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Baltasar Garzón: "Algunos no soportan que siga vivo"

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Hubo una época en que el nombre de Baltasar Garzón era el más comentado en los telediarios, en los periódicos, en las radios. Era tan amado como odiado. En cualquier caso, siempre fue incómodo. Durante 25 años de carrera judicial —con él se popularizó el término ‘juez estrella´— ha tocado todos los grandes temas que han agitado el periodo democrático: ETA y los GAL, la corrupción, el narcotráfico, la Memoria Histórica y, sobre todo, el caso Gürtel, cuyo juicio ha arrancado esta semana.

Jienense de 60 años, dice sin rubor que es “de izquierdas”. No en vano fue el ‘número 2’ por las listas del PSOE en las elecciones de 1993 en un paso por la política que apenas duró once meses. De esos polvos le vienen los lodos del desconcierto sobre la política actual y, sobre todo, de la crisis de los socialistas y el dilema sobre si abstenerse o votar ‘no’ en una eventual investidura de Mariano Rajoy: “Lo peor que puede suceder es propiciar un gobierno de Rajoy mediante una abstención”, subraya. No le asusta votar por tercera vez. Nada extraño teniendo en cuenta que ha estado 25 años en el centro de la diana de muchos a los que, incluso, les gustaría verle muerto.

Apartado de la carrera judicial, Garzón publica ahora En el punto de mira (Planeta), mil páginas de memorias trufadas de viñetas. Porque, sostiene, aportan mucho más valor que los editoriales de un periódico. Apenas tiene tiempo y, pese a todo, recibe con una cordial sonrisa y una botella de jengibre para combatir los problemas con la voz. Ese es ahora el mayor problema de un hombre amenazado de muerte por terroristas y narcotraficantes.

¿A quién atribuye su salida de la judicatura por el caso Gürtel?

Al Tribunal Supremo. Es el que me suspendió, aunque ya lo estaba por los crímenes del franquismo. ¿Quién movió o a quién le interesaba que yo estuviera fuera? Al PP y al que dirigía la estrategia del partido en aquel momento, Federico Trillo.

Del que, por cierto, era buen amigo.

Sí, tenía buena relación, pero por arte de magia esa buena relación desapareció porque yo me convertí en una especie de jefe de los malvados. Las personas no cambian así como así. Lo que sí cambia es la oportunidad. Y la oportunidad política para Trillo era entonces la demolición. Era el encargo que tenía.

Después de la dimisión de Bárcenas como senador y demás asuntos se sabía que el proceso iba a volver a la Audiencia Nacional, y lo que menos podía querer el PP o los propios imputados era que el titular fuera Baltasar Garzón. Ante una evidencia como que en el caso del franquismo no iba a haber una condena, mi vuelta al Juzgado Central de Instrucción número 5 me hubiera dejado a cargo de la investigación de Gürtel. Evidentemente eso no se podía consentir. Luego denunciaron unos hechos que, desde mi punto de vista, no eran sancionables como delitos, pero que, sin embargo, el Tribunal Supremo lo entendió así. Fue muy duro en su sentencia. Si uno ve el juicio, el contenido del juicio y la sentencia piensa que aquí falla algo.

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Esa demolición de la que habla tal vez quedó expuesta con la comparecencia de Rajoy con la plana mayor de su partido en la sede de Génova diciendo que el caso Gürtel no era una caso del PP, sino contra el PP.

Resultó evidente la postura que tomaba el PP: la de reventar cualquier investigación y además perseguir al juez, a la Policía, al Ministro del Interior, a los fiscales… a los que se pusieran por medio. Se había tocado en la médula y, por tanto, había que hacer lo imposible para que el mal no se expandiera. El mal quiere decir la investigación judicial.

¿Fue consciente de que entonces empezaba el ataque?

Sí, era consciente de la situación, pero precisamente por ello tenía que seguir adelante. Si hubiese sido cobarde, o no hubiese querido complicarme la vida, lo podría haber hecho sin ningún problema. Simplemente tendría que haber dicho que faltaban elementos y que se continuase la investigación. Es decir, dilatar. Probablemente si hubiera hecho esto hubiese conseguido la presidencia de la Audiencia Nacional. Pero eso sí que hubiera sido prevaricar. Los ataques que recibí fueron sistemáticos. Fue una cacería, no como la que tuve con el juez Bermejo. Se me hizo una investigación por tierra, mar y aire, se fue a países donde yo había estado, se intentaron alterar las cosas. Luego se fueron cayendo todas y cada una, pero seguían insistiendo. La demolición se intentó por todos los medios. Yo creo que lo que no soportan algunos es que yo siga vivo. Es así.

¿Sabe si ha sido espiado por los servicios secretos?

Sí, sí.

Usted ha sido una figura incómoda para el sistema.

Sin duda. En los años 90 alguien me mandó las conversaciones que me habían grabado ilegalmente a mi paso por la carretera de la Coruña, a la altura del Cesid. Me llama la atención el hecho de que, incluso concluida mi labor judicial, se hayan elaborado informes de los países que visitaba para saber qué estaba haciendo. Uno se siente una persona incómoda porque siempre he tenido una visión del Estado muy integral, en la que los diferentes poderes deben colaborar respetando la independencia de cada uno de ellos. Porque respetar la independencia no significa que cada uno vaya por su parte. No era una persona cómoda porque además, en su momento, manejaba muchísima información.

Y teniendo en cuenta la información que manejaba, ¿usted sabe si Mariano Rajoy estaba al tanto de la trama de corrupción en su partido?

Eso no lo puedo contestar porque no tengo más elementos que para decir lo evidente: en los papeles de Bárcenas hay anotaciones en las que, quien lo anotaba, ponía que Rajoy recibía supuestamente unas cantidades de dinero B. Es lo único que usted sabe y yo sé. No sé qué acontecerá en el juicio. Quien tendría que contrarrestar estos hechos los contrarresta desde el Palacio de la Moncloa. No creo que sea el espacio adecuado: debería ser en un tribunal. Por tanto, cuando se rechaza la petición de la concurrencia de Rajoy como testigo, si hubiera sido yo le hubiera dicho al tribunal que quería comparecer, además jurando o prometiendo decir la verdad de cuál ha sido el papel del PP, cómo ha sido su financiación, qué es lo que sabíamos y qué no sabíamos. Eso es lo que nos merecemos los españoles ante una investigación de esta envergadura. Cosas así te dejan una sensación extraña, como de que la justicia no es igual para todos.

baltasar garzon

Y el ciudadano Baltasar Garzón ¿cree que puede volver a ser presidente del Gobierno una persona cuyo nombre aparece presuntamente en las anotaciones de unos pagos en B?

Aparece, sin el presuntamente. Qué significa eso es lo que no sabemos, porque conoces la versión de quien, al parecer, hizo esas anotaciones. Para mí la credibilidad y la transparencia en política es fundamental. Hay veces que los políticos y sobre todos los que ostentan cargos de tanta representación, como es el caso del presidente del Gobierno, no sólo tienen que ser transparente, translúcidos, sino que deben ser una especie de espejo en el que miremos y nos miremos. Podemos discrepar de él, no tener su misma ideología, pero no dudar de su honestidad. Eso es muy importante, es fundamental en la democracia. Y mientras eso no se asuma, y mientras haya expresiones como ‘voy a votar con la nariz tapada’, no estamos consolidados. Porque si tienes que ir a votar, vota a quien no haga taparte la nariz. En este país todavía seguimos diciendo que este no es de los nuestros… Ah, ¿es que todavía sigue habiendo nuestros y ellos? ¿Dónde estamos cuando decimos que tenemos superadas ciertas etapas? ¿Todavía sigue habiendo rojos y azules o por el contrario queremos un Gobierno de frente, abierto, transparente, creíble, que satisfaga los derechos que hemos ido consolidando todos estos años? Esa es la cuestión. Si quien está no responde a esos parámetros, para mí no debería de estar, aun cuando haya sido elegido democráticamente. Desde luego, no con mi aquiescencia.

Para mí es un honor que me abrieran la causa por investigar los crímenes del franquismo

Habla de rojos y azules. ¿Tal vez la causa del franquismo es la que mayor frustración le ha generado?

Para mí es un honor que me abrieran esa causa. Que me suspendieran por esa causa. Alguien me dirá: qué arrogancia tiene. Me sentí muy cerca de las víctimas, experimenté cómo deben estar sufriendo esas víctimas cuando se le niega justicia, cuando para vergüenza de la justicia España la primera vez que víctimas del franquismo comparecen ante un juzgado para contar su historia fue porque mi defensa y yo los convocamos como testigos en el juicio contra mí. Y no porque yo necesitara testigos, sino porque era la única vez en la que iban a poder decir cómo el miedo, el abandono político y social, el desconocimiento de ese sufrimiento, nos pone en el segundo puesto del mundo después de Camboya en personas desaparecidas.

Frustración, no. Intimidación absoluta, enfado, cabreo, hasta los tuétanos. Estamos dando un ejemplo al mundo vergonzoso, de impunidad absoluta. Y me da igual que digan que soy un tremendista. Creo que no. Que haya más de 130.000 víctimas desaparecidas en España después de 80 años sin respuesta… Que haya una ley de Memoria Histórica que no se cumple, que haya cuestiones donde todavía estamos esperando la autorización para exhumar cuerpos y se deniegue por cinco años, que tengamos que estar solicitando que el Valle de los Caídos sea un lugar de encuentro de memoria de reconciliación real y que qué hace ahí la tumba del dictador, que no fue víctima, sino victimario. Choca con todos los principios que, a lo largo de los años, he ido aprendiendo y asimilando de la justicia penal internacional, de la jurisdicción internacional, de los derechos humanos…

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Apenas estuvo 11 meses en política. ¿Se arrepiente del paso que dio? ¿Se sintió decepcionado por Felipe González?

No me arrepiento porque la decisión no la tomé engañado ni influenciado. Fue reflexionado. Creí en ese momento que era una paso necesario para, de alguna forma, contribuir a la purificación y a la credibilidad de la política, que estaba muy cuestionada en ese momento. Mi entrada fue muy clara y el pacto con Felipe fue muy claro: lucha contra la corrupción y regeneración. Me lo creí en el sentido de que, si no se cumplía, yo lo iba a denunciar y me iba a marchar. Después ocurrieron las cosas como ocurrieron. Yo dije públicamente, desde el primer momento, que había que luchar contra la corrupción, que había que seccionar todas las partes contaminadas. Por primera vez publico mi carta de dimisión a Felipe González, donde le digo exactamente esto y que es lo que hoy seguimos debatiendo: no podemos seguir tolerando mentiras o medias verdades, necesitamos que no nos traten como menores de edad a la hora de votar, diciendo que se va a hundir el Estado si entra a Gobernar alguien diferente a nosotros.

Eso pasó también con Aznar.

Bien, en cualquier caso, a mí los tremendismos, la manipulación, el miedo que se mete en las entrañas a gente sencilla que está trabajando y encima le echan la carga de que parece que el Estado se va a hundir por un cambio de perfiles políticos, me parece brutal, deshonesto. Porque no es así.

En sus 25 años de carrera, ¿cuál ha sido su mayor error?

No haber sabido transmitir en algunas ocasiones lo que es una justicia equitativa, si es que eso ha ocurrido. O haberme equivocado en aquellos puntos en que me he podido equivocar y que he reconocido, o no haber sido capaz de llegar hasta el fondo de algunos casos, como el de los GAL, donde quedaron hechos sin esclarecer. Y no hubo voluntad.

Si tienes que ir a votar, vota a quien no haga taparte la nariz

¿No hubo voluntad política?

Ninguna. La política y la policial fue a retranca de la judicial. Se cumplió por parte de la policía, a veces a regañadientes, pero por parte política no hubo esa disección para erradicar el mal. Y nos llegaron después muchos males concatenados: corrupción, Roldán, fondos reservados, mentiras y la continuidad de casos de corrupción hasta hoy. Desde la Transición hasta hoy.

Respecto a ETA, ¿cree que es un tema zanjado para los españoles?

No puede ser un tema zanjado mientras haya personas privadas de libertad, mientras haya estructuras, un armamento que no se ha entregado y responsables de ETA que todavía están en el exterior. Es el tiempo del diálogo para zanjar y terminar este capítulo con el respeto y defensa a la víctimas y el estatus judicial que corresponde. Creo que hay que reflexionar sobre este punto.

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