El químico que avisó del 'Dieselgate' años antes de que estallara ahora va contra el precio de la aerotermia: instala una bomba de calor por 21.000 euros frente a los 45.000 habituales
Su iniciativa demuestra que muchas viviendas antiguas pueden instalar bombas de calor por menos de la mitad del coste habitual.
Mucho antes de que el escándalo del Dieselgate sacudiera a la industria automovilística mundial, Axel Friedrich ya advertía de que algo no encajaba en las cifras oficiales de emisiones.
En 2006, cuando era responsable del área de transporte de la Agencia Federal de Medio Ambiente de Alemania, cuestionó públicamente la eficacia real de los sistemas de depuración de gases de los motores diésel.
Durante años sus advertencias fueron ignoradas. Hasta que, en 2015, estalló uno de los mayores escándalos industriales de la historia reciente.
Ahora, casi dos décadas después, Friedrich ha centrado su atención en otro asunto relacionado con la transición energética: el elevado precio de las bombas de calor. Y su conclusión vuelve a ser incómoda para buena parte del sector.
Un proyecto para demostrar que la aerotermia puede ser mucho más barata
A sus 78 años, Friedrich lidera una iniciativa en Berlín destinada a demostrar que las bombas de calor aire-agua pueden instalarse a un coste muy inferior al habitual, según publica Chip 30. El escenario elegido tampoco era sencillo.
Las viviendas se encuentran en la conocida Papageiensiedlung, una urbanización construida entre 1929 y 1932 cuyos edificios están protegidos y apenas permiten actuaciones de aislamiento exterior.
Precisamente por ello el proyecto pretendía responder a una de las dudas más frecuentes sobre la aerotermia: si realmente puede funcionar en viviendas antiguas.
El resultado: calefacción eficiente en edificios de casi cien años
El objetivo técnico era ambicioso. Los sistemas debían alcanzar un factor de rendimiento estacional (SPF) de 3,7 con temperaturas de impulsión de hasta 55 grados.
En términos prácticos, significa que por cada kilovatio hora de electricidad consumida, la instalación debía producir al menos 3,7 kilovatios hora de calor. Según los resultados obtenidos, el sistema logró funcionar dentro de esos parámetros sin necesidad de acometer grandes reformas estructurales.
La gran diferencia está en el precio
Pero el aspecto que más atención ha generado no es el rendimiento energético.
Es el coste. Los primeros sistemas instalados dentro del proyecto tuvieron un precio cerrado de aproximadamente 21.000 euros.
La cifra incluye bomba de calor, instalación completa, equilibrado hidráulico, materiales auxiliares, adaptaciones eléctricas necesarias y tramitación de subvenciones. Precisamente estos costes adicionales suelen ser los que disparan los presupuestos finales en muchos proyectos de aerotermia.
Frente a presupuestos superiores a 45.000 euros
Friedrich asegura que, antes de iniciar el proyecto, recibió ofertas que superaban los 45.000 euros para instalaciones similares. No es una situación excepcional. En Alemania, numerosos presupuestos para bombas de calor aire-agua se sitúan habitualmente entre los 30.000 y los 50.000 euros.
Tras aplicar las ayudas públicas disponibles para sustituir antiguas calderas de gas o gasóleo, algunos propietarios del proyecto berlinés redujeron su desembolso efectivo a menos de 9.500 euros.
El problema de las instalaciones sobredimensionadas
Parte de la explicación, según los investigadores que participan en el proyecto, está en la forma en que se diseñan muchas instalaciones. Marek Miara, especialista del Instituto Fraunhofer, sostiene que en numerosos casos las bombas de calor se dimensionan por encima de las necesidades reales de la vivienda.
Esto tiene varias consecuencias: incrementa el precio inicial, reduce la eficiencia energética, aumenta los costes de mantenimiento y dificulta la amortización de la inversión.
Según Miara, más del 80% de los edificios existentes podrían calentarse eficazmente con bombas de calor sin necesidad de realizar costosas reformas adicionales si la planificación es correcta.
Friedrich señala al sistema de incentivos
El químico alemán considera que el problema no reside únicamente en los instaladores. A su juicio, durante años se ha creado un ecosistema donde fabricantes, distribuidores y sistemas de subvenciones han favorecido presupuestos elevados.
Cuando las ayudas se calculan como un porcentaje del coste total, existe menos presión para reducir precios. Por ello defiende una mayor transparencia en los presupuestos y sistemas cerrados que permitan al consumidor conocer desde el principio cuánto va a pagar realmente.
Una lección para los propietarios
La principal conclusión del proyecto es que una vivienda antigua no siempre necesita grandes inversiones para adaptarse a la aerotermia. Friedrich sostiene que el factor decisivo suele ser la calidad del diseño técnico y no necesariamente la edad del inmueble.
Para quienes estudian sustituir una caldera tradicional por una bomba de calor, el mensaje es claro: un presupuesto elevado no garantiza una mejor instalación, del mismo modo que una oferta más económica no implica automáticamente menor calidad.
La clave está en el dimensionamiento correcto, la transparencia de costes y una planificación rigurosa. La misma filosofía que llevó a Axel Friedrich a cuestionar las emisiones reales de los diésel hace casi veinte años y que ahora le lleva a desafiar uno de los argumentos más repetidos sobre la transición energética: que la aerotermia siempre es demasiado cara.