Gatos callejeros: la vida en una colonia

Las colonias de gatos que viven en la calle están gobernadas por un macho dominante al que todos los integrantes respetan.
Un gato callejero.
Un gato callejero.

Quienes disfrutamos de la compañía de uno o más gatos en nuestro hogar sabemos la profunda conexión que podemos llegar a establecer con ellos. Aunque no hablan, son muchas las maneras que tienen de comunicarse con nosotros y de hacernos saber sus necesidades y su estado de ánimo. Para ello, solo es cuestión de que sepamos interpretar su lenguaje corporal y sus maullidos.

A los gatos caseros les encantan las caricias y los juegos. Siempre, claro está, que no estén durmiendo, ya que eso es algo que hacen entre 18 y 20 horas al día.

Pero, ¿los gatos que viven en la calle tienen este mismo comportamiento? Para empezar, los gatos de calle rara vez maúllan, ya que eso es algo que acostumbran a hacer únicamente en presencia de los humanos. Además, solo lo hacen en el momento que quieren llamar la atención.

“Los gatos de calle rara vez maúllan, ya que eso es algo que acostumbran a hacer únicamente en presencia de los humanos”

Existen dos excepciones a ello: el potente maullido que acompaña a la época de celo —mediante el cual comunican a los ejemplares del otro sexo su predisposición al encuentro sexual— o el maullido intimidatorio que precede a una pelea con otro gato.

La vida de un gato en la calle es muy diferente a la de un gato que vive en el interior de un hogar. Los gatos son, por naturaleza, muy territoriales. Esto es algo fácilmente observable en los gatos con los que convivimos: escogen cuidadosamente el lugar para cada cosa y cualquier pequeño cambio en su entorno puede generarles un intenso estrés. Sin embargo, en el caso de los gatos que viven en la calle, resulta esencial para su supervivencia.

La jerarquía dentro de la colonia

Por ello, los gatos callejeros suelen vivir en sus propios territorios o colonias, en las que rige una jerarquía social definida. Generalmente, estas colonias están gobernadas por un macho dominante al que todos los integrantes respetan.

Este gato es el encargado de vigilar la llegada de cualquier intruso, el primero en comer y también en procrear con las hembras en celo. Por debajo de este se sitúan el resto de los ejemplares machos, en diferente graduación.

“Los gatos callejeros suelen vivir en sus propios territorios o colonias, en las que rige una jerarquía social definida”

Si hay un macho dominante, también existe una hembra dominante. Y por detrás de ella, el resto de las hembras con diferentes rangos. Una jerarquía que se establece a partir de la cantidad de partos y de hijos nacidos. Así, la gata que más hijos haya dado a luz será la hembra dominante, la favorita del macho dominante, y como tal, contará con el respeto del resto de hembras. Será la primera en comer y dispondrá de un lugar privilegiado donde dormir.

Contrariamente a esto, si alguna no pudiera quedarse embarazada o sus partos no llegaran a buen puerto, será relegada a la última en la jerarquía de las hembras, llegando incluso a la posibilidad de ser repudiada y aparatada de la colonia, emprendiendo un exilio forzoso que muchas veces culmina con la muerte.

“Si alguna no pudiera quedarse embarazada o sus partos no llegaran a buen puerto, será relegada a la última en la jerarquía de las hembras”

Respecto a los cachorros, su posición social viene determinado por su sexo y por el orden de nacimiento. Así pues, el primero en nacer estará en un escalafón superior frente al que haya nacido más tarde… y así sucesivamente.

¿Qué ocurre entonces cuando los gatos son castrados? Cuando se castra una colonia entera en poco tiempo, la jerarquía de las hembras no se ve alterada. Pero, si en el transcurso de la castración tuviera lugar algún parto nuevo o se incorporara alguna hembra preñada, esta escalaría posiciones sobre el resto.

Cuidadores de cachorros

Al igual que sucede entre los humanos, las hembras de alto rango poseen cuidadores para sus crías. Ello permitirá que las madres no tengan que estar a jornada completa con sus retoños. Mientras los cuidadores los vigilan, ellas pueden dedicarse a descansar, a tomar el sol o a interactuar con los demás individuos de la colonia.

Los cuidadores suelen ser machos jóvenes de alto rango. También puede tratarse de gatas jóvenes sin hijos propios a los que cuidar. Aunque, en ocasiones se trata de gatas de bajo rango que poseen hijos de la misma edad y que cuidará de aquellos a la vez que lo hace de los suyos.

No obstante, las hembras de baja graduación no tienen esta opción y deberán estar al cuidado de sus hijos las 24 horas del día, hasta que estos tengan edad para cuidarse por sí mismos, lo cual suele suceder a partir de los cuatro meses de vida.

La misión de los cuidadores es proteger a los pequeños, enseñarlos a cuidarse por sí mismos, a cazar y a sobrevivir frente a los posibles peligros.

La colonia se hace cargo de los huérfanos

¿Qué ocurre si una hembra que ha dado a luz recientemente fallece y deja a sus bebés desamparados? Otra hembra, o varias que hayan dado a luz y que aún se encuentren amamantando, se harán cargo de ellos como si de sus propios hijos se tratara.

Así pues, la dominancia social rige la vida y la capacidad de supervivencia de cualquier gato que vive en la calle. Cuando alguien decide abandonar un gato en una colonia, pensando que con ello este podrá interactuar con otros gatos y que tendrá más posibilidades de salir adelante, muy posiblemente, puede darse lo contrario: su integración respecto al resto de ejemplares no siempre es tarea fácil ni su supervivencia está asegurada.

Para quien desee acompañar la lectura de este articulo con la música que sonaba de fondo mientras lo escribía, os dejo a continuación el enlace: