Huffpost Spain
BLOG

Los artículos más recientes y el análisis de la actualidad a través de las firmas de El HuffPost

Teresa Rodríguez Headshot

Cállense y tranquilícense, histéricas

Publicado: Actualizado:
Imprimir

Teresa Rodríguez, como portavoz, Esperanza Gómez, coordinadora, y Carmen Lizárraga, presidenta, somos las tres mujeres que forman la dirección del Grupo Parlamentario de Podemos Andalucía. En este 8 de Marzo de 2016, las tres queremos compartir nuestra experiencia en la tribuna de la Cámara andaluza. Con ello queremos sumarnos a la lucha y la reivindicación por la Igualdad que desde hace siglos llevamos haciendo las mujeres. Queremos hacerlo denunciando el acoso político que, junto con otras compañeras diputadas, seguimos sufriendo en unas instituciones que deberían ser las encargadas de acabar con el machismo. la distancia que sigue existiendo entre la igualdad formal de las leyes y la desigualdad real en nuestras sociedades e instituciones es ésta:

2016-03-08-1457432021-7038514-direccion_Grupo_Parlamentario.jpg

Soy Teresa Rodríguez y, en mi primera intervención en el Parlamento de Andalucía, salí al estrado por un pasillo mucho más estrecho de lo que parece por la tele. Estaba nerviosa. Debate de investidura. Trataba de explicar las propuestas de Podemos. Hablaba de los desahucios cuando empezaron el murmullo y las gesticulaciones, de reojo veía los rostros torcidos. Llegó un momento en el que ni siquiera conseguía oírme a mí misma. Y entre aquel guirigay de clase de 2º de la ESO, cuando le toca al nuevo salir a la pizarra por primera vez, una nítida voz masculina: «Cállate, bonita, que no tienes ni puta idea». A la salida, una diputada del PP se me acerca: «Acostúmbrate, que esto no es nada». Así que aprendí mi primera lección: tienes que mirarles siempre a los ojos, porque el maltratador, el piropeador y el baboso se achantan cuando se les mira de frente. No depende de la puta idea que tengas, no depende de lo preparados que lleves los temas, el nivel político de las intervenciones del pleno es el de un torneo de Pressing Catch. Así que cuando te dicen «no tienes ni puta idea», lo que te dicen es «déjate de rollos y prepara una buena lista de zascas, bebé.»

De las tres partes de la expresión, voy a quedarme con la segunda, porque me toca especialmente las narices, ese «bonita». La incorporación de una nueva generación de representantes populares, más jóvenes y más adaptables a los estándares hegemónicos de belleza, ha traído consigo la hipersexualización de las mujeres jóvenes. En mi caso fue una auténtica bofetada en la cara en plenas primarias. Una supuesta foto desnuda fue mi carta de presentación en plena campaña electoral de las andaluzas. Salir de ese marco hipersexualizado y volver a un marco de gestora solvente y política capaz fue el gran esfuerzo de toda la campaña. Sobre todo, porque la difusión fue sospechosamente rápida. El mismo día que le llegaba a mi madre en Cádiz el whatsapp que se hizo viral con la foto, le estaba llegando al conocido periodista y presentador Jesús Cintora, a mis compañeros en Bruselas y a mis tíos en Sevilla. Al principio no le di importancia, pero cuando se hizo tan absolutamente viral pensé: «La mayoría de las madres andaluzas, de entrada, no pondría la educación de sus hijos y la salud de sus padres en manos de la chica de la foto, aunque fuera la gestora más solvente, la política más valiente y comprometida del mundo y mejor persona.»

Creo que el ataque guarda una relación directa con una campaña de desprestigio para menguar las enormes expectativas electorales que iba adquiriendo Podemos encuesta tras encuesta. Y la principal maltratada: la mujer de la foto. Ella hizo todo lo que tenía que hacer, lo que nos dicen siempre a las mujeres que hagamos: «Denuncia, denuncia». Me contó que se sentía desamparada, a pesar de que había denunciado en 2011, y que observaba una actitud muy poco proactiva por parte del juzgado y la policía, como si no le dieran importancia, como si pensaran: «Eso te pasa por hacer nudismo».

El marco de la sexualización siempre ha estado ahí. Me ocurrió también poco antes del inicio de la campaña, que me entrevistó Interviú. Cuando me lo ofrecieron, yo no pensé que fuera una buena idea. Pero después de consultar a muchos compañeros y, sobre todo, compañeras, decidí hacer la entrevista con la condición de que me permitieran hablar de las típicas portadas. La entrevista fue muy política, la periodista tenía muy buena actitud y me dejaron hablar de lo deleznable, e incluso peligroso, que es usar el cuerpo de la mujer estereotipado como reclamo comercial. Todo bien hasta que más tarde me planteó una pregunta adicional por orden directa del editor: un par de preguntas sobre sexo. Le contesté que «no me gustaría que sexualizara toda la entrevista, porque hemos hablado de cosas muy interesantes», y ella: «No te preocupes». El titular fue: «Teresa Rodríguez (Podemos): me encanta el sexo», y luego para leer más había que pagar. Me quedé ojiplática. Me enfadé bastante y hablé con la periodista, que confesó que el titular no lo había puesto ella y conseguimos después de insistir mucho que lo cambiaran. Sin embargo, en el tiempo que estuvo ya dio lugar a que le llegara por whatsapp a mi pareja un pantallazo del titular con cierta sorna de sus amigotes. Últimamente están de moda los rankings de belleza entre las mujeres que se dedican a la política, y en ninguna parte dicen cómo leches se hace para borrarse de esos denigrantes concursos. Alfonso Rojo me puso un 7 en el último. ¿Por qué tanta náusea?

..........

Soy Esperanza Gómez Corona, estoy acostumbrada a hablar en público y la tribuna del Parlamento no me causa nerviosismo. Respeto sí, por los andaluces y andaluzas a los que represento, pero nervios no. Sin embargo, no todo el mundo lo ve de este modo. En una sesión muy bronca en la que el PSOE y C's se negaron a tramitar una Proposición de Ley de Atención Temprana, el Sr. Presidente del Parlamento me interrumpió con un patriarcal «Tranquilícese, señoría». Me resultó llamativo porque he visto mucho más alterado al portavoz del Grupo Parlamentario Socialista en sus intervenciones y nunca nadie le ha pedido que se calme. Tampoco recuerdo al señor Durán pidiendo tranquilidad a los miembros de la bancada socialista que te increpan cuando intervienes. Ni siquiera mis propios compañeros de partido, hombres, son interrumpidos de esa manera.

La argucia, que recuerda a la del futbolista que hace falta en mitad del campo para parar una jugada que puede acabar en gol, surge de manera natural, porque ya se sabe que las mujeres somos un poco histéricas y a la mínima perdemos los papeles. Mejor pararnos a tiempo, no vaya a ser que montemos un numerito. Los hombres, sin embargo, son enérgicos en la defensa de sus ideales y si se vienen arriba es porque el asunto lo requiere. Tienen mucho más temple que nosotras.

Pues bien, yo también soy enérgica en la defensa de mis ideales y no necesito tranquilizarme. Tampoco mis compañeras, ya sean de mi formación política o de otro grupo. Porque cada vez que me interrumpen pidiendo que me tranquilice, nos insultan a todas. Como dije ese día, estoy tranquila, señor presidente.

..........

Soy Carmen Lizárraga, y en el debate de presupuestos me sentí avergonzada cuando el señor Ruiz, portavoz de Hacienda del grupo socialista dijo, en alusión a mi intervención y también a la de la diputada del grupo popular que «Todos sabemos que para la histeria hay remedio, la medicina encuentra un remedio fácil para la histeria». No daba crédito. Fue un viaje al siglo XIX, cuando la histeria femenina era una enfermedad que se trataba con un «masaje pélvico» hasta alcanzar el orgasmo. Interpreté que este señor deducía de mi tono una posible carencia sexual.

El caso es que la histeria dejó de diagnosticarse como enfermedad por los mismos Freud y Martin Charcot, y el número de casos fue decreciendo hasta desaparecer. ¿Cómo es posible que este señor que ha sido directivo hospitalario la utilice, si desapareció como enfermedad? Porque desapareció como enfermedad, pero quedó como insulto machista como el que más. «No te pongas histérica», «Eres una histérica» es la recurrencia más utilizada para dejarnos fuera de juego, para callarnos, para «calmarnos», porque «histérico», directamente, no existe. Ya digo, no daba crédito. Pero el señor Ruiz continuó. De hecho, basó todo su discurso en la supuesta enfermedad: «Casi transmutada, la señora Lizárraga, yo creo que ella no es así». ¿Que no soy así? ¿Eso qué quiere decir exactamente? ¿Acaso debo mantener la supuesta compostura que se me supone por el hecho de ser fémina?

Identifiqué claramente el tono machista, que solo se puede dirigir a una mujer. Para colmo, terminó con un «Ya queda poco, y las farmacias siguen abiertas, señorías. Todo tiene remedio, tranquilícense». Otra vez el recurrente "tranquilícese" junto al "histérica". Esa ofensa que va dirigida específicamente a nosotras. Porque he visto cómo se pasan con su tono muchos diputados y nadie les ha pedido calma, ni les ha llamado "histéricos". A las diputadas, en cambio, nos piden que nos tranquilicemos. El complejo de histérica nos sitúa en un plano en que tenemos que tener mucho cuidado con lo que hacemos o decimos. De forma que se alza la voz cuando es demasiado tarde. Si la alzas antes, eres una histérica. Pues, ¿saben qué? Seguiremos hablando alto y claro en el Parlamento, depositario de la voluntad democrática del pueblo. Alto y claro para denunciar y acabar con estas agresiones dirigidas específicamente a las diputadas por ser mujeres, independientemente del grupo político. Alto y claro para instalar otras formas en el Parlamento de Andalucía.