La muerte del infante Alfonso, hermano de Juan Carlos I: las versiones de aquella tragedia y la del propio rey emérito
Durante siete décadas ha habido diversas versiones sobre la muerte del hermano del rey Juan Carlos. La más anhelada llegó de la mano de 'Reconciliación'.

El rey Juan Carlos ha vivido una larga, extensa y prolífica biografía. Se le ame, se le odie o provoque indiferencia, no se puede obviar que esto ha sido así. Ha vivido grandes alegrías, numerosos éxitos y ha gozado de un enorme reconocimiento, pero también se ha enfrentado a críticas, al exilio en su juventud y en su ocaso, a escándalos, muchos de ellos provocados por él mismo.
Juan Carlos de Borbón y Borbón-Dos Sicilias cuenta en su biografía con tragedias, pero hay una que sobrepasa a todas las demás. Y aunque han pasado siete décadas, al recordar a su hermano Alfonso, la tristeza invade su rostro. Porque Juan Carlos ha querido y quiere a muchas personas a lo largo de su vida, pero su Alfonsito era especial para él, y lo perdió en terribles circunstancias.

Se ha escrito mucho sobre lo que ocurrió aquel maldito 29 de marzo de 1956, día de Jueves Santo. Hay varias versiones de lo que sucedió aquella lluviosa tarde en Estoril que llevó a la muerte a Alfonso de Borbón con solo 14 años, pero faltaba que la otra persona que estaba con él, la que apretó el gatillo, contara qué pasó exactamente.
Lo que cuenta el rey Juan Carlos en su biografía
Ese momento llegó con Reconciliación, el libro de memorias de Juan Carlos I. En él olvida muchos asuntos, pero cuenta otros muchos, y por primera vez se abrió para relatar lo que ocurrió aquella tarde en la que su hermano perdió la vida y una parte de Juanito murió con él.
La biografía está dedicada a sus padres, a su hermano y hermanas, a su mujer, a sus hijos y a sus nietos, es decir, a las personas más importantes para él, presentes o pasadas. No podía faltar Alfonsito, un hermano al que adoraba y al que menciona en varias ocasiones al repasar su infancia.

Y por primera vez, Juan Carlos I habló sobre las circunstancias del fallecimiento de Alfonsito. Es verdad que en el reportaje para la televisión francesa en el que repasaba su biografía le dedicó unas palabras, y reconoció lo mucho que le echaba de menos. Pero faltaba que contara cómo fue aquella maldita tarde en la que Alfonsito murió y su familia se enterró en vida. Y lo hizo en un capítulo corto llamado El drama.
Era Semana Santa de 1956 y los hijos de Don Juan de Borbón estaban en Estoril pasando las vacaciones. Hacía tiempo que no estaban los seis miembros de la familia real juntos. Los condes de Barcelona, Pilar, Juanito, Margarita y Alfonso disfrutaban así de una etapa feliz sin saber la tragedia que se les avecinaba.
Los varones de la casa habían vuelto a Villa Giralda, su residencia, tras haber estado con Alfonsito en una competición de golf en Estoril en la que había ganado la semifinal. El infante de España esperaba con ilusión participar en la final ese sábado, donde esperaba hacerse con la victoria. No sabía entonces que apenas le quedaban unas horas de vida.

"Un drama ensombreció este período inocente y alegre de mi vida. Un drama que me marcó para siempre. No me gusta hablar de ello, y esta es la primera vez que lo hago. Alfonso, mi hermano, que era cuatro años menor que yo, murió", comienza el que fuera rey de España sobre este terrible episodio.
"Toda la familia estaba reunida en Estoril para la Semana Santa de 1956. Volvíamos de jugar un partido de golf después de una misa vespertina. Él era un excelente golfista. Mientras esperábamos la cena, subimos a la sala de juegos. Nos divertíamos jugando con una pistola de calibre 22 que un amigo, teniente, me había dado en España. Habíamos sacado el cargador. Ni por un momento imaginamos que había quedado una bala en la recámara", prosiguió sobre la tragedia.
"Un disparo saltó por los aires, la bala rebotó y alcanzó a mi hermano en la frente. Murió en brazos de nuestro padre. Hubo un antes y un después de aquello. Todavía hoy me cuesta hablar de lo ocurrido, pero pienso en ello todos los días. Esta terrible experiencia ha unido aún más a nuestra familia", añadió el emérito.

"Echo de menos a mi hermano, me gustaría poder tenerle a mi lado, poder hablar con él. Perdí a un amigo, a un confidente. Dejó un vacío enorme. Sin su muerte, mi vida hubiera sido menos sombría, menos desdichada. Llevo fotos suyas que me acompañan a todas partes. El 3 de octubre, día de su cumpleaños, sigue siendo para mí una fecha inolvidable", dijo también Juan Carlos I, que recuerda a su hermano todos los días, y así será hasta el final de sus días. "Nunca me recuperé de esta desgracia. El sentido de lo trágico arraigó desde entonces en mí", finaliza.
No fue fácil para él, pero Juan Carlos quería hablar de ese hermano al que tanto añora. Así lo contó Laurence Debray, autora de Reconciliación, que expresó en La noche en 24 que el emérito fue leyendo lo que había escrito y "añade cosas, quita cosas, pero es tan doloroso y tan adentro, que sientes que es fuga mental. El día del cumpleaños de su hermanito piensa en él, hay muchas fotos de él. Sigue rodeándole, sigue presente incluso en Abu Dabi hoy en día”, manifestó la escritora.
Un comunicado que ocultó lo ocurrido
Eso sí, no dice que fue él quien apretó el gatillo, algo que se ha dado por hecho en las versiones de esta tragedia que se han ido contando a lo largo de los años, algunas más inverosímiles que otras y ninguna con tanto valor como la de la única persona que estaba allí: la de Juan Carlos de Borbón.

El comunicado oficial que la prensa portuguesa incluyó el 30 de marzo de 1956 señalaba que "mientras su alteza el infante Alfonso limpiaba un revólver aquella noche con su hermano, se disparó un tiro que le alcanzó la frente y lo mató en pocos minutos. El accidente se produjo a las 20:30 horas, después de que el infante volviera del servicio religioso del Jueves Santo, en el transcurso del cual había recibido la Santa Comunión". Poca verdad había aquí.
En España, se trató de tapar el asunto no solo por la censura que imperaba en el franquismo hacia lo relacionado con la monarquía, sino también porque el dictador pensaba que a la gente no le gustaban las familias reales desgraciadas. Ya en aquel 1956 veía a Juan Carlos como su posible sucesor, lo que finalmente decidió en 1969.
La carta de Juan Carlos a Olghina de Robilant
Por otro lado, un primer testimonio de Juan Carlos sobre lo ocurrido se encuentra en el libro Los reyes también lloran, de Jaime Peñafiel, donde relata que el 29 de marzo de 1957 escribió una carta a su amor de juventud, Olghina de Robilant, desde la Academia General Militar de Zaragoza:

"Buenos días, Olghina. Hoy estamos a 29, mala fecha, me trae tristes recuerdos, pero en esta vida hay que vivir, pues hay que hacer de tripas corazón y seguir adelante siempre, siempre, pues para esto nos ha puesto Dios en este mundo", fueron sus palabras. Lamentó lo ocurrido, pero no dio detalles sobre lo que pasó aquella infausta tarde de marzo.
Corinna contó lo que le confesó Juan Carlos I
En 2006, Juan Carlos I se sinceró con Corinna Larsen, pensando que podía confiar en ella y que nunca lo contaría. Ella lo hizo en el podcast Corinna y el Rey, donde asegura que el emérito le dijo abiertamente: "Sí, yo apreté el gatillo y lo maté, pero fue un accidente".

"Claramente estuvieron jugando a un juego estúpido, en cualquier caso él cargó el arma. Nunca se ha investigado correctamente, pero creo que en el fondo de su alma, su cabeza, él siente una gran culpa".
Efectivamente, el caso nunca se investigó realmente. Don Juan cogió la pistola y la tiró al mar. Pero antes vio morir a su hijo desangrado en sus brazos y ante sus ojos y al entender que uno de sus vástagos varones había fallecido por el disparo del otro, se plantó ante Juan Carlos y de acuerdo con el testimonio de Antonio Eraso, íntimo amigo de Alfonsito, dijo: "Júrame que no lo has hecho a propósito".
El dolor y la culpa de la condesa de Barcelona
Corinna añade que el dolor y la culpa llevaron a la condesa de Barcelona a refugiarse en el alcohol, una adicción que le llevó a ser ingresada en centros de rehabilitación. ¿Por qué culpa? Porque según la periodista Françoise Laot, doña María de las Mercedes abrió el secreter donde estaba guardada el arma y se la dio a Juan Carlos ante la insistencia de sus hijos por jugar con ella.

30 años después de la tragedia le citada periodista en unas declaraciones que recoge Paul Preston en El rey de un pueblo: "Yo jamás he sido desdichada salvo cuando murió mi hijo. Estaba tan afectada que tuve que pasar un tiempo en una clínica cerca de Frankfurt".
Hay otra versión contada por la escritora Pilar Urbano, autora de varios libros sobre la familia real, incluyendo una biografía de la reina Sofía. "Juan Carlos está en su escritorio estudiando cuando Alfonso entra fingiendo que tiene una metralleta. Juan Carlos saca la pistola que guarda en el escritorio". Ante un 'ríndete, cobarde', Juanito "le sonríe y le dice: 'tú sí que eres hombre muerto'. Apunta la pistola y aprieta el gatillo. Se suponía que era un juego".
La versión de Vittorio Emanuele de Saboya
Además, surgió una versión inesperada de una persona que vivía allí cerca y que era amigo de la familia, pero que no estaba allí. Se trata de Vittorio Emanuele de Saboya, que poco antes de su muerte habló para el documental El príncipe que nunca reinó, obra de Beatrice Borromeo para Netflix.
Aunque el tema del documental no era ese, sino sobre una investigación sobre la muerte de Dirk Hammer, joven fallecido por los disparos del pretendiente al trono de Italia, el Saboya soltó de la nada una versión que sin duda provocó un gran dolor a Juan Carlos: "Yo estuve allí. Estábamos en el exilio y solíamos disparar a tarros y botellas en la playa de Cascais. Juanito la armó gorda. Disparó a su hermano y lo mató".

"No le disparó directamente, sino a través del armario. Estuve allí. Fue un accidente. Al 100%. Escondí mi arma. Si no, habrían dicho que había sido culpa mía. Después de eso, lo llamó Franco. 'Juanito, vente inmediatamente conmigo a España'. Franco dijo: 'Lo convertiré en rey'".
El infante Alfonso 'volvió a casa' en 1992
Versiones, teorías y testimonios aparte, ese 29 de marzo de 1956 se rompió una familia. Los Borbón y Borbón-Dos Sicilias volvieron a reír y a ser felices, pero siempre hubo en ellos un poso de tristeza al recordar a Alfonsito.
El infante, enterrado el 31 de marzo de ese año en el cementerio de Cascais, no volvió realmente a casa hasta el 15 de octubre de 1992, cuando fue sepultado para la eternidad en el pabellón de infantes del monasterio de El Escorial. Fue este el deseo de su padre, el anciano conde de Barcelona, que ya muy enfermo quiso repatriar a su adorado hijo antes de que la muerte les volviera a reunir.
