Alfredo Pérez Rubalcaba repasa en el ordenador de su despacho la tercera versión del discurso que va a pronunciar este fin de semana en la Conferencia Política que celebra el PSOE. Aún le quedan por cepillar unas mil palabras. Duda si dirigirse a sus compañeros desde la solemnidad del atril o sin papeles y paseando por el escenario, como hace últimamente en los mítines. No acepta hacerse fotos para esta entrevista en la calle, porque la calle se ha convertido en un territorio hostil para los políticos, sean del signo que sean. Es un símbolo de la creciente desafección entre la ciudadanía y quienes les representan. El PSOE, además, no consigue vislumbrar el fin de su travesía del desierto. Mientras hablamos en Ferraz, el CIS publica el barómetro de octubre, que resulta demoledor para los socialistas: un 26,8% de intención de voto, su peor resultado desde que está en la oposición. La valoración ciudadana del propio Rubalcaba (una nota de 3,13 sobre 10) sigue sin remontar. En la calle, me cuenta, ha llegado a cruzarse con señoras que le ven y se santiguan.

¿Como si vieran al diablo?

Sí [ríe]. Pero eso es sólo desagradable. Lo más duro no es que te insulten, es que la gente te dice cómo está. Lo terrible es cuando ves la cara y los ojos de la gente que sufre.

Esta conferencia llega en un momento muy difícil para la sociedad española, pero también para los socialistas, desmotivados porque no consiguen recobrar la confianza de la ciudadanía... Si pudiera elegir dónde colocar su mensaje, ¿preferiría que fuera dentro del partido o fuera?

¡Cara al exterior! El PSOE es un partido que está mucho en la sociedad, nuestros militantes van al bar, trabajan en escuelas y hospitales, o están en las listas del desempleo, y perciben la desconfianza de la sociedad. La forma de levantar la moral de nuestros militantes es que la sociedad nos vuelva a mirar. Y tenemos nuestros problemas internos, que son menores de lo que dicen, pero mayores de lo que yo quisiera. Lo que trato de transmitir es que el PSOE tiene un camino por recorrer, es verdad, pero parte del camino ya está hecho. Quiero que la sociedad perciba que estos señores del PSOE se han tomado esto en serio, han pensado qué han hecho mal, qué tienen que hacer, hacen autocrítica, tienen propuestas, y por tanto quiero saber qué me tienen que decir.

Estamos en el ecuador de la legislatura, ¿habrá una oposición diferente del PSOE a partir de ahora?

Sí, más propositiva; la primera mitad siempre es más difícil para la oposición. Cada vez nos escucharán más. Y que haya gente de la izquierda seria de este país que se haya decidido a participar en la Conferencia es una señal. En estos meses había reticencias para venir a Ferraz, y han ido pasando a segundo plano. Hemos recuperado gas, estamos recuperando espacios, pero lleva tiempo. Esta conferencia debería marcar el punto de inflexión.

Sin embargo, hay algo complicado de entender: en esta conferencia el PSOE hablará de ideas y no de personas. ¿Qué garantía tiene el ciudadano de que quien vaya a ser el candidato va a aplicar lo que se pacte este fin de semana?

En el partido, los programas los aprueba el comité federal. Es verdad que el candidato tiene un margen de maniobra, pero dentro de un marco político. Yo fui candidato, y tuve que convencer a los secretarios generales de que era necesario abrir las listas electorales, porque algunos no querían. Así que el candidato tiene que seguir las grandes directrices; por ejemplo, en el programa electoral del PSOE irá una reforma fiscal con un impuesto sobre la riqueza. Luego, que suba o baje un punto el IVA...

PRIMARIAS EN EL PSOE

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Como madridista declarado, a Rubalcaba le gusta utilizar símiles futbolísticos para definir situaciones políticas. Y compara el proceso que está a punto de iniciar el PSOE con un Ancelotti que, ante el partido decisivo de Liga, tuviera que someter a votación de los merengues a quién pone de delantero centro.

Es un cambio muy radical, un cambio de cultura en el país, y desde luego en nuestro partido. Somos el primer partido que va a poner en manos de sus votantes la decisión más importante: a quién presenta a las elecciones. Es un cambio de cultura. Y me preocupa que trivialicemos las primarias con el debate sobre el calendario, que es una decisión estratégica de la dirección. En vez de enredarnos con los tiempos, vamos a explicar lo que vamos a hacer, ¡porque es la leche! -con perdón. La democracia española tiene que abrirse, y sobre todo la izquierda: tenemos que conseguir que la gente venga, escucharles, y consultarles las grandes decisiones. Con ello nos abrimos, y demostramos que el partido no es nuestro, ni siquiera de los militantes, aunque son fundamentales. Es de los ciudadanos.

Pero existe el riesgo de que, mediáticamente, la conferencia acabe fagocitada por el debate sobre el calendario de las primarias.

El ciudadano normal no me pregunta cuándo vamos a convocar primarias, sino cómo solucionamos lo suyo. Respecto al calendario, es una decisión difícil: hay que tomarla en función de circunstancias políticas, del calendario electoral, el calendario del Partido Popular. La mayoría de los secretarios generales quieren que sea al final de proceso.

¿Y cuándo anunciará si se presenta o no?

Lo decidiré… No, lo diré cuando toque. Lo que no puedo es pedirle a mis compañeros un ejercicio de contención para separar los tiempos -primero las ideas y luego el liderazgo, tal y como se aprobó en Sevilla-, y luego ir y decirlo yo. Tengo que cumplir mis propias reglas. Cuando llegue el momento hablaré.

¿Le apremian los posibles candidatos?

Todos me dicen: tú primero. Todos han sido súper respetuosos.

¿Respetuosos o temerosos? Porque usted seguirá siendo secretario general...

Sí, claro, es posible que haya bicefalia. Pero todos han sido muy correctos. Y hablo con Edu (Madina) veinte veces todas las semanas, con Patxi (López)… y con Carme (Chacón) reconozco que menos. Pero espero que esto no dinamite la conferencia. Incluso las personas que tienen aspiraciones legítimas son, antes que nada, responsables y dirigentes, y comparten lo que digo: hay que aprovechar el fin de semana para explicar nuestras propuestas.

Ya que hablamos de nombres, defíname con una palabra a algunos compañeros: la primera, Susana Díaz.

Futuro [Sin dudar].

Carme Chacón
Mmmmmm... a ver, cómo podría... Inteligente. Bueno, no, es un poco excesivo. No es que sea tonta, para nada, pero mejor… tenaz. Sí, tenaz.

Eduardo Madina
¡Ya he dicho futuro! Así que… sensibilidad. Es un político sensible, en el mejor sentido de la palabra.

Emiliano García-Page
Uf… es un político pragmático, pero el pragmatismo no está bien visto en el partido… Cercano, eso es. Un político cercano.

Patxi López
Responsabilidad [Sin dudar].

Alfredo Pérez Rubalcaba
No me puedo definir… ¡que lo hagan otros! Bueno, sí. Ya sé: socialista.

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EL DEBATE SOBRE CATALUÑA

¿Habla mucho con Rajoy sobre Cataluña?

Hablamos, compartimos la preocupación aunque desde posiciones distintas. Los dos sabemos que tenemos una responsabilidad. Y me parece correcto que module su actitud: prefiero un PP sosegado.

¿Podrá sostener ese sosiego Rajoy?

No lo sé. Lo importante es que creo que la razón se está imponiendo. En Cataluña hay mucha gente que, entre el inmovilismo y el abismo, ve que hay espacio para la reflexión, el acuerdo y el pacto: la tercera vía. Es tan grave el tema de Cataluña que tenemos que convencer al resto de España de que hay que hacer un esfuerzo, de lo contrario esto se complicará más, y más, y más... Lo que no puede decir Rajoy es “no queremos cambiar la Constitución”. Con respeto, porque entiendo la posición del presidente del Gobierno, una cosa es lo que uno no quiere hacer, y otra lo que uno no puede hacer.

Mientras, el PSC parece atrapado en el debate sobre el derecho a decidir…

Es verdad que “el derecho a decidir” es una fórmula inteligente, política y mediáticamente, ¡es que es muy duro decirle a alguien: oiga, usted no tiene derecho a decidir! Pero lo que esconde es el derecho a la autodeterminación. Al final lo que decides es si te vas o te quedas. En Cataluña hay una opinión pública instalada, y en España la contraria. Es difícil de solucionar, y lo que yo planteo es que no discutamos sobre el derecho a decidir, sino sobre lo que queremos decidir. Mi planteamiento es que hablemos de cómo seguimos juntos: hablemos de lo que nos separa, de los problemas, busquemos una solución y entonces, sí, decidamos juntos. Y aquí el PSC está cómodo. No somos independentistas, pero tampoco inmovilistas. La posición del PSC es que la consulta debería ser legal y acordada, y si no lo es el PSC se va a desmarcar.

¿Y hay alguna fórmula para que una consulta sea legal?

No lo creo, de acuerdo con la Constitución, ni aunque el Estado quisiera. Pero no quiero escudarme detrás de las leyes: estoy en contra del derecho de autodeterminación.

El president de la Generalitat, Artur Mas, anuncia que convocará unas elecciones plebiscitarias si no puede celebrar la consulta.

Primero hay que llegar a eso, y nuestro objetivo sería no llegar a esas elecciones en esas condiciones. En cualquier caso, iremos con nuestro proyecto, una reforma constitucional para seguir juntos. Creo que tendríamos un buen resultado electoral, tanto que sería imposible hacer nada sin nosotros.

¿Y contempla, como augura Durán i Lleida, el escenario de una declaración unilateral de independencia?

Honestamente: no lo veo en este momento. No veo fácil aglutinar una mayoría social tan amplia que te permita hacer una declaración de esa naturaleza, sin fracturar profundamente la sociedad catalana.

Hay quienes temen que esa fractura se esté produciendo ya entre el PSOE y el PSC; por ejemplo, tras la votación de la pasada semana de la moción de UPyD contra el derecho a decidir.

¡No es una fractura de fondo! El debate era si le decíamos a Rosa Díez “¡Para ya!”. Quería entrar en el debate político catalán a través del derecho a decidir, y eso es un error político. Como me parece un error que el Parlamento entre en este tema con una moción, o una interpelación: hagamos mejor un debate a fondo y lo discutimos. Pero una votación así, ¿cómo se lee en Cataluña? Y luego vendrá una propuesta de ERC, y luego Rosa Díez otra vez: no, en este juego no me pilla, aunque en la literalidad de la moción no esté nadie en desacuerdo.

Entonces, ¿por qué se transmitió esa imagen de lío en el PSOE, y de que tuvo que ser Andalucía quien pusiera orden?

¡Es que no es verdad! Las cosas son más sencillas. Quien toma la decisión soy yo, tras consultar con mucha gente. Teníamos dos posibles posiciones, votar a favor o abstenernos. Escuché, ví, y optamos por lo que optamos. No refleja el fondo, pero desde el punto de vista circunstancial es más fácil de explicar.

A propósito de Rosa Díez, que acaba de retirar su apoyo al Gobierno socialista de Asturias, ¿la ve como una posible compañera de viaje político?

Mmmm... no lo sé. Tiempo habrá de discutirlo. (Parece que se va lanzar a decir algo, pero se contiene). Javier Fernández, el presidente asturiano, es uno de los políticos más serios que hay en España; firmó un acuerdo con UPyD para cambiar la ley electoral que exigía una amplia mayoría: y “amplia” no es un voto de diferencia. Es Rosa Díez quien tiene que explicarlo, porque nosotros no hemos roto el acuerdo. Pero oír hablar a UPyD de traidores refiriéndose al PSOE me produce un poquito de…

¿De qué?

De… déjalo en puntos suspensivos.

REPÚBLICA O MONARQUÍA

¿Ve aconsejable que el rey abdique?

Es una decisión del rey, que ha demostrado suficiente compromiso con los ciudadanos como para que podamos dejar en sus manos una decisión que es suya.

¿Lo ha hablado con él?

Poco. Pero la Casa Real tiene que hacer lo que el resto de las instituciones españolas: oír lo que hay fuera y cambiar, y de hecho están intentando un ejercicio de transparencia que es lo que están reclamando los ciudadanos a gritos. Porque aunque pase la crisis, estos problemas no van a dejar de existir, que no se engañe Rajoy ni la derecha. Son problemas de fondo que demuestran que las estructuras están con aluminosis, y eso afecta a la Casa Real. Tampoco me parece que definir el estatus del príncipe sea lo más urgente en estos momentos.

Un partido que se define como republicano, ¿no entra en contradicción al defender la Monarquía?

Es verdad que el partido es republicano, y que hace 20 años éste era un debate residual, pero ahora ya no lo es. Pero creo que la gente entiende también que la monarquía ha jugado un papel y que es una pieza clave en el consenso de la Transición, muy consolidado, y por tanto creo que ese consenso pasa por encima de nuestros principios… Somos un partido republicano cómodo en una monarquía parlamentaria por el consenso.

RubalcabaEn la Conferencia van a denunciar los acuerdos con la Santa Sede que datan de 1979. ¿Por qué ahora, si no lo hicieron durante el mandato de Zapatero?

Porque la llegada de la derecha al poder nos demuestra que no respetan los consensos. Quieren aplicar los acuerdos como hace 35 años, y echan para atrás un acuerdo preconstitucional que nosotros habíamos respetado. Y la sociedad ha hecho un largo recorrido como para que una confesión religiosa se imponga vía BOE. No tiene sentido que la religión figure en el curriculum escolar. Y seguro que será más fácil entenderse con el papa Francisco, que ha defendido la laicidad del Estado. Ojo, laicismo, que no anticlericalismo.

Ha sido especialmente crítico con la nueva ley educativa, la LOMCE: asegura que no entrará en vigor. Y esta semana comenzó con una medida polémica, la retirada de las ayudas a los becarios Erasmus, y una rectificación forzada desde Moncloa.

Me cuesta hablar así de un ministro de Educación, pero Wert debería irse esta misma tarde. Están prolongando su agonía, le han certificado la defunción. Ya sabemos qué hará el próximo parlamento: derogar la ley Wert, porque ya hay una mayoría alternativa. El problema de la derecha es que no conocen a aquellos a los que están fastidiando; no saben cómo viven, ¡es que no han visto un parado en su vida, ni un crónico, ni un becario! No saben la ilusión con que los chavales van a un Erasmus, lo apurados que van de dinero... Es un ejercicio de torpeza tal, que sólo revela revelan una gran insensibilidad.

MEMORIAS POLÍTICAS

Las librerías se han llenado en noviembre de Memorias y ensayos políticos de los expresidentes Felipe González y José María Aznar, que no paran de mandar mensajes por tierra, mar y aire a sus sucesores. A finales llegará el libro de Zapatero, y el de Pedro Solbes. Le muestro a Rubalcaba el de Aznar, recién salido del horno, y le comento los pasajes de sus cuadernos azules sobre el 11M, en los que defiende que nunca dio órdenes de ocultar nada. Y recuerdo la frase que Rubalcaba pronunció y que parecía diseñada para un tuit, antes de que Twitter existiera: “Los españoles se merecen un Gobierno que no les mienta”.

¿Mintió Aznar? ¿Deliberadamente?

Sí, claro. Vamos a ver: he sido durante cinco años ministro del Interior. No hay nadie que sepa lo más mínimo de terrorismo, lo básico, el ABC, primero de primaria, que pueda sostener que un atentado como ese es obra de ETA. No tenían capacidad logística para hacerla, ¡si acababan de pillar a dos mindundis transportando explosivos! No tenía sentido político, y llevaba las huellas del islamismo radical, sólo faltaba la firma. ¡Era evidente que se trataba de un atentado islamista radical! Pero como cuenta Casimiro García Abadillo [vicedirector de El Mundo], la reflexión que se hizo en el PP fue: “Si es ETA ganamos, si es el islamismo radical perdemos”.

Le pregunto también por el libro de Felipe González, en el que reflexiona y pontifica sobre el liderazgo. No lo conoce, no lo sabía, quizá lo lea, pero no está entre sus prioridades. Sí ha devorado de un tirón el libro de Zapatero, aún inédito, sobre el angustioso mes de mayo de 2010. Y le ha servido para conocer algunos detalles que, a pesar de estar en el Gobierno, desconocía.

“Es un libro fundamentalmente honesto”, dice.

Y Rubalcaba, ¿toma notas? ¿lleva un diario? ¿escribirá algún día sus memorias?

Nunca. Lo olvidaré todo.

rubalcaba montserrat dominguez

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