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13/06/2012 10:50 CEST | Actualizado 12/08/2012 11:12 CEST

Los cinco errores que un ex no debe cometer

Finalizar una relación no significa destrozar a la persona que fue tu pareja, triturarla y hacerla añicos, si te es posible. Alegrarte de sus desgracias, de sus enfermedades, intentar hacerle daño. No.

Romper una relación personal es siempre un plato de mal gusto y en muchas ocasiones una fortísima tormenta emocional. Los tiempos en que la relación se debilita, rueda por la pendiente del distanciamiento durante demasiado tiempo y finalmente muere, son tiempos de tribulaciones y de desasosiegos, de desorientación y dolor. Pero cuando la separación es un hecho las emociones turbulentas hacen referencia a acontecimientos ya pasados. No tiene sentido extender la tortura, lamentarse de lo hecho, lamerse las heridas sin dejar que cicatricen. La nueva condición de la pareja es la de ex respectivos, no de la misma pareja en una nueva situación. Los ex penetran en una condición vital diferente y, en ella, no tienen por qué reiterar los errores que los han llevado a su condición de ex y, sobre todo, no tienen por qué volver a sufrir.

Por ello no está de más que repasemos algunos consejos para que, fijado e inexorable el fracaso de la convivencia, no se inicie un nuevo fracaso, una nueva guerra de despechos y culpabilizaciones. Analicemos cinco de los errores que nunca se deben cometer:

1. No separarse a tiempo

Hay que intentar, por todos los medios, llegar a la separación sin que la relación se haya deteriorado; así todo será mucho más fácil. Recordar que hay tres fronteras que no debemos traspasar; antes se debe decidir coger cada uno su camino: la falta de respeto, la humillación a tu pareja y la violencia, ya sea verbal o física (esta última, en ocasiones, hasta menos dolorosa que la verbal). Son límites que si se transgreden convertirán tu separación en un infierno pues se habrán sembrado unas malas semillas que, sin duda, germinarán.

Finalizar una relación no significa destrozar a la persona que fue tu pareja, triturarla y hacerla añicos, si te es posible. Alegrarte de sus desgracias, de sus enfermedades, intentar hacerle daño. No. Eso no es terminar con una relación, eso es volcar en otro (y le ha tocado a tu expareja) toda la maldad y odio que has ido acumulando a lo largo de tu "amargada vida".

2. Si hay hijos: hablarles mal del otro progenitor

Es deseable que ambos padres mantengan fuertes vínculos con los hijos, y ello aunque el resentimiento entre la pareja sea muy grande. Es fundamental tener claro que los padres dejan de ser cónyuges, pero nunca padres. En las parejas en que prevalece el amor a los hijos sobre los rencores personales se logra una relación parental de la que el hijo se beneficia. Y es ese, el bien de los hijos, el principal valor que debería predominar en las relaciones con el otro progenitor.

Se debería ser consciente de lo perjudicial que es, para el que lo practica, la descalificación del otro progenitor ante los hijos. Ese suele ser uno de los errores más frecuentes y el que más fácil sería de evitar (a poco que actuemos con sentido común y un mínimo de inteligencia emocional) y, además, ese tipo de actuaciones son las que más trastornos y aflicciones ocasionan en los hijos.

3. Hacer comentarios despectivos de tu ex

Si te pasas el día hablando mal de tu ex vas a provocarte un fuerte desgaste emocional, pues no tiene otra consecuencia alimentar continuamente el odio hacia tu expareja. Además, eso va a impedir que puedas rehacer tu vida. El "odiador" tiene siempre en su cabeza a esa otra persona y, generalmente, su ex ni se entera. No es solo una actitud autodegradante sino, sobre todo, inútil. Sería deseable actuar de un modo más inteligente y no cometer acciones que solo causan perjuicios gratuitos a aquel que las realiza.

4. Que tu separación sea "monotema con los amigos"

Todos conocemos a algún amigo recientemente (o no tan reciente) separado que no tiene otro tema de conversación que lo malvado/a que es su ex. ¡Qué pesadez! Es un buen momento para hacer el sano ejercicio de ponerse en el lugar de los demás: puedes imaginar a "el amigo" hablando con nosotros siempre de su ex. ¿A qué sería insufrible? Pues eso. Tenlo claro: no debemos abusar de nuestros amigos ni utilizarles como emisarios de noticias envenenadas.

5. No llegar a un acuerdo con el otro progenitor respecto a la educación de los hijos

Las causas de la ruptura de una relación de pareja son incontables pero existen algunos factores comunes y uno de ellos es que siempre quienes se separan son dos. Es cierto que con ellos arrastran, en mayor o menor medida, a familiares y amigos, pero el conflicto fundamental se desencadena entre dos personas. En cualquier caso, es fundamental para el equilibrio emocional futuro, no hacer partícipe de los conflictos a los hijos. Fundamental. Si tenemos hijos y estos están en la edad de seguir educándose, entre los padres debe haber una actitud de cooperación y no de competencia, pues de otro modo solo conseguirán perjudicar a su propio hijo y generar rechazo a ellos mismos. Todos los psicólogos coinciden en que los hijos que no tengan una infancia y adolescencia sana podrán tener problemas en la edad adulta y ello repercutirá en la buena relación con sus progenitores.

Seamos inteligentes y, si por condición natural ello no es posible, practiquemos el egoísmo. En cualquier caso, intentemos con nuestras actuaciones no formar parte del número de individuos estúpidos que circulan por el mundo.

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