Sandra, dietista desde hace 22 años: "Puedo ganar 9.900 euros un mes y perder 3.900 al siguiente"
Una buena facturación no siempre se traduce en estabilidad económica.

Tener un trabajo no siempre significa tener la tranquilidad de saber cuánto dinero entrará en la cuenta a final de mes. La estabilidad laboral puede convertirse en un lujo difícil de alcanzar, especialmente para quienes trabajan por cuenta propia y ven cómo sus ingresos pueden cambiar radicalmente de un mes a otro. Es una realidad marcada por la incertidumbre diaria, incluso después de años de experiencia.
Un ejemplo de esta realidad es el de Sandra Ferreira, una dietista con 22 años de experiencia que ha comprobado cómo sus ingresos pueden variar de forma considerable de un mes a otro. Su situación refleja la cara menos visible de trabajar por cuenta propia, ya que hay periodos de gran actividad y otros en los que los ingresos caen en picado, sin que los gastos y las obligaciones desaparezcan.
Tras años de experiencia, Sandra ha aprendido que una buena facturación no siempre se traduce en estabilidad económica. La diferencia entre unos meses y otros puede ser enorme y obliga a gestionar el negocio con previsión para hacer frente a los periodos más flojos. "Puedo ganar 9.900 euros un mes y perder 3.900 al siguiente", explica la dietista en declaraciones recogidas por Le Parisien, poniendo cifras a una incertidumbre que forma parte de su día a día profesional.

“Si gano 5.000€, ahorro 3.000€”
Después de más de dos décadas dedicada a la dietética, su trayectoria también refleja cómo ha cambiado la profesión. La atención nutricional ha ido incorporando nuevas fórmulas de trabajo, desde las consultas tradicionales hasta el seguimiento online y los servicios personalizados, que permiten llegar a más pacientes, pero también obligan a adaptar constantemente el modelo de negocio.
La situación de Sandra pone el foco en una de las principales dificultades de muchos profesionales autónomos: la diferencia entre facturar y ganar dinero. Un mes especialmente bueno puede estar seguido de otro mucho más flojo, mientras los gastos fijos continúan llegando independientemente del volumen de clientes. Por eso, explica que detrás de una cifra de facturación elevada no siempre hay un sueldo equivalente.
Cuando se va de vacaciones, Sandra sabe que sus ingresos van a pasar al rojo. “Siempre son los peores meses. No gano nada, pero aún así tengo que pagar los gastos”. Una situación que, con los años, ha sabido gestionar de otra manera. “Al principio de mi carrera, era un tema mucho más ansioso. Ahora sé que cuando gane 5.000 euros, tengo que ahorrar 3.000”, explica, que asegura haber aprendido la lección.
