Arend, agricultor, quiere construir un establo pero no esperaba la llegada de los arqueólogos: "Si se encuentra un cofre con oro, tampoco es para mí"
Había restos de hace 3.000 años.

Lo que iba a ser un paso más para asegurar el futuro de su explotación agrícola se ha convertido en una exploración arqueológica. Arend Versteeg, agricultor de 57 años de Uddel, quería construir un nuevo establo ecológico para que su hijo pudiera continuar con la granja familiar, pero antes de poner el primer ladrillo se ha visto obligado a convivir con excavadoras, arqueólogos y restos de hace 3.000 años.
En su pradera, un equipo de arqueología trabaja desde hace semanas retirando capas de tierra. Con chalecos naranjas y palas en mano, documentan fragmentos de cerámica, marcas en el suelo y vestigios que apuntan a la existencia de un asentamiento humano que se remonta a la Edad del Bronce Final.
Entre los hallazgos también se encuentran piezas más recientes, como fragmentos de una jarra decorada con la figura de un hombre barbudo, y que, según los expertos, podría datar de los siglos XVII o XVIII, lo que demuestra que el terreno continuó teniendo actividad humana a lo largo de los siglos.
Según explica el arqueólogo municipal Guido Spanjaard, las decoloraciones del suelo indican la presencia de antiguos postes de madera, posiblemente de un establo o una dependencia agrícola primitiva. “Es un lugar especial, de gran importancia pública, que debe excavarse y documentarse con cuidado”, señala según recoge el medio De Stentor.
Costes inesperados
Mientras los arqueólogos miran al pasado, Versteeg tiene la vista puesta en este año 2026, año en el que espera levantar un nuevo establo de pastoreo en libertad. El proyecto, que cuenta con permiso desde 2021, albergará 50 vacas, 37 cerdas y 180 cerdos de engorde, todos con acceso al exterior. “Me apasiona la agricultura ecológica. No me atrae la ganadería intensiva. Los animales tienen derecho a salir fuera”, afirma.
Su hijo Michael, de 25 años, decidido a seguir los pasos de su padre, ve en este establo la oportunidad de iniciar su propia etapa al frente de la granja. Sin embargo, el hallazgo arqueológico ha supuesto un importante contratiempo económico: la ley obliga a que quien impulsa la obra financie la investigación previa para evitar la pérdida de patrimonio histórico.
A la espera de ayudas
“Soy yo quien quiere construir, así que soy yo quien tiene que pagar la excavación”, explica Versteeg con resignación. El coste del estudio arqueológico rondará los 25.000 euros, mientras que el nuevo establo superará el millón de euros. Y aunque el terreno esconda tesoros, el agricultor no se beneficiará de ellos. “Ni siquiera si encuentran un cofre con oro, tampoco es para mí”, bromea. Todos los hallazgos pasan a ser propiedad de la provincia.
La normativa contempla ayudas si los costes arqueológicos superan el 1 % del presupuesto total de la obra, por lo que Versteeg planea solicitar una subvención municipal. Aun así, todo dependerá del coste final y de cuándo concluyan las excavaciones, cuya duración aún es incierta.
