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Helmut Schmidt, ética y política

12/11/2015 07:01 CET | Actualizado 11/11/2016 11:12 CET

Helmut Schmidt fue un gran Canciller federal alemán, un socialdemócrata consecuente y un europeísta comprometido.En su actuación, siguió dos normas de conducta que ennoblecen la política; tener presente la ética en su conducta política y una conciencia histórica de la responsabilidad de su país en Europa y en el mundo.

Su propia vida fue un resumen de la tragedia alemana: enrolado con 17 años, hizo la guerra en la defensa antiaérea, después entró en el SPD e hizo una brillante carrera como diputado, Ministro y Canciller en los años de lucha antiterrorista y tensión de la Guerra fría. En la década de los 70, jugó un papel esencial en la construcción europea con su amigo y socio el Presidente de la República francesa, Valery Giscard d'Estaing, al impulsar la creación del Consejo Europeo, el sistema monetario europeo y el Fondo de desarrollo regional, así como las primeras elecciones por sufragio universal del Parlamento Europeo. Compromiso que mantuvo toda su vida y que medió la oportunidad de tratarle y trabajar junto con el Presidente Giscard, entonces parlamentario europeo, en la decisiva etapa de salto político y monetario que siguió a la caída del muro y el Tratado de Maastricht. Un valioso testimonio de primera mano de la visión de ambos estadistas sobre la necesidad de la Unión Monetaria y su dimensión políticaestá en el debate que mantuvieron en 2009 con motivo del X Aniversario de la creación del Banco Central Europeo moderados por el entonces Presidente Jean Claude Trichet.

Otro testimonio revelado por Giscard d'Estaing en su biografía sobre la vida de Helmut Schmidt fueron sus orígenes familiares judíos.

Una dimensión menos conocida fue su compromiso con la transición española, que comentó en un diálogo con el historiador Fritz Stern, judío norteamericano de origen alemán, ("Unser Jahrhundert" C. Beck. 2010). En el mismo, Schmidt partió del rapidísimo proceso de implantación de una democracia sostenible en España para señalar el error de la Casa Blanca durante la década de 1970 por su escepticismo y temor a una posible evolución hacia regímenes comunistas en la Península Ibérica, a lo que Stern replicó que el escepticismo era aún más marcado en el caso de Henry Kissinger (cuya tesis doctoral versó sobre la Santa Alianza y consideraba España un país ingobernable); Schmidt veía más peligro en Portugal, «con sus extraños generales y almirantes».

En el caso de España, Schmidt apuntó dos hechos como fundamentales: la dimensión del país y el peso de una «muy desagradable y arraigada herencia franquista» para considerar que el factor importante lo encarnó el rey Juan Carlos, «¡un gran tipo!» (sic), que, habiendo sido proclamado sucesor por Franco en 1969, años más tarde, en 1981, se pondría a la cabeza de la resistencia al golpe del 23-F. Sobre el papel de solidaridad de la socialdemocracia, compartido por la CDU democristiana, lo consideraba activo aunque limitado en el terreno moral y financiero, ya que las cosas podían evolucionar en uno u otro sentido. El ideal europeo desempeñó un gran papel en el proceso.

Helmut Schmidt mantuvo su compromiso activo con la causa europea, la participación de Alemania en la misma y un seguimiento de los grandes desafíos mundiales como editor del prestigioso semanario "Die Zeit" hasta el final de su vida. Fue un ejemplo de ética en la política.

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