmente.

Centro de Emergencia y Atencion Integral 24 horas (CEDIA).
  Centro de Emergencia y Atencion Integral 24 horas (CEDIA).Europa Press via Getty Images

"Frente al centro suele dormir un hombre que nunca ha dado problemas. Siempre está con sus pertenencias en un carro y forma parte del paisaje habitual del barrio. Sin embargo, estos días le han pedido que se marche porque querían despejar la zona y eliminar cualquier imagen que pudiera resultar incómoda", relata uno de los vecinos. La situación ha generado comentarios encontrados entre quienes consideran lógico reforzar la seguridad y quienes creen que no debería ocultarse una realidad social precisamente cuando la visita tiene como destino un centro dedicado a atender a personas en situación de vulnerabilidad.

La calle de Cullera ha sido durante años uno de los lugares más estigmatizados de Madrid. Su nombre ha aparecido con frecuencia asociado a problemas de delincuencia, tráfico de drogas y exclusión social. Sin embargo, muchos vecinos consideran que esa imagen ya no refleja la realidad actual del barrio.

"Todo el mundo sabe que aquí hubo narcopisos y problemas relacionados con la droga, pero la situación ha cambiado mucho en los últimos años", explica Paco, residente de la zona desde hace décadas. Acostumbrado a responder preguntas de periodistas, asegura que existe una percepción exageradamente negativa sobre el barrio: "Nos han dado muchos palos desde los medios. No voy a decir que sea un lugar perfecto, pero tampoco estamos tan mal. Aquí vive mucha gente trabajadora y honrada que está cansada de que se la juzgue constantemente".

Otros vecinos coinciden en que las medidas policiales adoptadas en los últimos años han contribuido a mejorar notablemente la convivencia. "Después de las últimas operaciones policiales, de las órdenes de alejamiento y de la instalación de cámaras en puntos estratégicos, la situación mejoró bastante. Ahora vivimos mucho más tranquilos", señala otro residente. "Lo que nunca habíamos visto es un nivel de limpieza como el de estos días".

La percepción de estar injustamente señalados es uno de los temas que más se repite en las conversaciones mantenidas con los vecinos. Muchos destacan la diversidad cultural del barrio como uno de sus principales valores y rechazan los estereotipos negativos que a menudo se asocian a la zona.

"Aquí convivimos y nos llevamos bien personas de todo tipo. Hay gitanos, payos, magrebíes, latinoamericanos... La inmensa mayoría son personas trabajadoras y respetuosas. No entiendo por qué se criminaliza a todo un barrio por los problemas causados por unos pocos", afirma una mujer que lleva 70 años viviendo en la zona, desde los cuatro cuando se trasladaron ella y sus padres.

Entre los residentes existe también cierta preocupación sobre lo que ocurrirá una vez concluya la visita papal. Muchos temen que el interés institucional desaparezca tan rápido como llegó y que, de nuevo, vuelvan a ser invisibles para el Ayuntamiento que "habitualmente rechaza nuestras llamadas". "Lo único que espero es que no vuelvan a olvidarse de nosotros", explica una vecina. "Antes de que se anunciara la visita del papa, los servicios de limpieza pasaban con suerte una vez cada diez días o incluso cada dos semanas. Ahora llevan aquí toda la semana y no encuentras ni una colilla en el suelo".

Las huellas del pasado, sin embargo, siguen siendo visibles en algunos puntos del barrio. Un vecino explica una especie de código no escrito que muchos residentes conocen: "Cuando ves un bloque protegido con vallas o cerramientos suele significar que allí no hay problemas relacionados con la droga. En cambio, cuando un portal no está protegido, ya sabes que puede haber situaciones complicadas dentro. Es una realidad que todavía existe, aunque mucho menos que antes".

Mientras tanto, dentro del centro de acogida de Cáritas, las personas atendidas valoran positivamente tanto el trabajo diario de la organización como la visita del pontífice. Para muchos, supone una oportunidad de visibilizar situaciones que a menudo permanecen ocultas. "Es muy positivo que venga el papa", comenta uno de los usuarios del centro. "Su visita representa una bendición para muchas personas que atraviesan momentos difíciles. También me gustaría pedir a la sociedad española que no criminalice a las personas migrantes. La mayoría hemos venido aquí para trabajar, construir un futuro mejor y aportar nuestro esfuerzo".

La expectativa generada por la llegada de León XIV ha convertido durante unos días a la calle de Cullera en el centro de atención mediática. Sin embargo, más allá de la visita oficial, los vecinos esperan que esta circunstancia sirva para poner el foco en las necesidades reales del barrio y no únicamente en su imagen exterior, en intentar edulcorar una realidad que no es tal. La limpieza extraordinaria, las mejoras urbanas y la presencia institucional han demostrado que es posible actuar con rapidez cuando existe voluntad. Ahora la gran pregunta que se hacen los residentes es si ese compromiso se mantendrá una vez que las cámaras se apaguen y el papa abandone la zona. Para muchos, el verdadero éxito de esta visita no será el estado impecable de las calles durante unas horas, sino que las administraciones continúen trabajando para mejorar de forma permanente la calidad de vida de quienes viven allí cada día.

!
Los comentarios de esta noticia están cerrados
Rellena tu nombre y apellidos para poder comentar
completa tus datos
!
Comenta con respeto, tu opinión se publicará con nombres y apellidos