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Encuentro con dos activistas africanas: "La lucha feminista no terminará nunca"

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Más de un tercio de todas las mujeres y niñas del mundo sufre violencia física o sexual a lo largo de su vida, según datos de la ONU. Estas agresiones no cesan ni siquiera este viernes 25 de noviembre, cuando se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Y, sin embargo, hay gente que se niega a reconocer esta realidad o que la ve como algo normal.

Así lo confirman Kafui Adjamagbo-Johnson y Soline Rubuka, dos mujeres que luchan activamente por los derechos de las mujeres en sus países de origen -Togo y Burundi, respectivamente- y en otras zonas de África Occidental. Allí, al igual que en Europa, las violencias (en plural) contra la mujer existen, pero no así las cifras o las estadísticas, afirman ambas. “La violencia conyugal no es algo de lo que se hable en voz alta”, apunta Rubuka. “Lo de tratar a la mujer como un objeto, como un ser inferior, es algo ligado a la tradición”, lamenta.

Las mujeres son utilizadas como armas de guerra. - Soline Rubuka

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Soline Rubuka, en la sede de Oxfam Intermón de Madrid, donde se ha realizado la entrevista.

No obstante, la violencia no acaba en el ámbito doméstico. “Hay violencia social, violencia económica, violencia sexual”, prosigue. Sabe que en su país, Burundi, acostumbrado a las guerras civiles, “las mujeres son utilizadas como armas de guerra”. “La guerra conlleva esa animosidad hacia el salvajismo, hacia la destrucción. Y al destruir el cuerpo de una mujer, el enemigo toca lo que es más preciado para el hombre, ataca su vulnerabilidad”, cuenta.

Hay que cambiar las mentalidades de esta sociedad patriarcal. - Kafui Adjamagbo-Johnson

Estas mujeres son, sin embargo, optimistas. “Ha habido muchos avances en el marco legal”, coinciden ambas. Y Kafui Adjamagbo-Johnson va más allá: “En la Unión Africana se instauró en 2003 la paridad hombre-mujer entre los comisarios y muchos países han adoptado también cotas de paridad en sus instituciones”. Sostiene que “el ámbito jurídico es el punto de partida”. “Se han aprobado leyes contra la violencia hacia las mujeres, contra el acoso sexual, etcétera. El reto consiste ahora en llevar esos textos a la práctica, pero para ello se requiere un trabajo de largo recorrido. Para ello hay que cambiar las mentalidades de esta sociedad patriarcal”, añade.

Es ahí donde entran los programas de educación, de concienciación y, sobre todo, de implicación de las mujeres. “Para cambiar las cosas, ellas tienen que comprender primero que son individuos con derechos, que la sumisión a los hombres no es normal”, señala Adjamagbo-Johnson.

Esta togolesa, que dirige la Oficina Regional de la ONG Women in Law and Development in Africa (WILDAF), cuenta que su organización lleva a cabo proyectos de diálogo y sensibilización en pequeños pueblos, especialmente con agricultoras. En su país, el analfabetismo es un grave problema, pero cuando se informa a las mujeres de sus derechos, cuando se las hace protagonistas de su progreso, son ellas mismas las que “continúan la lucha” y se enfrentan a los hombres que han cometido alguna agresión, siempre mediante el diálogo.

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Kafui Adjamagbo-Johnson, en la tienda de comercio justo de Oxfam Intermón Madrid.

Para “transformar la situación de las mujeres a largo plazo en un pueblo”, Kafui Adjamagbo-Johnson propone “acciones de proximidad” o “soluciones alternativas”. Por ejemplo, “las mujeres explican a los agresores que se enfrentan a una sanción, que pueden ir a la cárcel por lo que han hecho. En la mayoría de los casos, el hombre lo entiende y pasa de autor de violencia a promotor de lo contrario”, cuenta. Pero aclara: “En caso de violación es distinto, es mucho más complicado y ahí tiene que intervenir la justicia”.

La activista recuerda un caso que le marcó bastante y que demuestra que la mentalidad de las mujeres muchas veces está corrompida por los prejuicios sociales: un hombre hizo creer a una joven estudiante que para obtener un puesto y seguir sus estudios tenían que mantener relaciones sexuales. El hombre estuvo un día entero violando a la chica, que después pudo escaparse por la ventana en un descuido. La chica fue directamente a confesarse porque se sentía culpable.

Por suerte, el cura entendió que lo primero que tenía que hacer la joven era ir al hospital. “La chica estaba tan mal que los médicos estuvieron ocho horas operándola”, afirma escandalizada. La historia llegó a oídos de Adjamagbo-Johnson por medio de su ONG, que siguió el caso y no descansó hasta encontrar al violador, al que capturaron un 24 de diciembre. “Es el mejor regalo de Navidad de toda mi vida”, asegura.

La lucha feminista, por la democracia y por las libertades no terminará nunca. - Kafui Adjamagbo-Johnson

Las violaciones y la violencia de género son también frecuentes en Europa. No obstante, en algunos países de África -sobre todo de África Occidental- existen otras formas específicas de violencia contra la mujer “ligadas a la tradición y a la religión”, principalmente a la musulmana. Es el caso de la mutilación genital femenina y del matrimonio precoz, en el que la pobreza es otro factor muy importante. “Unas veces son las familias las que obligan a las chicas a casarse con un hombre mayor porque es rico, pero otras veces son las propias chicas las que creen que les vendrá bien hacer algo así”, cuenta Adjamagbo-Johnson.

Sin embargo, “al casarse siendo niñas lo único que hacen es perpetuar la pobreza. Muchas veces el hombre ni siquiera es rico, y ellas dejan la escuela, tienen hijos corriendo riesgos en el embarazo y el parto, y luego no tienen medios para mantener a su familia. Es el ciclo de la pobreza”, se lamenta.

Todas estas batallas entran dentro de la lucha feminista y ellas, que “como mujeres africanas, no [tienen] miedo a declararse feministas”, son conscientes de las reacciones que provoca el término ‘feminismo’. “La palabra ‘feminismo’ da miedo porque reclama la igualdad y eso cambiaría el orden actual”, apunta Soline Rubuka.

Hasta ahora, “el hombre siempre ha sido la cabeza, que es lo que dice la religión, y tiene miedo de perder ese poder”. Por su parte, Adjamagbo-Johnson piensa que hay personas que entienden mal el concepto, cuando lo que se busca con la lucha feminista es “justicia, equilibrio y equidad social”. “Hay que posicionarse a favor de las mujeres porque son víctimas de injusticias; no se trata de una guerra de sexos”, añade la activista togolesa, que al mismo tiempo esta convencida de que “la lucha feminista, por la democracia y por las libertades no terminará nunca”.

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