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Los expertos coinciden: un muro submarino de 80 kilómetros evitará que se derrita el glaciar del 'Juicio Final' y proponen construirlo

Los expertos coinciden: un muro submarino de 80 kilómetros evitará que se derrita el glaciar del 'Juicio Final' y proponen construirlo

El proyecto contempla una infraestructura de gran escala: con unos 80 kilómetros de longitud y más de 150 metros de altura.

Glaciar
GlaciarGetty Images

El deshielo acelerado del glaciar Thwaites, en la Antártida Occidental, lleva años encendiendo alarmas entre la comunidad científica. No es un glaciar cualquiera: su tamaño, su ubicación y su comportamiento lo han convertido en uno de los puntos más sensibles del planeta frente al cambio climático. 

Ahora, un grupo de especialistas en ingeniería y ciencias del clima plantea una idea tan ambiciosa como controvertida: levantar una especie de "muro" submarino de decenas de kilómetros para frenar su deterioro.

La clave del problema está bajo el agua. El hielo no solo se derrite por el aumento de la temperatura del aire, sino también —y de forma muy relevante— por el contacto con corrientes oceánicas más cálidas que erosionan su base. 

Este proceso debilita el glaciar desde abajo, acelerando su desintegración. Por eso, la propuesta no se centra tanto en enfriar el entorno como en impedir que ese calor llegue hasta el hielo.

Un escudo bajo el mar

La solución que se está estudiando consiste en instalar una barrera flexible anclada al fondo marino, frente al glaciar. Su función sería actuar como un escudo físico que bloquee el paso de esas aguas más templadas. No se trataría de una estructura rígida convencional, sino de una especie de cortina submarina diseñada para adaptarse a las condiciones extremas del entorno antártico.

El proyecto contempla una infraestructura de gran escala: unos 80 kilómetros de longitud y más de 150 metros de altura. Dimensiones que dan una idea tanto de la magnitud del problema como del desafío técnico que supondría llevarlo a cabo. Según sus impulsores, esta barrera no resolvería el cambio climático ni detendría por completo el retroceso del glaciar, pero sí podría ralentizarlo de forma significativa.

Esa ralentización es, precisamente, el objetivo. Ganar tiempo. En el contexto actual, donde las emisiones globales siguen siendo elevadas, cualquier medida que permita reducir la velocidad del deshielo puede marcar la diferencia a medio plazo.

Un gigante con impacto global

El interés en Thwaites no es casual. Este glaciar aporta aproximadamente un 4% del aumento anual del nivel del mar en todo el mundo. Puede parecer una cifra modesta, pero su potencial es mucho mayor. Si llegara a colapsar por completo, el nivel del mar podría subir en torno a 65 centímetros. Una cifra que tendría consecuencias graves para ciudades costeras, infraestructuras y millones de personas.

Además, Thwaites actúa como una especie de "tapón" que contiene otros grandes volúmenes de hielo en la Antártida. Si pierde estabilidad, podría desencadenar un efecto en cadena que aceleraría aún más la subida del nivel del mar. De ahí su apodo, nada exagerado para muchos expertos: el glaciar del Juicio Final.

Ciencia en condiciones extremas

Mientras se debate la viabilidad de soluciones a gran escala como esta barrera submarina, los científicos siguen tratando de entender con mayor precisión qué está ocurriendo dentro del glaciar. Para ello, están recurriendo a técnicas cada vez más sofisticadas.

Una de las más llamativas consiste en perforar el hielo mediante agua caliente para introducir sensores a profundidades cercanas a los 1.000 metros. Estos instrumentos permiten medir directamente cómo interactúan el océano y la base del glaciar, un punto crítico que hasta hace poco era prácticamente inaccesible.

Los datos que se están obteniendo son fundamentales para afinar los modelos climáticos y evaluar qué tipo de intervenciones podrían ser realmente eficaces. También sirven para confirmar que el proceso de deshielo es más complejo —y rápido— de lo que se pensaba hace apenas unas décadas.

Entre la urgencia y la incertidumbre

La idea de construir un muro submarino de estas características abre un debate inevitable. Por un lado, refleja hasta qué punto la situación es urgente y exige soluciones innovadoras. Por otro, plantea dudas sobre su coste, su impacto ambiental y su viabilidad técnica en uno de los entornos más hostiles del planeta.

No es la primera vez que se plantean intervenciones de este tipo, a medio camino entre la ingeniería y la geoingeniería climática. Sin embargo, el caso de Thwaites destaca por la claridad del problema: se sabe qué lo está debilitando y, en teoría, cómo podría mitigarse ese proceso.

La gran incógnita es si la comunidad internacional estará dispuesta a apostar por una solución de esta escala o si, como ha ocurrido en otras ocasiones, estas propuestas quedarán en el terreno de la investigación. Mientras tanto, el glaciar sigue perdiendo hielo y el margen de maniobra se reduce.

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