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Pablo iglesias, "No jodas, camarada"

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Foto: EFE

Recoge El País del pasado viernes 17 de junio, en El acento de Rosario G. Gómez, que el presidente de la Real Academia Española, Darío Villanueva, y el de la Academia de Publicidad, Fernando Herrero, fueron tajantes en la explicación del papanatismo español de mezclar el inglés con el español como signo de sofisticación: "Somos unos paletos". ¿Y si el lenguaje político se convierte en venezolano variedad dialectal chavista mesiánica en un elemento de distinción' político-social. ¿Paletos o descubridores de espejismos y gominolas ocultas?

Hablé el otro día con un fan, fan, fan, pero muy fan de Podemos. Hombre con cierta fama local isleña, un endemismo, vamos, de intelectual progresista, le pregunté que cómo era posible que no viera los múltiples disfraces de Pablo Manuel Iglesias y el pertinaz empleo por su parte de la ley del fonil. Ya se sabe, lo ancho para mí, lo estrecho para los demás. Me contestó con un convencido "no, eso no es así." Lo que pasa es que analiza, como buen marxista, la situación concreta en el momento concreto. Le respondí que la utilización premeditada y tramposa de este principio marxista pasa a ser marxista de Carlos a marxista de Groucho cuando la ciencia se convierte en una tapadera de la ambición, es decir, cuando el análisis científico es sustituido por el oportunismo y el cinismo. "Decir que Carlos Marx, y Engel, y ya puestos, que Lenin, eran socialdemócratas es un disparate". No lo es, me respondió, si lo vemos desde otro punto de vista. Ahí le reconocí que tenía razón: si nos situamos en un prado y miramos al horizonte con miopía y sin conocimientos, no tenemos ningún dato material que nos demuestre que la Tierra es redonda.

Los dirigentes de Podemos tienen tantas caras como un infinito poliedro. Aleluyan el antimilitarismo primario pero imponen a un general y piloto de caza como diputado cunero; defienden la democracia de la gente del 15-M pero implantan un férreo caudillaje.

No, Marx y Engels no eran socialdemócratas; Rosa Luxemburgo sí. El SPD pasó a ser socialdemócrata con el congreso de Bad Godesberg, y el PSOE lo hizo cuando Felipe González le obligó a renunciar al marxismo y caminar hacia los compañeros nórdicos y centroeuropeos. Recuerdo perfectamente cuando los comunistas llamaban socialfascistas a los socialdemócratas. Anguita lo sigue haciendo, y Alberto Garzón, que no es que se haya caído del caballo como se cayó San Pablo camino de Damasco. San Pablo, deslumbrado por una luz cegadora, se hizo ipso facto cristiano y apóstol; Garzón, deslumbrado por otra luz cegadora, la de los votos parasitados al alcance de la mano, en vez de caerse de un caballo caballo se montó en un caballo de Troya. Está escrito en la historia: el peor enemigo de los socialistas son los comunistas, siempre melancólicos por el fracaso de su proyecto, y siempre rencorosos contra el socialismo que da estabilidad y mejora los países. El Muro de Berlín se puso para evitar que la gente desertara del paraíso soviético, no para evitar que millones de europeos libres entraran en la URSS como inmigrantes sin papeles, buscando paz, libertad y prosperidad.

Lo que me asombra es la capacidad de algunas personas para no ver la realidad; es como un director que tuve -no los tuvo así solo Manuel Jabois- que no quería exclusivas, porque eso comportaba riesgos, desmentidos, demandas, críticas... Mucho trabajo e incomodidades que rompían la placidez gallega. El núcleo duro de los populares es tan conservador que quiere conservar incluso lo que apesta. El Titanic enseñó a las navieras que la supervivencia depende de que el capitán distinga los iceberg de hielo del agua fría.

Podemos, verbi gratia. Apareció con un mensaje regeneracionista, adanista y en parte de las FET y las JONS. El hombre, y la mujer, nuevo, y nueva, los de abajo contra los de arriba, los de un lado contra los del otro. Todos contra la casta. La casta en general, y las castas (aquí no se puede utilizar el masculino, porque no hablamos de sexo, todavía) en particulares. Los que están, predican, están todos podridos, los que no estamos, no estamos podridos. Por lo tanto, dennos una oportunidad, lo nuevo contra lo viejo. Pero vieja es el agua y no podemos prescindir de ella, y viejo era Churchill y salvó a Europa del nazismo prometiéndole la verdad, sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas. Y viejo era Adenauer, que puso en marcha la República Federal Alemana y logró que los aliados levantaran a Alemania en vez de humillarla como en Versalles.

Los dirigentes de Podemos tienen tantas caras como un infinito poliedro. Aleluyan el antimilitarismo primario pero imponen a un general y piloto de caza como diputado cunero; defienden la democracia de la gente del 15-M pero implantan un férreo caudillaje, bailan la danza de los cosacos con Anguita y Garzón, comunistas de pro, pero se declaran socialdemócratas para fastidiar al PSOE; corean consignas patrióticas mientras defienden los referéndum de autodeterminación regional; hablan de paz pero ensalzan al etarra Otegui; tratan de embaucar a los empresarios pero justifican las expropiaciones chavistas de barcas, huertas y mercerías como un instrumento democrático; le echan cal viva en el Parlamento a Felipe González pero le tienden la mano a Sánchez y le musitan que ellos no son sus enemigos... Hay que joderse. Como solía decir un engreído dinosaurio del PCE de la Transición canaria: "No jodas, camarada". Entre tanto, escucho el eco del "seremos paletos" del académico Darío Villanueva. ¿Lo seremos?