Rona y Rinus cambiaron su barco por una autocaravana y viajan al menos seis meses al año: "Queríamos ver más mundo"
El poder viajar sin prisas y convertir cada lugar en un hogar temporal.

Cada vez más personas optan por dejar atrás las vacaciones tradicionales y lanzarse a la carretera sobre ruedas. El mundo de la autocaravana vive un auge impulsado por el deseo de libertad, flexibilidad y experiencias auténticas: viajar sin prisas, decidir el rumbo sobre la marcha y convertir cualquier paisaje en hogar temporal. Para muchos aventureros, no se trata solo de un medio de transporte, sino de una forma distinta de descubrir el mundo.
Dos de los grandes defensores de esta tendencia son Rona y Rinus, una pareja de jubilados neerlandeses que vendieron su barco de acero y, desde 2018, pasan al menos medio año al año viajando por Europa en su autocaravana. Lo que comenzó como la búsqueda de mayor comodidad y menos mantenimiento se convirtió en una nueva forma de vida: más kilómetros, más rincones por descubrir y una afición que marca muchas de sus paradas.
"Hace años que teníamos barco, pero el mantenimiento se volvía muy pesado", explica Rinus en declaraciones recogidas por PZC. Los cascos de acero exigen intervenciones periódicas que, con el tiempo, fueron pesando más que el placer de navegar. Además, la propia pareja sentía que el barco les limitaba a rutas más lentas: "Queríamos ver más mundo; navegar lleva más tiempo", añade. Esa mezcla de cansancio por las labores y ganas de moverse más rápido los empujó a comprar una autocaravana y dejar el barco atrás.

Libertad sobre ruedas
La pareja supo rápidamente qué tipo de autocaravana quería ya que tenían experiencias cercanas con algunas de sus amigos. Buscaban una en la que sentirse plenamente cómodos, con camas que no hubiera que montar todas las noches y una cama abatible para los nietos. Cuando vieron un anuncio en Leeuwarden, el viaje mereció la pena: vendieron el barco en Groningen, tomaron el tren y regresaron a casa conduciendo su nueva adquisición.
Rinus instaló paneles solares y adaptó un depósito de GLP para cocinar y calentar la autocaravana, soluciones cada vez más habituales entre quienes pasan muchas semanas en ruta. Ahora, la pareja suele elegir el país de destino pero no planifica al detalle cada etapa: a veces recorren 200 kilómetros en un día, otras apenas diez. Eso sí, rara vez permanecen más de dos noches en el mismo sitio.
Rinus valora especialmente la libertad que da la autocaravana: "Si tienes vecinos conflictivos o algo no te convence, simplemente te vas al siguiente sitio". El contacto con otros viajeros suele ser cordial y ocasionalmente enriquecedor, aunque también hay quienes prefieren el anonimato y viven con las cortinas cerradas y la antena bajada. Para Rona uno de los grandes atractivos es el aire libre y la posibilidad de moverse con el perro y pasar el día buscando tesoros escondidos, una práctica conocida como geocaching.
Rinus calcula que pasan alrededor de seis meses al año viajando. "¿De qué sirve que la autocaravana esté guardada?", se preguntan ellos mismos. Su historia se enmarca en un fenómeno más amplio: el mercado europeo de vehículos recreativos continúa mostrando crecimiento y consolidación, y cada vez más personas optan por este formato para vacaciones largas o semi-permanentes.