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18/07/2018 07:17 CEST | Actualizado 18/07/2018 11:23 CEST

Boa Mistura y el arte de desestigmatizar la Cañada Real

El colectivo artístico se ha propuesto visibilizar la riqueza de este asentamiento ilegal, que hace frente a los prejuicios con dosis de "humanidad real".

Uno de los muros pintados por Boa Mistura en la Cañada Real (Madrid).
CARLOS PINA
Uno de los muros pintados por Boa Mistura en la Cañada Real (Madrid).

Aparte de los inconvenientes que ponen los taxistas para llegar hasta el lugar, lo que encuentras al entrar a la Cañada Real es... de todo: banderas de España y de los legionarios, un altar improvisado a la virgen del Rocío, un retrato de Camarón, lavadoras de dudosa procedencia, un camión de feria con El tren de la escoba, gatos, perros, gallinas y hasta algún cerdo. Esta zona de asentamientos ilegales se conoce como el mayor supermercado de la droga de Madrid, pero es mucho más que eso.

Para Javier Serrano, miembro del colectivo artístico Boa Mistura, la Cañada es "un sitio muy particular", un "degradado perfecto" que va del "paisaje de guerra" del sector 6 (el más afectado por la venta de droga y por los derribos) al "aspecto de un barrio cualquiera" del sector 1, que está prácticamente integrado en el municipio de Coslada. La Cañada también son las 8000 personas de 17 nacionalidades que viven en esos 16 kilómetros divididos en seis sectores.

FER TARANCO
Javier Serrano, de Boa Mistura, pintando en la Cañada.

"Hay payos, gitanos, magrebíes, rumanos...", explica Serrano a El HuffPost. "Es un punto fronterizo interesantísimo donde confluye lo ilegal con lo legal, lo formal con lo informal, el estigma con la humanidad", y eso es lo que Boa Mistura quería "visibilizar". Los ocho miembros del colectivo madrileño, que utilizan "el arte como herramienta de transformación y cambio", llevaban "años queriendo trabajar aquí, pero nunca llegaba ningún encargo".

En enero de 2018, después de recorrer medio mundo realizando proyectos de corte urbano y social, decidieron acudir ellos mismos a buscar la inspiración a la Cañada. Y la encontraron en Paqui, una mujer gitana que en una reunión de vecinos se arrancó a cantar El alma no tiene color, cuya letra es un poema de Antonio Remache. "Los demás la abrazaron", cuenta Serrano, y ahora esos versos han quedado "anclados al lugar" gracias al arte de Boa Mistura. El grupo, formado por jóvenes arquitectos, ilustradores, ingenieros y licenciados en Bellas Artes, ha llevado la letra y el mensaje del poema a los muros de la Cañada, siempre con la aprobación y la implicación de los vecinos.

DAN BARRERI
Paqui, inspiradora del proyecto, junto a Antonio Remache, autor de 'El alma no tiene color'.

"Ha quedado precioso, de lujo", comenta una vecina que atiende un kiosco en una de las zonas más deprimidas del sector 6, y pregunta si los artistas (y los voluntarios que los ayudan) no cobran nada por dejarlo "tan bonito". "No, nada —contesta María Corrales, una de las voluntarias más involucradas que se ha encargado de conseguir el permiso de los ayuntamientos y de los vecinos—, lo hacemos porque nos gusta". Corrales sabe bien de lo que habla: esta estudiante de Arquitectura ha dedicado su Trabajo de Fin de Grado al proyecto de la Cañada, y ha sacado Matrícula de Honor.

DAN BARRERI
María Corrales, con Joel, Ezequiel, Ángel, Mamen, Alegría y Libertad, que se sumaron a pintar espontáneamente.

Otro de los vecinos más satisfechos es Ramón (en la foto inferior), que lleva "veintitantos años" viviendo en la Cañada y nunca la había visto tan bien. Está contento por cómo ha quedado el muro, que él mismo ayudó a pintar junto con los niños de las casas cercanas, y también porque estos días ha salido en la tele con motivo del proyecto. La prensa no suele mostrar la cara amable de la Cañada Real, y tanto los vecinos como los artistas son muy conscientes de ello. "El estigma de la droga y el peligro está muy presente", reconoce Javier Serrano, que siente que esta iniciativa está "generando un poquito de dignidad".

CARLOS PINA
Ramón, vecino de la Cañada, posa frente al mural de su casa que pintaron hace unos días.

Él, que ha trabajado en zonas tan "agredidas" como las favelas de Sao Paulo (Brasil), Nueva Delhi (India) o Cali (Colombia), destaca un elemento que comparten estos sitios con la Cañada: la generosidad de sus habitantes. "La gente vive con los pies muy en la tierra, sobreviven con muy poco y, al tener tan poco que perder, no les importa dar", comenta Serrano. "Aquí siempre nos sacan algo de comer", ya sea un chorizo de jabalí artesanal o unos dulces caseros árabes, enumera. "Pintando en Viena o en el centro de Madrid nadie nos ofrecía cafés y estos días tenemos que ir rechazándolos". El artista y arquitecto está convencido de que "esa humanidad real sólo la encuentras en comunidades de este tipo. Y es la hostia".

CARLOS PINA
Tres voluntarias pintan uno de los últimos muros en el sector 6.

"La Cañada engancha": detalles del proyecto e historias del lugar

  • El proyecto ha sido autogestionado y autoproducido por Boa Mistura, que ha contado con un pequeño apoyo de Intervención Comunitaria Intercultural (ICI), la Caixa, Trivergencia y la empresa de pintura PPG. Al final, los artistas han trabajado gratis, porque con las ayudas apenas les dio para costear el material.

  • Al ser un asentamiento ilegal, los ayuntamientos no destinan fondos a la Cañada. Pero Boa Mistura sí tuvo que pedir permiso a la Administración de Rivas, Coslada y Madrid (municipios que atraviesa la Cañada) para el proyecto.

  • Rojo, naranja, amarillo, verde, turquesa y azul son los colores con los que Boa Mistura ha pintado cada sector de la Cañada. No hay dos muros que repitan el mismo color; el tono se va degradando, igual que la zona.

  • En total, han pintado 52 muros con sus versos a lo largo de más de tres semanas (comenzaron el 25 de junio). Cada día se han juntado unas 20 personas entre miembros del colectivo y voluntarios. Además, los jueves y los viernes han trabajado con los niños de la Escuela de Verano de ICI en Cañada Real.

  • Para aprovechar las horas más frescas, los artistas comenzaban la jornada a las 6:30. Su idea inicial era parar a primera hora de la tarde, pero, en palabras de Javier Serrano, "la Cañada engancha", y allí la vida real comienza por la tarde, cuando cae el sol y la gente saca sus sillas al fresco para hacer "vida de pueblo".

  • Sólo unos vecinos quedaron descontentos con el resultado. En su muro iba la frase "y hacerle daño", y los artistas tuvieron que borrarla a petición suya. El resto está muy satisfecho; es más, según Javier Serrano, se ha producido un "efecto contagio" y algunos de los vecinos que no quisieron o pudieron participar están ahora pintando sus muros por su cuenta.

  • La cara B: en el sector 6, la droga sigue muy presente. Allí es fácil cruzarse con una señora que ofrece "la primera dosis gratis" y con montones de jeringuillas entre los escombros. Una furgoneta de Cruz Roja permanece aparcada junto a la parroquia para ofrecer jeringuillas nuevas a los drogadictos. "Los niños lo sufren mucho", cuenta María Corrales. "Los padres venden droga y ellos viven en unas condiciones pésimas. El otro día una niña nos decía que quería tener nuestros dientes".

El alma no tiene color - Boa Mistura en la Cañada Real