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Pues ya si eso...

30/05/2015 09:53 CEST | Actualizado 30/05/2016 11:12 CEST
EFE

Pues ya si eso...

Parece ser que los españoles hemos aportado al conocimiento universal la siesta, la tortilla de patatas y la guerrilla. Lamentablemente, nuestras aportaciones recientes son escasas, si no se demuestra lo contrario. Pero hete aquí que creo haber descubierto una nueva aportación hispánica, llamada a figurar en la historia de la teoría política: el "pues ya si eso..."

Los franceses, que han aportado la peluca y el bidé a la historia de la cursilería, también tienen su mérito con la invención del ballottage que etimológicamente viene de votar con bolas; y que aquí deberíamos traducir como votar por pelotas. Porque se trata de dar una segunda vuelta a las elecciones para hacer posible que alguien alcance el sillón sin necesidad de ir a componendas y apaños. También hay quien llama a este sistema segunda vuelta.

Visto lo visto en estas elecciones y más visto aun lo que ha ocurrido con las andaluzas de hace unas semanas, parece claro que lo de llegar a un acuerdo para ponerse al mando no es tarea fácil en este lado de los Pirineos. Aquí acabamos de inventar el "pues ya si eso...". Se pronuncia igual que se escribe, pero con un tono entre irónico y sarcástico. Es recomendable acompañar la frase con la mano derecha levantada a la altura de la cabeza y girando la muñeca hacia el interior una o dos veces.

El mensaje de los políticos está bastante claro: ustedes voten a quien quieran, que "ya si eso..." nosotros nos hacemos una segunda vuelta y ponemos en el sillón del Ayuntamiento a quien nos parezca bien. No. No hace falta que vayan al ballotage, que eso es de los franceses; nosotros lo arreglamos a nuestra manera y nos evitamos el engorro de ir de nuevo a las urnas. "Ya si eso..." se lo explicamos a nuestros votantes en los cuatro años que tenemos por delante.

En las primarias, más de lo mismo: ustedes, los simpatizantes y los afiliados, elijan a quienes les parezca bien, que "ya si eso..." ponemos de candidato a otro más apropiado, aunque no sea ni del partido.

Todo apunta a que este otoño va a haber elecciones generales. Antes, Artur Mas debería convocar las catalanas. Es lo que prometió hace unos meses. Pero en estos días, el Honorable se debate en una profunda duda. Tiene dos citas importantísimas en su agenda política: en el Camp Nou y en el Olimpiastadion de Berlín y después de ambos acontecimientos y en función de si entran o no las pelotas (del ballottage, es obvio a lo que nos referimos) "ya si eso..." decidirá si ir o no a las urnas.

Ya el Honorable hizo una aproximación a la teoría del "ya si eso..." Con su consulta del 9N, al meter en el mismo paquete dos preguntas. Una con el "¿Quiere que Catalunya sea un Estado?"; y otra con "Pues ya si eso... ¿quiere que sea un Estado independiente". Al menos, tuvo la habilidad de hacer el ballottage en una misma jornada y se ahorró una segunda vuelta; ya se sabe que en algunos territorios de este país la pela es la pela.

Pues eso: que para las elecciones generales del otoño/invierno, los partidos políticos deberían pensar en tener un poco de respeto hacia los ciudadanos. Si para gobernar un país, una Comunidad o un Ayuntamiento es imprescindible una segunda vuelta, que no nos hurten esta posibilidad a los electores. Porque, aunque no lo parezca, los ciudadanos somos electores y no solo votantes. Y bien está que en algunas ocasiones los políticos de turno se pongan a trabajar, pero deberían de tener presente que en las democracias directas, los que eligen son los electores y no los elegidos. Este sistema multipartidista que gusta a tantos se está convirtiendo es un sistema de elección indirecta. No es que sea malo; no es ni mejor ni peor, y en USA lo vienen utilizando (a su manera) desde su constitución de 1787. Pero no es lo que dice nuestro sistema electoral.

En esas elecciones próximas, recomendaría a alguno de los partidos que su lema de campaña fuese el "ya si eso...". Al menos sus votantes no se sentirían engañados.

Ya si eso, la próxima vez escribiré de coches, que es lo mío.

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