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Esposas, madres y terroristas: así es el nuevo perfil de las mujeres del Estado Islámico

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¿Cómo consigue el Estado Islámico que las mujeres de Occidente se sumen a sus filas? Con cuatro promesas: emancipación, liberación, devoción y participación. Por sí solas no bastan, hay que sumarles la propaganda y circunstancias personales, pero sí son una parte fundamental del arsenal retórico de los captadores del califato. La suma de todo ello funciona: se estima que más de 500 europeas han emprendido el viaje a la yihad en lo que va de año.

Les funciona de tal manera que consiguen embaucar a personas que, en un primer momento, puede parecer imposible que sucumban. Por ejemplo, actualmente niñas de 16 años dejan su casa en Europa para formar parte del Estado Islámico. Y ya no sólo para cumplir el papel de mujer abnegada y de madre de una nueva generación de militantes, sino para participar en la violencia de la yihad. Así, las mujeres son objeto y sujeto de la llamada del grupo terrorista.

De ahí que se haya convertido en algo fundamental en la lucha contra el Estado Islámico concienciar sobre el rol de la mujer. Fruto de esa necesidad ha nacido la primera Alianza de Mujeres en contra de la Radicalización y el Extremismo, la plataforma Aware, que pretende dar a las mujeres un papel relevante en la lucha contra el yihadismo, en especial por su capacidad para detectar y prevenir la radicalización en los jóvenes. Detrás de Aware está la eurodiputada del Grupo Liberal y vicepresidenta de la Subcomisión de Derechos Humanos, Beatriz Becerra, que asegura que los yihadistas necesitan atraer a mujeres jóvenes “como parte de su proyecto totalitario”.

Becerra explica a El Huffington Post cómo, hace aproximadamente un año, decidió poner en marcha su proyecto piloto, cuya herramienta principal es una plataforma digital. La web actúa como vehículo de comunicación entre todos los que quieran compartir iniciativas efectivas y, aunque aún es un plan “en estado embrionario”, espera conseguir financiación del Parlamento Europeo el próximo mes de octubre, cuando se vote. La eurodiputada sostiene que decidió centrarse en el papel de la mujer porque tiene un “papel fundamental en la radicalización”, proceso sobre el que asegura que hay que “tomar conciencia y una visión global”.

Los hombres no son ni más ni menos víctimas que las mujeres en los procesos de radicalización y reclutamiento

La clave de la estrategia de captación del Estado Islámico reside en que consigue magnificar las injusticias -reales o subjetivas- que han llevado a una persona a atravesar algún tipo de crisis de identidad. Según se recoge en el informe Caliphettes: las mujeres, objeto y sujeto de la llamada del Estado Islámico, los hombres “no son ni más ni menos víctimas que las mujeres en los procesos de radicalización y reclutamiento”. En ambos géneros se da el “embaucamiento”: los propagandistas de la organización explotan como ningún otro grupo yihadista las experiencias negativas -como la marginación y el desarraigo- y las contrarrestan con promesas positivas: el compañerismo y una utópica construcción nacional (el Califato).

A muchos de los simpatizantes del Estado Islámico se les atrae con variaciones de las promesas que se le hacen a las mujeres, que son estas:

  1. Emancipación: la organización transmite la idea de que la mujer que se una a ellos y contribuya a su causa pondrá fin a los males que le aquejan como consecuencia de la marginación y la opresión, tanto si se encuentra en Arabia Saudí como en Reino Unido.
  2. Liberación: la narrativa del Estado Islámico representa a las mujeres como si estuvieran más oprimidas en los países occidentales que en cualquier otra parte del mundo. Prometen que al llegar a sus territorios se liberarán de males que las humillan como los trabajos que las mantienen “lejos del hogar”. Prometen que se liberarán automáticamente de esos males y volverán a su verdadera naturaleza (que gira en torno a los valores de sedentarismo, quietud y estabilidad). Al llegar al califato la sensación de alivio es absoluta.
  3. Devoción: imperativo teológico. Cuanto mayores sean los sacrificios y las dificultades, mejor.
  4. Participación: es fundamental para el Estado Islámico la noción de que quien quiera puede participar en la organización, incluido lo relacionado con la violencia. Todo gira en torno a su “condición de Estado” y para mantener dicha condición se necesitan profesionales de ambos sexos.

De las cuatro promesas, la participación, y más en concreto en la lucha armada de la yihad, es la que más atrae a ambos sexos. Sin embargo, tal y como explica la fundación Al-Zura, en el caso de la mujer, esto supone “prepararse a través de disciplinas como enfermería, costura, cocina, armamento -para defensa personal- o a través de la preparación de cinturones explosivos”. Así, la formación militar se considera complementaria y la participación de la mujer en el Estado Islámico no se manifiesta, habitualmente, a través de acciones violentas, sino llevando una vida “por y para Alá”. Pero esto ha cambiado.

UN NUEVO ROL

Casos como el de la semana pasada, cuando se desarticuló en Francia una célula yihadista compuesta por tres mujeres ligadas al Estado Islámico y que pretendían atentar en París, pone de manifiesto cómo su papel en la yihad está evolucionando. Abu Musab Al-Zarqawi, cabecilla de Al Qaeda en Irak, fue el que cambió el papel de la mujer en Irak para que pudieran ser usadas como suicidas, pero con quien todo cambió realmente fue con Abu Bakr al Bagdadi. Fue él el quien permitió la creación de batallones de mujeres.

Este cambio, en opinión de Becerra, es fruto de que el Estado Islámico se ve obligado a ‘tirar’ de sus últimos recursos. “Empiezan a usar a la mujer de manera ‘multinivel’ porque cada vez les quedan menos hombres combatientes. Están sufriendo grandes pérdidas entre sus filas y por eso empiezan a servirse de las mujeres también para esto”, explica, a la vez que añade cómo, en definitiva, “nutren al Estado Islámico”. “Hay un factor clave: no existe un guerrero yihadista si no tiene mujer. Por eso cualquier chica -especialmente las jóvenes- es caldo de cultivo para esas falsas promesas de los yihadistas, y no sólo las musulmanes. Si ellas se unen, el grupo terrorista tiene futuro”.

No existe un guerrero yihadista si no tiene mujer

Por todo ello, Becerra considera “fundamental” intervenir en el proceso de radicalización que se produce no sólo en las mujeres, sino también en los hombres. En el caso de las mujeres, su papel, explica esta experta en derechos humanos, es cruciale para prevenir la conversión al terrorismo de los jóvenes europeos que deciden unirse al Estado Islámico o llevar a cabo ataques directamente en su país. “Las mujeres son el último nexo”, insiste, “básicamente, las madres” para convencerles de que no lo hagan.

Europol es consciente de la amenaza y en el informe que publicó el pasado mes de agosto alertó de que el número de mujeres que se marchan a Siria e Irak para unirse a las filas del Estado Islámico (EI) y de otros grupos yihadistas es “mayor del que se pensaba”. Por ejemplo, el 40% de los holandeses que están actualmente en zonas de conflicto, según el informe sobre terrorismo 2015 elaborado por Europol, son ya mujeres. El porcentaje es inferior - 20%- en el caso de nacionales de Finlandia, Alemania o Bélgica, pero el flujo de jóvenes y mujeres que responden a la llamada yihadista no ha dejado de repuntar en toda Europa. En ese mismo documento se indicaba cómo muchas de las terroristas son mujeres que se instalan en territorio europeo con sus familias para dar una apariencia menos agresiva. Resultan menos sospechosas que los hombres. Pero su objetivo a medio plazo es cometer atentados igual de mortales.

La única forma de frenar este incremento es, insiste Becerra “interrumpiendo el proceso de radicalización”. “Es la única manera que tenemos para combatir esto de forma real”, apunta. Pero para lograrlo se necesitan recursos y educación, dar herramientas que permitan a la sociedad detectar el cambio que culmina de la peor manera posible. De momento, para seguir adelante con su proyecto, Aware, Becerra cuenta con la participación de la abogada española Miriam González, esposa del exlíder del Partido Liberal Demócrata británico Nick Clegg, de Christianne Boudreau, una madre francesa cuyo hijo se fue a luchar con el Daesh, la investigadora de la Quilliam Foundation Nikita Malik y Nadia Murad, víctima de la yihad sexual. Google y Facebook también se han mostrado dispuestos a colaborar.

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