Una española le explica a su marido americano por qué la merienda de su abuela era pan duro con vino y azúcar: "En EEUU eso es comida de ricos, aquí era lo que había cuando no había nada"
El estadounidense no entiende cómo esta merienda se considera común y corriente en nuestro país.
"A buen hambre, no hay pan duro". Este popular refrán cobró su máximo y más literal sentido durante la época de la posguerra española, cuando las familias atravesaban una miseria económica extrema y la imaginación era, muchas veces, el único ingrediente disponible en las despensas para poder alimentar a los más pequeños.
En aquellos años de escasez, tirar comida era un pecado imperdonable. El pan sobrante se quedaba duro como una piedra con el paso de los días, pero nuestras abuelas encontraron la fórmula mágica para ablandarlo, resucitarlo y engañar al estómago: empaparlo con un buen chorreón de vino tinto y espolvorearlo con un poco de azúcar. Así nacía una merienda de supervivencia, tremendamente barata y calórica.
María, una española afincada en Madrid y casada con un estadounidense llamado Bryan, ha querido rescatar esta humilde receta familiar. La pareja, que comparte su día a día y sus choques culturales en su canal de YouTube (donde acumulan más de 21.000 seguidores), ha protagonizado un divertido desencuentro culinario.
La reacción de Bryan: un cortocircuito gastronómico
En uno de sus vídeos más recientes, María le prepara a su marido este tradicional tentempié. La reacción de Bryan al catarlo es un poema: “Pones dos cosas que no van con el pan y las pones sobre el pan”, señala Bryan, señala el estadounidense, sin poder ocultar una mueca de evidente disgusto tras dar el primer bocado.
Sin embargo, más allá del sabor, lo que realmente descoloca a Bryan es el origen humilde de la receta. Al analizar los ingredientes que la componen, el norteamericano discrepa rotundamente con la versión histórica de su mujer. “Si tienes vino en casa, los tiempos no son tan duros. ¿Vino y chocolate en casa?” cuestiona. “En Estados Unidos, eso es comida para los ricos”, complementa.
Ante el asombro de su marido, María le da una rápida lección de historia de España para sacarle de su error: “Para nosotros, el vino no era algo caro; aquí, era lo que teníamos cuando no había nada más”, responde María.
Finalmente, la española aprovecha la anécdota para explicarle a su marido, de una forma muy cómica, por qué los la relación de los con la bebida es tan distinta a la que impera en otros países anglosajones.
“Con nuestras meriendas, ¿entiendes por qué no nos emborrachamos como locos en la calle? Porque con una merienda así, ¿quién tiene un antojo loco de alcohol a los 18 años?”, concluye María entre risas.