POLÍTICA

Por qué a nadie le importan las elecciones europeas... y por qué sí deberían importarles

24/05/2014 14:57 CEST | Actualizado 24/05/2014 14:57 CEST
GEORGES GOBET via Getty Images
View taken on May 21,2014 of flags of European countries above the entrance of the European Council on May 21,2014 in Brussels. Britain and the Netherlands kick off on May 22, 2014 four-day European elections likely to see major gains for anti-EU parties bent on destroying the European Union from the inside. AFP PHOTO GEORGES GOBET (Photo credit should read GEORGES GOBET/AFP/Getty Images)

El pasado jueves 22 de mayo empezaron las votaciones al Parlamento Europeo. Con 751 escaños conformados por candidatos de 28 países y con el mayor electorado del mundo aparte del de India, estas elecciones tienen una apariencia imponente. Y, sin embargo, nada más lejos de la realidad: ni intensos debates de campaña ni largas colas en los colegios electorales; la Unión Europea está de capa caída.

Aunque el Parlamento Europeo tiene poder para aprobar leyes que se aplican en todos los Estados miembros de la Unión Europea, se espera que la participación de voto sea incluso inferior a la de las elecciones de 2009, cuando solo el 43% de los europeos ejerció su derecho. Por el momento, los sondeos sitúan en buen lugar a partidos euroescépticos como Ukip en el Reino Unido y el Frente Nacional en Francia.

Entre los problemas económicos de la Eurozona, el apremiante conflicto de la inmigración y del asilo, los retos que plantea el cambio climático y el vuelco que están dando los grandes poderes mundiales, estas elecciones llegan en un momento crucial. Para tratar de explicar todo lo que está en juego, hemos pedido a los directores editoriales de The Huffington Post de las cinco ediciones europeas que describan cómo ve la gente en su país estas elecciones.

ESPAÑA

Montserrat Domínguez - Directora editorial, HuffPost España

España empieza a salir lentamente de la tormenta económica generada por la crisis, pero los españoles aún viven bajo la estricta dieta de austeridad impuesta por la UE. No es extraño, pues, la caída del entusiasmo con el que este país abrazó el ideal de una Europa Unida: según una encuesta del Pew Research, si en 2007 un 80% de los españoles tenían una visión positiva de la UE, en 2013 era sólo del 46%. De hecho, los funcionarios de la UE en España cruzan los dedos para que la participación en los próximos comicios del 25 de mayo no baje de un humillante 40%.

El fervor europeísta se ha enfriado, sí, pero España sigue siendo distinta a otros socios: aquí no se presentan partidos abiertamente populistas, euroescépticos o incluso eurófobos. Las encuestas sólo auguran un crecimiento en voto a las formaciones medianas y pequeñas en detrimento de los dos grandes partidos, el conservador PP -en el gobierno- y los socialistas del PSOE. Pero salvo sorpresas, juntos seguirán sumando casi un 65% del electorado, de manera que el estatus quo apenas cambiará. Los españoles pueden estar enfadados con su clase política, pero no dan señales de querer aventuras de incierto destino cuando de asuntos europeos se trata: ocho de cada diez ciudadanos aseguran ser conscientes de la gran influencia que Bruselas tiene en la política nacional.

ALEMANIA

Cherno Jobatey - Director editorial, HuffPost Alemania

Es evidente que Europa se está cansando de Europa. Un reciente sondeo realizado por Pew Research reveló que solo al 45% de los europeos le gusta la Unión Europea. En Alemania, el nivel de descontento no es tan elevado, pero el número de alemanes a los que les gusta la UE ha caído un 8% desde 2012.

En muchos países europeos, los políticos siempre han considerado a la UE como el chivo expiatorio de sus propios males. Para los cómicos y los medios de comunicación, basta con echar un vistazo a algunas de las regulaciones europeas para arrancar unas risas. Por ejemplo, la normativa europea “RL 2002/44/EG” limita el nivel de vibración de los taladros eléctricos y otros aparatos similares. No se necesita demasiado sentido del humor para pillarle la gracia.

Además, los alemanes han perdido parte de su afección por Europa debido a que Alemania se siente como la isla de la abundancia, menos dependiente de Europa y en cierto modo afortunada, con una economía en crecimiento y unos niveles de desempleo bajos. Los alemanes saben que en los últimos años Europa lo ha pasado mal y que sus economías han sufrido. No obstante, nuestro sistema industrial funcionaba, nuestro sistema político funcionaba, vivimos bien y tenemos a Angela Merkel. Entonces, ¿por qué deberíamos preocuparnos por todos esos países derrochadores e indisciplinados que luchan por mantenerse a flote? Quizás parece un poco exagerado, pero, por desgracia, demasiados alemanes piensan así.

Lo que es más triste es que también demasiados alemanes parecen olvidarse de que todas nuestras leyes y regulaciones planteadas por políticos alemanes deben ajustarse a las leyes y regulaciones europeas. Y estas se hacen en Bruselas.

Dicho de otra manera: Bailamos al son de la música que crea Bruselas… ¿y vamos a dejar que sean otros los que decidan quién va a ser el DJ?

De hecho, puede que estas elecciones al Parlamento Europeo sean las más importantes hasta el momento. Se necesita una alta participación para que Europa siga por el buen camino. En muchos de los 28 países europeos, los partidos populistas de derechas (pequeños y no tan pequeños) están ganando apoyo. Los profundos y persistentes efectos de la crisis de la Eurozona todavía se sienten en todo el continente, y dichos partidos han visto en ello una oportunidad histórica para sacar el máximo rendimiento de los miedos de la gente ante la actual situación. En estos tiempos, necesitamos una Europa más fuerte y unificada, ahora más que nunca.

REINO UNIDO

Carla Buzasi - Directora editorial, HuffPost Reino Unido

En estos momentos, hay un partido político omnipresente en la prensa británica, y este partido no tiene ni un solo miembro en la Cámara de los Comunes. De hecho, nunca ha obtenido ningún diputado para el Parlamento.

El Primer Ministro lo describió como un grupo de “majaretas, chiflados y racistas encubiertos” hace algunos años, pero parece que Ukip ha conseguido lo que muchos otros nunca lograron: llevar al electorado británico a las urnas en las elecciones europeas.

Y digo “parece” porque, al menos, han hecho que todo el mundo se entere de que las elecciones tienen lugar el 22 de mayo, pero no se puede asegurar que al final la gente acuda a votar. En realidad, la historia reciente apunta lo contrario: solo el 34% del electorado se molestó en votar en las elecciones de 2009.

La obsesión de la prensa con Ukip tiene que ver con Ukip, no con las elecciones europeas en sí mismas ni con el Parlamento Europeo. Resulta ilustrativo, por ejemplo, el hecho de que en Reino Unido apenas se siguiera el debate de los candidatos europeos televisado en directo la semana pasada.

Aunque Ukip ocupa en la actualidad nueve de los 73 escaños que tiene el Reino Unido en el Parlamento Europeo, ellos son, sin duda, los que más se hacen oír entre nuestros eurodiputados, a pesar de que condenan la misma institución para la que trabajan.

FRANCIA

Anne Sinclair - Directora editorial, Le Huffington Post

Geoffroy Clavel - Editor político, Le Huffington Post

En Francia se observa a menudo una cruel paradoja en lo que a Europa se refiere. Cuanto más poder tiene el Parlamento Europeo, menos apoyos encuentra entre la población. No cabe la menor duda de que las próximas elecciones europeas confirmarán esta idea: un estudio reciente ya ha predicho que el 62% de la población francesa no votará.

Esta crisis de voto no solo afecta a Francia ni a estas elecciones en concreto. También se enfrentan a ella otras votaciones y otros países. Pero la podremos observar muy especialmente ahora que, por fin, se puede culpar a Europa por todos los males que ocurren en Occidente.

Hemos de reconocer que, en los últimos cinco años, la Unión Europea no ha hecho demasiado por ayudar a sus más fervientes defensores a contradecir estos reproches. Sí, es verdad que se las apañó para salvar el euro, pero a costa de las medidas de austeridad que tanto rechaza la población. Por otra parte, la UE ha fracasado claramente en la crisis del empleo.

Pensando en la ampliación antes que en la integración, se ha distanciado de las personas que esperaban más de Europa. Esperaban que la Unión compensara los déficits de sus países, no que reemplazara o reprodujera los errores ya cometidos por sus naciones, esta vez a nivel europeo.

Es cierto que la falta de amor de los franceses por la Unión Europea también es una cuestión nacional. El 63% de los franceses no confía en Europa, según informó el último Eurobarómetro de la Comisión Europea. El 88% de ellos no confía en sus propios políticos.

La patria de Maurice Schumann no ha dejado de jugar con la carta del euroescepticismo en los últimos 15 años. Hay políticos cansados incapaces de reflexionar mejor sobre Europa, medios de comunicación desilusionados y carentes de motivación para explicar las verdaderas cuestiones que afectan al continente, y un complejo sistema de votación de ocho regiones que impide cualquier debate nacional o europeo… Parece que todo esto contribuye a la victoria de los partidos antieuropeístas.

La Unión Europea necesita un cambio en su propio sistema si quiere evitar este estancamiento democrático y demostrar su utilidad. ¿Es capaz de hacerlo? “La gente solo acepta el cambio en épocas de necesidad, y solo ve la necesidad en épocas de crisis”, escribió Jean Monnet. El deseo de los eurodiputados de elegir a un candidato como presidente de la Comisión Europea es un signo tímido, aunque real, de un posible estallido democrático.

ITALIA

Giulia Belardelli - Reportera, HuffPost Italia

Las elecciones europeas no levantan pasiones entre los italianos. Según una encuesta realizada por el Instituto de Opinión Pública italiano, casi un tercio de los italianos (el 28%) desconoce el hecho de que próximamente vayan a celebrarse estas elecciones y no está interesado en saber más sobre ellas. Algunos sondeos apuntan que la tasa de abstención será la amplia vencedora en las votaciones, ya que el 40% del electorado o no lo tiene claro o ha decidido que no votará.

En Italia, los partidos euroescépticos están ganando respaldo: el populista “Movimiento Cinco Estrellas” y los derechistas “La Liga Norte” y los “Hermanos de Italia” agrupan al 35% del electorado. Muchos perciben a la UE como una entidad abstracta cuya única función es la imponer decretos de austeridad. Las últimas noticias sobre el gasto excesivo del Parlamento Europeo (como, por ejemplo, los 11.883.000 euros gastados en el alquiler de limusinas solo en 2012) han aumentado la frustración de los votantes, que ya han podido experimentar ampliamente la mala gestión financiera y la corrupción en su propio país.

A pesar de todo, estas elecciones son cruciales para Italia. La presidencia de la UE recaerá sobre Italia durante el próximo semestre, y podría ser la ocasión perfecta para promover en Bruselas unas políticas más benevolentes con los países mediterráneos. Italia necesita más apoyo de la UE para gestionar el continuo problema de los inmigrantes que mueren en el mar al intentar alcanzar el “sueño” europeo. En lo que respecta a la economía, Italia estaría interesada en acabar con las políticas de austeridad impulsadas por Alemania en favor de una nueva trayectoria centrada en el crecimiento.

También está la cuestión de los Fondos Europeos de Desarrollo, una causa por la que el Primer Ministro Matteo Renzi ha prometido luchar: “La cantidad de dinero que Italia recibió de la UE es simplemente vergonzosa. Es menos de lo que nosotros contribuimos con Europa, es nuestro dinero”, dijo. “La UE es una oportunidad extraordinaria para todos y cada uno de nosotros”.

Traducción de Marina Velasco Serrano

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