Cobra 2.700 euros de pensión, pero duerme con ocho capas de ropa: "No invito a nadie a casa porque me dirían que suba la calefacción"
"Intento no agravar los problemas climáticos; esa es mi única motivación".

En 2016 se estrenó una película francesa del famoso humorista Dany Boon llamada Manual de un tacaño, pero, aun siendo una película que podría parecer muy exagerada, la realidad puede superar la ficción. Y es que, igual que hay gente muy derrochadora, hay otras donde el ahorro alcanza cotas delirantes, precisamente con un francés como protagonista. Pero, ¿es la tacañería la razón?
Se llama Thierry Albert y podría ser el trasunto de Dany Boon en esa desternillante película, salvo por un matiz muy importante: las motivaciones de ambos son muy opuestas. Habrá que creerle porque Thierry no lo hace por ahorrar al máximo, a pesar de cobrar una suficiente pensión de 2.700 euros al mes, sino por luchar contra el cambio climático.
La imagen, publicada junto a su historia en el medio francés Franceinfo, es de lo más reveladora: enfundado en capas y capas de ropa como si estuviera en el Polo Norte. Pero no, está en el salón de su casa. No se quita el abrigo. A primera hora de la mañana, el termómetro ronda los 10 grados y el frío se instala como un huésped más.
Este jubilado francés de 69 años, residente en La Ferté-Saint-Aubin, en la región de Loiret, ha convertido su vivienda en un experimento radical de sobriedad energética. No por necesidad económica, sino por convicción.
Una historía nada fría
Desde 2019, Thierry decidió reducir al mínimo el uso de la calefacción para no contribuir, dice, al deterioro climático. El resultado es extremo: consume menos de 1.000 kWh de electricidad al año, la mitad de la media individual francesa y muy por debajo del consumo habitual de un hogar. "Intento no agravar los problemas climáticos; esa es mi única motivación", explica.
Está claro que no es pobreza energética o tacañería, sino elección. La buena pensión que cobra tras una carrera en la industria alimentaria y el sector sanitario lo avalan. Podría permitirse mantener la casa a una temperatura confortable. De hecho, subraya una diferencia: "No sufro el frío como quienes no tienen otra opción. No me lo imponen".
Esa distinción es relevante en un país donde la pobreza energética afecta a una parte significativa de la población. Según un estudio reciente de la Fundación para la Vivienda, el 41% de los franceses declara haber pasado frío en su vivienda al menos una vez por motivos económicos. Thierry no está en ese grupo.
Ocho capas y una casa "replegada"
Para soportar el invierno, su estrategia empieza por el cuerpo: ocho capas de ropa, dos pares de calcetines de lana y mallas bajo el pantalón. "Si baja la temperatura, me abrigo más y ya está", resume.
La casa también se adapta. El inmueble, con clasificación energética F, tiene un aislamiento muy deficiente. Por eso, en invierno vive solo en la planta baja y duerme en el salón. La escalera al piso superior está sellada con paneles de madera, plástico de burbujas y cortinas gruesas. Repite el sistema en puertas y ventanas, reforzadas con paneles aislantes de guata de celulosa o lino.
Thierry es consciente de los límites: "No me hago ilusiones. Con cuatro o cinco centímetros de aislamiento en las paredes, hoy eso no es nada". Aun así, cree haber minimizado al máximo la pérdida de calor.
Con todas las consecuencias: ni agua caliente ni visitas
Pero no queda ahí la cosa: el frío no se queda en el aire. El agua también está fría. Thierry ha apagado el calentador y se ducha con agua fría. "Sería fácil vivir a 17 o 19 grados, sin tantas capas", reconoce. "Pero esta sobriedad me parece necesaria hoy".
Vive solo y eso facilita la decisión. "Si viviera con alguien, tendría que hacer concesiones". Por eso no invita a amigos a casa. "Se sentirían con derecho a decirme: 'Sube la calefacción, no quiero congelarme'". Apenas había hablado de su iniciativa hasta que aceptó contarla a un medio regional. Ni siquiera su médico lo sabe. "No se lo he dicho, me autorregulo", afirma.
Thierry no pretende dar lecciones. "No molesto a nadie; lo hago por mi cuenta", insiste. Su casa es fría, sí. Pero su relato añade una capa más al debate sobre energía, consumo y responsabilidad individual.
La situación en España: no por convicción, sino necesidad
Desgraciadamente, la mayoría de los casos no son por decisión propia y conciencia ecológica. En España, el 17,6% de la población (unos 8,5 millones de personas) no pudo mantener su vivienda a temperatura adecuada en invierno de 2024, un descenso de 3 puntos respecto a 2023 gracias a medidas como el bono social y contención de precios, pero un aumento del 65,9% respecto a 2014 y 196% desde 2008, según el informe de Indicadores de Pobreza Energética en España de la Cátedra de Energía y Pobreza de la Universidad de Comillas.
Además, un 9,7% de hogares tuvieron retrasos en pagos de facturas energéticas en 2024; 16,5% gastaron más del doble de la mediana nacional en energía.
