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Necesitamos una primavera académica

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Odio las barreras tecnológicas. Los sistemas funcionan mejor cuando son abiertos. Esa es la razón por la me gusta tanto la zona Schenguen de libre circulación. También es el motivo por el que he luchado duramente para garantizar que en Microsoft podamos utilizar programas ajenos y lo que me ha llevado a reducir drásticamente los precios de la itinerancia (roaming). Y esa es también la razón por la que me apasiona el movimiento para el acceso abierto a los resultados de la investigación científica.

En la actualidad pagamos dos veces para poder acceder a la investigación financiada con fondos públicos: primero por la investigación y después por al acceso a las caras subscripciones a publicaciones científicas.

Gracias a ello, en 2012, Elsevier, el editor de publicaciones académicas más grande del mundo, obtuvo un beneficio aproximado de casi mil millones de euros, un margen muy alto. Pero la situación es tan seria que incluso la Universidad de Harvard no puede permitirse todas las publicaciones que necesita. Sus rivales europeos no tienen ninguna oportunidad.

Por ese motivo, necesitamos un cambio, a través del acceso abierto. Forma parte de la revolución a la hora de pedir cuentas que ha hecho posible la irrupción de Internet y las grandes bases de datos a disposición de todo el mundo.

La Comisión Europea lanzó el mes pasado un plan para permitir que la investigación financiada con fondos europeos esté abierta a todos. Al convertir el mayor programa científico mundial (80.000 millones en 7 años) en el líder del acceso abierto, también aumentamos la presión sobre el Gobierno español. Tarde o temprano tendrá que seguir nuestros pasos.

Garantizaremos el acceso abierto a publicaciones científicas y los datos que contengan. En el futuro ya no habrá que pagar elevadas suscripciones para poder acceder a la información generada gracias a los impuestos de los contribuyentes. Se trate de un ciudadano que lee por placer o de una empresa que no puede permitirse comprar publicaciones científicas, son buenas noticias para todos.

Hay un vínculo directo entre este paquete de medidas y nuestro futuro económico: cuando los resultados del proyecto Genoma Humano se hicieron accesibles, se generó una inversión en investigación de 3 000 millones, dando como resultado 500.000 millones en actividad económica.

Quiero que más beneficios de ese tipo recaigan en España y el resto de Europa. No se trata sólo de dinero. Se trata de principios y de cambiar vidas. Si has pagado por la investigación, deberías tener acceso a sus resultados.

Los resultados pueden ser asombrosos. Por ejemplo, investigadores de todo el mundo en el campo del Alzheimer pusieron en común datos genéticos y descubrieron cinco nuevos genes
y elementos importantes sobre la enfermedad. Eso es lo que ocurre cuando investigadores de distintas áreas de investigación y de distintos lugares del mundo pueden comprobar y combinar series de datos.

El acceso abierto a la ciencia significa que las empresas podrían comercializar sus ideas hasta dos años antes y que se igualarían las reglas del juego para las pequeñas y las grandes
empresas. Como yo digo: que sea el talento el que gane.

Esto no es algo que vayamos a imponer a los científicos, es lo que ellos reclaman. Y sabemos que funciona: hemos probado esta política con 100 proyectos de investigación financiados con
fondos europeos y publicado más de 10.000 artículos bajo este régimen.

Necesitamos asegurarnos que grandes intelectuales y grandes empresarios puedan utilizar su talento en esta información. ¿Por qué hacerlos esperar? ¿Por qué arruinarlos?