INTERNACIONAL

Las claves de la batalla contra el Estado Islámico en Mosul, su último bastión en Irak

Tras seis meses de ofensiva, la coalición internacional aborda la pelea más dura por la segunda mayor ciudad del país.

03/04/2017 18:11 CEST | Actualizado 03/04/2017 23:40 CEST
MOHAMMED SALEM / REUTERS
Milicianos iraquíes en el campo de entrenamiento de Makhmur, donde reciben lecciones para asediar al ISIS, en diciembre pasado.

"En tres meses habremos eliminado la presencia del Estado Islámico en Irak". Es lo que aseguraba el pasado diciembre Haider Al Abadi, el primer ministro del país. Pero marzo ha acabado y no, sus palabras no son aún una realidad. Ya van tarde. Han ido siempre muy tarde todos, las autoridades locales y las fuerzas internacionales -las norteamericanas a la cabeza-, desde que la invasión de 2003 cambió el dibujo de la zona y sirvió de caldo de cultivo para el nacimiento de grupos yihadistas como el Daesh, ahora difíciles de frenar.

Al Abadi se refería específicamente a la anhelada caída de Mosul, el último bastión del ISIS en Irak, sobre el que el 17 de octubre de 2016 se lanzó una ofensiva conjunta de las fuerzas iraquíes, apoyadas por Estados Unidos y con la colaboración de milicias chiíes sustentadas por Irán -como Hashid Shaabi- para borrar al grupo del mapa.

En las últimas semanas, los ataques de estos aliados se han intensificado, logrando avanzar sobre la que es la segunda ciudad del país y recuperando posiciones esenciales de la ciudad, en manos del EI desde junio de 2014. Sin embargo, los yihadistas aún siguen fuertes en el casco histórico y la guerra entra, así, en una fase definitiva de lucha cuerpo a cuerpo, de asedio a áreas con civiles atrapados, de muchas bajas.

Estas son las claves para entender lo que está pasando en Mosul, de lo que depende el poderío del Estado Islámico y, también, sus posibles represalias en Occidente.

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE MOSUL?

Situada en el norte de Irak, en la provincia de Nínive, es un punto estratégico, la segunda ciudad en importancia tras Bagdad y en la que vivían al inicio de la ofensiva un millón y medio de habitantes. Mosul es clave porque es el último gran bastión del Daesh en Irak. En este país es donde se fundó el ISIS, originalmente conocido como Organización para el Monoteísmo y la Yihad, nacido como un grupo terrorista cercano a Al Qaeda durante la invasión norteamericana de hace 14 años. Fue en Mosul donde el actual líder del grupo, Abu Bakr Al Bagdadi, autoproclamó el califato en 2014.

Fue tomada por el ISIS sin especial oposición de las fuerzas armadas locales y se convirtió en el primer territorio en el que los islamistas podían demostrar que, más allá de cometer atentados, también sabían gestionar un territorio a su manera. Ese ha sido siempre su gran objetivo: el establecimiento de una estructura estatal suní permanente en Irak y el este de Siria, con capital en Bagdad, desde la que reclamar el liderazgo del Islam en todo el mundo.

Ese poder directo sobre el suelo y sus pobladores -una asfixiante bota de hierro- le sirvió para comenzar a reclutar a muchos milicianos en Oriente Medio pero también en Occidente, porque se convirtió en un referente, superando a los de Osama Bin Laden.

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¿CÓMO COMENZÓ LA OFENSIVA?

La batalla organizada contra el ISIS se inició en octubre del año pasado. Hubo que esperar hasta enero de 2017 para que diera sus primeros frutos. La coalición logró entonces expulsar al EI del este de la ciudad, que se declaró como "liberada". Durante semanas fue complicado mantener ese control, porque la tarea de asegurar la zona se veía afectada por ataques constantes por parte del Daesh, muchos de ellos en forma de atentados.

Hace casi tres meses se redoblaron los esfuerzos en Mosul. Al Abadi describió el asedio como "un nuevo amanecer" y pidió a sus soldados "avanzar con coraje para liberar lo que queda de la ciudad", la zona occidental, bastante menor en tamaño que la oriental pero donde el ISIS está muy bien pertrechado, donde mantiene sus principales infraestructuras, redes y armamento.

¿CÓMO HA IDO EVOLUCIONANDO?

La pugna por recuperar la ciudad ha demostrado ser mucho más dura y está llevando más tiempo de lo que se esperaba. Los soldados iraquíes se encontraron con una férrea resistencia de los militantes yihadistas, que utilizan francotiradores, coches bomba y explosivos escondidos en las calles para hacer daño a la coalición.

Pese a ello, a finales de febrero las tropas coaligadas tuvieron por primera vez acceso al oeste de la ciudad, después de que los intensos bombardeos de EEUU les fuera abriendo camino. En esos días, a los yihadistas les arrebataron en la periferia sur el control del aeropuerto y de la base cercana de Al Ghazlani. Fueron conquistas estratégicas para los anti-Daesh, porque consolidaban el avance hacia el oeste de la ciudad.

El aeródromo no sirve ya como tal, minado y destrozado con zanjas como lo han abandonado los terroristas, cuando en 2007 Washington lo había dejado impecable con una importante reforma. Ya no queda nada de aquello, pero al menos sirve de cuartel, de puesto de avanzada en su teatro de operaciones. La base, por su parte, fue la misma de la que en junio de 2014 habían escapado los iraquíes y donde el Daesh ha llevado a cabo ejecuciones masivas.

Además, el tridente de fuerzas extranjeras y nacionales, policía federal y unidades especiales avanzó en un puente sobre el río Tigris, paso esencial para permitir el traslado de municiones y efectivos. El control de los aliados sobre esta estructura -la mayoría de puentes están destrozados- es total ahora, y lo mismo ocurre con las carreteras de la ciudad, aunque están sembradas de tantas trampas que tienen que ir avanzando con excavadoras y con blindados.

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Soldados iraquíes, con bolsas de avituallamiento, por las calles de Mosul.

Igualmente, el Daesh ha dejado de controlar en estos meses los principales complejos gubernamentales -policía, juzgados, oficinas...-, incluyendo cárceles como la de Dabush, donde se contaban por centenares los muertos, sobre todo chiíes, y donde recientemente se ha hallado una fosa común con más de 500 cuerpos.

Gracias a conquistas como estas, se ha podido desarrollar una campaña en la que los bombardeos se han dado la mano con los registros de la zona atacada y las posteriores confiscaciones, que han dejado al Estado Islámico con muy pocas armas en su haber. Tampoco cuentan ya con las fábricas y talleres en los que podían ir reparando su arsenal o construyendo nuevas armas.

¿QUÉ PROBLEMAS SE ESTÁN ENCONTRANDO?

A pesar de que geográficamente la zona que queda por conquistar es más pequeña, estratégicamente el desafío es mayor, porque además de estar densamente poblada, la zona occidental está formada por barrios de callejones antiguos, calles sinuosas y estrechas, casi una ratonera. Por allí no pueden pasar ni los blindados del Ejército regular. Los soldados tendrán que entrar caminando, yendo casa a casa, y las fuerzas iraquíes serán así mucho más vulnerables a los ataques suicidas del EI.

Aunque este tipo de atentados ha bajado drásticamente en los dos últimos meses, el enorme conocimiento que el ISIS tiene del terreno que aún domina lo hace aún más peligroso y, puede, más certero. Tres años llevan los islamistas aprendiéndose cada piedra, haciéndose fuertes, esperando este momento, reforzados además por combatientes extranjeros.

En esta parte de la ciudad las fuerzas iraquíes deberán enfrentar también la red de túneles de los yihadistas, que les permite esconderse de la vigilancia de la superficie y, al tiempo, usar más drones (aviones no tripulados) para detectar y atacar a su enemigo desde su escondite bajo tierra.

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Una refugiada de Mosul y su bebé, en el cercano campo de refugiados de Hammam al-Alil.

¿CUÁL ES LA SITUACIÓN AHORA MISMO?

Según informa el Gobierno iraquí, se calcula que el Estado Islámico controla menos de un tercio de la ciudad, un terreno de menos de 10 kilómetros. Actualmente, su armamento se reduce casi por completo a explosivos y morteros y no tiene más de 2.000 milicianos a su disposición. Incluso su líder, Al Bagdadi, ha huido de la capital del califato. Su paradero es una incógnita. Ahora la lucha en Mosul la llevan líderes operacionales del ISIS.

La ONU calcula que dentro de la zona en poder del Daesh puede haber unos 600.000 civiles atrapados, de los que la mitad al menos con menores de edad. Su situación es de desabastecimiento, bloqueados como están los accesos por el asedio. Faltan alimentos y agua, lo poco que hay se vende a precio de oro y carecen de servicios esenciales como potabilizadoras o redes de electricidad.

"Esta es la lúgubre elección para los niños en el occidente de Mosul: bombas, fuego cruzado y hambre si se quedan, o ejecuciones y francotiradores si tratan de huir", en palabras del director de Save The Children en Irak, Maurizio Crivallero, recogidas por la BBC.

La denuncia de que los civiles son usados como escudos humanos por el ISIS es recurrente, tanto si los emplean para defender las casas en las que se esconden como si los hacen explotar para hacer daño a sus adversarios mientras ellos escapan.

Al menos 200.000 vecinos de Mosul han escapado de la ciudad y muchos se encuentran ahora en campos de refugiados en los alrededores de la ciudad, en zonas controladas por los iraquíes. Son datos del Ministerio de Migraciones y Desplazados. Las condiciones en estos campamentos, según desvelan en las redes sociales grupos locales de activistas, son muy precarias.

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¿QUÉ ESTÁ OCURRIENDO CON LAS VÍCTIMAS CIVILES?

En los últimos días la ofensiva aliada se ha visto rodeada de una tremenda polémica, ya que según varios grupos locales e internacionales (Amnistía Internacional entre ellos), se ha producido la mayor matanza de civiles desde 2003, desde la invasión norteamericana. Al menos 200 personas han muerto tras colapsar un edificio residencial; primero se acusó al ISIS de causar la carnicería con un camión bomba -uno de sus recursos más habituales en Irak- pero luego los iraquíes y los norteamericanos reconocieron que el lugar coincidía con las coordenadas de un punto en el que la coalición había llevado a cabo un bombardeo, en el barrio de Al Yadida.

El Pentágono ha abierto una investigación al respecto y las tropas iraquíes han suspendido gran parte de sus operaciones en la zona, a la espera de las conclusiones, aunque algunos mandos han hecho declaraciones a la prensa local diciendo que si efectivamente los muertos son de su cosecha, serían un "daño colateral" que se justifica por el bien mayor de la caída de Mosul.

El Alto Comisionado de la ONU para Asuntos Humanitarios, Zeid Raad Al Hussein, ha denunciado la "pérdida masiva de vidas civiles" y, aunque ha abominado de los "implacables" yihadistas que ponen "deliberadamente en peligro" a los ciudadanos, también ha pedido a las fuerzas de seguridad de Irak y a sus aliados que "eviten esta trampa". "No han tomado las precauciones adecuadas para prevenir la muerte de civiles, violando el derecho internacional", ha reprochado Amnistía a los perseguidores del ISIS.

Una organización llamada Airwars, que lleva el recuento de las víctimas de los bombardeos internacionales tanto en Irak como en Siria, sostiene que son más de mil los muertos inocentes registrados sólo en el mes de marzo pasado.

Posiblemente lo peor para los inocentes esté aún por llegar en Mosul.

La batalla por Mosul

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