De un taller en Palafrugell a camiones diarios cargados de gomas para toda España: cómo Milan conquistó los estuches en solo doce años
La historia de una de las marcas más reconocibles de la papelería española.
Hay marcas que se cuelan en nuestra infancia sin darnos cuenta y que, años después, seguimos reconociendo al instante. Como los cuadernos Rubio o los lápices Alpino, forman parte de esos recuerdos escolares que pasan de padres a hijos y que consiguen mantenerse presentes incluso cuando cambian las modas, los estuches y las generaciones. Milan es uno de esos casos y su historia nace hace más de un siglo en un pequeño taller catalán.
Lo que empezó como una pequeña fábrica de gomas de borrar en Palafrugell, en el Baix Empordà, acabaría convirtiéndose en una de las marcas más reconocibles de la papelería española. En apenas doce años, Milan pasó de aquel primer taller abierto en 1918 por Santiago Marcó a enviar camiones cargados de gomas por toda España. Una enorme expansión que sería solo el comienzo de una historia empresarial que aún vive hoy en día.
Todo comenzó cuando Santiago Marcó Pomar, que trabajaba como comerciante de accesorios para la industria del corcho, coincidió con el químico inglés Ralph Summers. Un encuentro que le otorgó conocimientos sobre la fabricación de gomas, tintas y adhesivos que decidió convertir en una oportunidad empresarial. Según recoge Diari Ara, en 1918 abrió una pequeña fábrica de gomas en la calle del Sol, donde empezó produciendo las conocidas gomas de “miga de pan”.
Un vistazo a su trayectoria
Hacia 1920, Santiago se asoció con un mayorista barcelonés de artículos de papelería cuyo apellido era Milan. La fábrica de Palafrugell se ocuparía de producir las gomas y el distribuidor las comercializaría con el nombre de MILAN por toda España. La marca se extendió tan rápidamente a nivel nacional que entre 1925 y 1930 cada día salían camiones cargados de gomas dirigidos a todos los rincones.
En 1940, Josep Marcó Dachs, hijo del fundador, modernizó la fábrica y desarrolló maquinaria propia para aumentar la capacidad productiva. Durante los años cincuenta comenzaron las exportaciones a Chile, Venezuela y Colombia y, en 1956, las gomas llegaron también a Bélgica, Congo y Turquía. En la década siguiente, la tercera generación de la familia introdujo nuevos avances industriales y lanzó la mítica Milan Nata 624, reconocible por su envoltorio rosa.
Durante décadas, la goma fue el gran emblema de la compañía, pero Milan no dudó en ampliar su universo. En 2003 llegó el primer estuche y, después, fueron sumándose calculadoras, tijeras, sacapuntas, bolígrafos y lápices de colores. La diversificación permitió que el logotipo dejara de estar asociado únicamente a un objeto para convertirse en una marca completa de material escolar.
Ese cambio es la razón de que hoy sea habitual encontrar el nombre de Milan en estuches, mochilas y productos para organizar el día a día, además de sus clásicas gomas. La propia compañía señala que hoy ofrecen un catálogo con más de 3.000 referencias de papelería y presencia en más de 120 países, mientras mantiene algunos de sus diseños históricos junto a nuevas colecciones.