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Mariano lo hizo de nuevo... y el lobo salió de la chistera

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Foto: EFE

Vamos a hablar en serio de dos herencias, pero en un plan monográfico: la herencia del presidente Zapatero y la herencia del presidente Rajoy. El primero dejó en 2011 una hucha de las pensiones, prevista para emergencias, que rebosaba liquidez: 66.815 millones de euros. Por supuesto, una de las primeras promesas que hizo el candidato Rajoy, luego presidente, por esas cosas de la vida, y entre ellas la experiencia de un verdadero ejemplar de tiranosaurio rex, fue prometer que nunca peligrarían estos subsidios.

En 2012 retiró siete mil millones de euros; 11.648 en 2013, que ascendieron a 15.300 en 2014, que fueron 11.500 en 2015 y que, para pagar la paga extra de julio este 2016 batió el récord de retirada de una sola vez: 8.700 millones de euros. El fondo de reserva, durante el mandato del líder del PP, ha bajado desde el pico histórico dejado por Zapatero, 66.815 millones, a unos temerarios 25.176. Si hacen la curva mientras leen estas líneas, de seguro que pensarán lo mismo que yo: es una línea que cae en picado, y que, utilizando la lógica, significa que si no se hacen las cosas de una forma radicalmente distinta, el próximo diciembre habrá una nueva retirada para la extra de navidad, y en julio de 2017 otra de verano, y en navidades de 2017...la última, porque 9x3=27, que arramblarían con los 25.176 millones disponibles hoy.

¿Qué significa eso? Pues, hablando con probabilidades superiores a las encuestas pasionales, que el año que viene el Gobierno planteará como inevitable, en la línea del "hay lo que hay y hay que hacer lo que hay que hacer", profunda filosofía boba rajoyista, la drástica reducción de la cuantía de las pensiones para poder hacer frente a su mantenimiento. Como hasta ahora, el argumento será que eso se hace para no meterles mano. Ese es el consuelo que algunos dan a los que solo comen al día un mendrugo de pan: "por lo menos comen".

Hay un dato que no debe seguir vestido de camuflaje: el PP se pavonea de que durante su Gobierno ha aumentado el empleo, a la vez que sostiene que la única manera natural de pagar el salario de ancianidad es aumentando el número de cotizantes; pero el resultado es el contrario: mientras más sube el empleo de la contrarreforma popular más aumenta el déficit de las pensiones y más se vacía la reserva. ¿Cuál es la explicación? Sencillamente que el empleo que se ha creado es basura, y que nos ha retrotraído a la posguerra española, cuando una familia trabajando unida todo el día no conseguía salir de pobres... Estos empleos populares no solo no cubren las necesidades de la Seguridad Social, sino que consumen incentivos a los empresarios y complementos sociales para los trabajadores.

¿Quién va a respaldar una investidura que le haría corresponsable de un más que previsible tijeretazo a las pensiones en un par de años?

Frente a eso, la ministra Báñez agradece los servicios de la Virgen del Rocío, y el beatísimo ministro Fernández llama en su auxilio a las Vírgenes, y condecora a dos, a las que pone en un serio aprieto. Porque a esas mismas vírgenes que el ministro hace de derechas, muchos cristianos de izquierdas le están pidiendo que, por favor, interceda ante su hijo Jesús para que este Gobierno practique las obras de misericordia: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, cuidar al enfermo, dar techo al que no lo tiene que, en esencia, es el cimiento lejano de la teoría del 'estado de bienestar' europeo.

Muchos recordamos el debate electoral del 7 de noviembre de 2011 entre el entonces candidato, Pérez Rubalcaba y el aspirante Rajoy: en él, remírenlo, el químico Rubalcaba predijo la actividad de la cuadrilla de demolición neoliberal: le dijo a Rajoy que tocaría la Sanidad, y Rajoy dijo que no, y la tocó; y que tocaría la enseñanza, y Rajoy dijo que no, y la tocó; y que tocaría las pensiones, y Rajoy dijo que no...

Todo eso pasó silenciosamente por la reciente campaña del 26-J. La dirección del PSOE, igual que los pastores tocando el pandero en Belén... pide el cambio, que está muy bien, pero sin advertir de la gravedad de la situación para mayores y desamparados. Rajoy dejaba estupefacta a Bruselas y a la UE, que le habían amenazado con sanciones por engañarlos sobre la previsión del techo de déficit: prometió que si volvía a ganar bajaría el IRPF. Y dos huevos duros.

Misterio doloroso: ¿quién va a respaldar una investidura que le haría corresponsable de un más que previsible tijeretazo a las pensiones en un par de años? Los abuelos ya no podrán proteger a sus hijos y nietos sin trabajo. Eso no lo han calculado.

Y aunque el hierático sonriente y abrazador Sánchez no se dé cuenta, la única puerta entreabierta para llegar a la Moncloa es pasar a la oposición y proponer remedios a los verdaderos problemas de los españoles. El cambio solo por cambiar es una estupidez. Lenin dijo una frivolidad que fortaleció el espíritu de la socialdemocracia en el PSOE: "¿Libertad para qué?", le repreguntó cínicamente al socialista Fernando de los Ríos. Pues eso: ¿cambio para qué? Y hay que responder con seriedad, sinceridad y credibilidad. Parafraseando a Don Mendo: cuatro sillones son pocos.