Como en casa, en ningún sitio: la izquierda regionalista suple a la estatal, incrustada en la caída libre y el dilema de la unidad
Las elecciones de Aragón confirman una deriva que lleva tiempo asentándose: la izquierda sólo podrá prosperar con un proyecto cercano, con trabajo del día a día y lejos de las direcciones de Madrid.

"Se está mejor en casa que en ningún sitio", repetía Dorothy Gale después de golpear tres veces sus zapatos rojo rubí al final de Mago de Oz, la mítica obra por la que, a pesar de descubrir un mundo mágico y fascinante como el de Oz, la protagonista tan sólo anhela volver a casa. A ese lugar seguro que representa en la obra la casa de sus tíos, concluyendo el clásico con un potente significado: la aventura está bien, pero nada iguala la calidez del hogar.
Las elecciones de este domingo en Aragón marcan una tendencia clara donde los electores han decidido apostar por las opciones regionalistas de izquierdas, lejos de las opciones estatales como Podemos o Sumar.
Oz: de un mundo fantástico a pesadilla
La izquierda lleva tiempo en esa aventura dentro de un mundo increíble. Después del 15M donde la indignación e ilusión auparon a Podemos a alcanzar el dominio de ayuntamientos, formar parte de los ejecutivos autonómicos y, finalmente, la entrada por primera vez en la historia reciente de la democracia de formar un gobierno de coalición con el Partido Socialista. Desde entonces, volver a la edad dorada ha sido un empeño donde un ingrediente ha protagonizado todos los debates: la unidad de la izquierda.
El primer intento fue Sumar. Una especie de aglutinación improvisada de las izquierdas ante la urgencia de unas elecciones anticipadas en 2023 donde el auge de la extrema derecha ya no era teórico, sino una realidad palpable que, junto al Partido Popular, era más que factible llegar a Moncloa en aquellos comicios veraniegos. La fortuna les sonrió y Vox no llegó a pisar moqueta. Sin embargo, el sueño de "la unidad" duró poco después de que Podemos anunciara que salía de la formación encarnada en torno a Yolanda Díaz por "un desprecio constante", según la propia formación morada.
Desde entonces, Sumar se ha ido desintegrando poco a poco como papel mojado y la encrucijada de las izquierdas se ha ido repitiendo con una constante: la caída libre en las diferentes elecciones. Podemos tampoco ha mejorado en ningún caso sus resultados, más allá del caso Extremeño, y su salida de diferentes parlamentos parece haberse consolidado con el paso de los meses. Entre tanto, la izquierda regionalista ha logrado captar esa desintegración de los estatales y conformar, en cada región, una alternativa que aunque mejore los resultados, tampoco es capaz de batir en duelo a la derecha del Partido Popular y la extrema derecha de Vox.
Las fuerzas soberanistas, nacionalistas, independentistas, regionalistas o el adjetivo que más gusten ya estaban en auge antes del invento de Sumar. En las elecciones autonómicas previas a los comicios generales de 2023, las únicas "buenas noticias" que llegaron por la izquierda fueron por partidos que no toman las decisiones desde las sedes de Madrid. Compromís es uno de los ejemplos más claros de aquel periodo electoral donde, a pesar de no revalidar el gobierno de coalición, se volvió a consolidar como tercera fuerza política con 15 escaños.
Sumar no suma y Yolanda no yolandea

Una vez atado Sumar para las elecciones veraniegas de 2023 encarnado en la figura de Yolanda Díaz, lo cierto es que la salvación de un gobierno de PP con Vox maquilló el mal resultado de la coalición de partidos. Sumar, con todos los partidos a la izquierda del Partido Socialista, logó un resultado de 31 escaños. Un dato bajo teniendo en cuenta la suma de formaciones y que el peor resultado de Unidas Podemos, que ocupaba el mismo espacio electoral, fue de 35 diputados.
La figura de Yolanda Díaz, que llegó a ser la candidata mejor valorada del arco parlamentario y una estimada ministra de Trabajo dentro del espacio y fuera del mismo, empezó a perder la capacidad de aglutinar a toda la izquierda. Sobre todo cuando Podemos salió de la coalición en dirección al Grupo Mixto a pocas semanas después del inicio de la legislatura y parte de Compromís hizo lo mismo poco después.
El partido que surgió de aquella coalición, llamado Movimiento Sumar, tampoco ha mejorado los resultados de la izquierda en las elecciones autonómicas. De hecho, cuando mejor resultado ha logrado el espacio ha sido en Extremadura, donde el partido no entraba en la fórmula electoral y la candidata de Unidas por Extremadura, Irene de Miguel, llevaba años trabajando el terreno.
Rufián: ¿lo de siempre o una oportunidad?

Ante esta situación y un auge de la extrema derecha del que se desconoce el techo, el portavoz de Esquerra Republicana en el Congreso, Gabriel Rufián, lleva meses dejando en el poso una idea sencilla: "O nos unimos o nos matarán por separado". Es una de las frases más repetidas por el líder republicano ante una izquierda alternativa a la izquierda del PSOE de ámbito estatal que ha dejado de conseguir los resultados que un día obtuvo, lo que dificulta la posibilidad de que la izquierda vuelva a gobernar tras unas hipotéticas elecciones generales futuras.
Este fin de semana Rufián ha anunciado una lista de contactos a lo largo del país para empezar a pincelar esa posible coalición de partidos regionalistas, nacionalistas, independentistas y de izquierdas de toda España. La primera parada será el miércoles de la semana que viene en Madrid, con Emilio Delgado, una de las voces más disonantes de Más Madrid. Tras ello, previsiblemente la siguiente parada será con Oskar Matute, diputado de EH Bildu en el Congreso del que incluso ya se ha mencionado públicamente.
La iniciativa de Rufián, aunque esperanzadora para muchos sectores tanto dentro como fuera de Cataluña, deberá enfrentarse al peor de los enemigos de la izquierda en los últimos años: la propias izquierdas. Mientras tanto y al igual que Aragón, Sumar y Podemos no concurrirán de forma conjunta a los próximos comicios autonómicos de Castilla y León, lo que volver a resonar los malos augurios electorales. Añadiendo Aragón Existe, las izquierdas habrían obtenido los mismos votos que Vox en las elecciones de este domingo y el dilema de la unidad emerge con más fuerza donde muchos señalan a Rufián como hicieron con Yolanda Díaz en su día.
Por el momento, la dirección de ERC se ha desmarcado de la posición de su portavoz parlamentario con esta frase de su líder, Oriol Junqueras: "Nos presentamos por Catalunya y con nuestras siglas".
La incapacidad para frenar a Vox
Mientras la izquierda reflexiona sobre su habitual dilema de la unidad, lo cierto es que cualquiera de las fórmulas parece incapaz de frenar el avance de la extrema derecha que tanto en Extremadura como en Aragón ha duplicado sus resultados y se ha convertido en la espada de Damocles del Partido Popular que dependerá de ellos para poder gobernar ambos territorios y los que vienen. Unas hipotéticas elecciones generales, que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha asegurado en innumerables ocasiones que serán en 2027, parece ser la fecha límite para conocer si la extrema derecha es la llave en las autonomías o sí también lo es para la entrada en Moncloa.
La lección al ritmo de NUEVAYoL

El símbolo de esperanza de la izquierda emergió de forma inesperada en Nueva York cuando Zohran Mamdani salió elegido como alcalde. Se trata del primer alcalde musulmán de la ciudad cosmopolita americana donde la extrema derecha tiene al principal líder del movimiento, Donald Trump. Su campaña, al igual que su forma de llegar a la ciudadanía, se centró en los problemas básicos que pueden afectar a una persona estadounidense como a alguien del barrio madrileño de Carabanchel: la vivienda y los derechos sociales.
Más allá de un claro dominio de las redes sociales y un carisma que no se veía desde tiempos de Bernie Sanders, el socialista sabía que la clave para ganar era la cercanía con la ciudadanía. Hasta 100.000 voluntarios recorrieron durante la campaña las calles de Nueva York trasmitiendo un mensaje sencillo y claro, poniendo las necesidades de los habitantes de la gran manzana en el centro. En otras palabras y señalando aquello que la izquierda a la izquierda del PSOE ha perdido en los últimos años: un trabajo de poco a poco, de recorrer las calles y de formar un proyecto político a largo plazo.
"El trabajo arduo de mejorar la vida de los neoyorquinos comienza ahora. Estará enfocado en brindar soluciones a los neoyorquinos que han sido excluidos económicamente de esta ciudad", explicaba Mamdani cuando juró el cargo de la alcaldía. Ese rayo de esperanza puso de encima de la mesa las tareas de la izquierda: Mamdani no ganó por ser de izquierdas, sino por ser ciudadano neoyorkino y entender los problemas cotidianos. No ganó por pureza, sino por el análisis de una realidad que asfixia con precariedad y escasas oportunidades de acceso a derechos básicos.
