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No seas hámster: el 'efecto de la cinta de correr' te impide ser feliz

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Seguramente has visto a esos hámsters que corren constantemente dentro de una rueda sin llegar a ninguna parte, de la misma forma que nosotros corremos en el gimnasio sobre una cinta de correr, también sin movernos del sitio. Pues, aunque no lo parezca, estos ejemplos son una impresionante metáfora del motivo fundamental por el que a veces no logramos ser más felices. Tanto que el efecto que lo explica se llama precisamente así: el efecto de la cinta de correr.

Los seres humanos estamos dotados de una increíble capacidad de adaptación. A veces se nota en cosas simples, como por ejemplo cuando nos echamos perfume. Al cabo de un rato, dejamos de olerlo. Pero no es porque su efecto se haya desvanecido, sino porque nuestro olfato se ha acostumbrado. Otras veces nuestra capacidad de adaptación se nota en asuntos más importantes, como por ejemplo en esas desafortunadas épocas de la vida en las que, por diferentes motivos, tenemos que acostumbrarnos a la incomodidad, al dolor o, en los casos más extremos, a la falta de nuestros seres queridos. En todos esos casos ser capaz de adaptarnos es importante y positivo.

El gran problema que tenemos es que también nos acostumbramos a lo bueno que nos pasa. Cuando compramos ropa nueva, cuando cambiamos de coche o cuando nos aumentan el salario, automáticamente nos sentimos mucho más felices. Pero al cabo de un tiempo el efecto se desvanece: ese es el efecto de la cinta de correr. Y explica por qué a pesar de toda la ropa nueva de nuestra vida, de todos los automóviles que hemos conducido y de todas las subidas de sueldo, seguimos siendo básicamente igual de felices.

Y aquí es donde viene el truco: hay que intentar no acostumbrarse. Hay que luchar por saborear las cosas buenas que tiene la vida: celebrarlas, recordarlas y, sobre todo, buscarlas activamente. El antídoto contra el efecto de la cinta de correr es ser agradecidos por lo bueno que hay en la vida, aunque sea poco. La ciencia nos dice hoy que lo que hacemos por ser felices es cuatro veces más importante que las circunstancias en nuestro nivel de felicidad.

Cada vez que volvemos a mirar una fotografía de un momento feliz, cada vez que celebramos lo bueno que nos pasa y cada vez que introducimos en nuestra vida variantes que hagan que experimentemos la vida de manera diferente, nueva, estamos luchando contra el efecto de la cinta de correr. Por el contrario, cuando no saboreamos lo bueno que nos ocurre y nos dejamos llevar por la rutina, la vida vuelve al mismo nivel de felicidad de siempre, y nosotros nos transformamos en aburridos hámsters, trotando indefinidamente dentro de una rueda que no lleva a ningún sitio.