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¿Debemos acostumbrarnos a vivir bajo la amenaza terrorista?

30/03/2016 07:02 CEST | Actualizado 30/03/2016 07:02 CEST
REUTERS

Yo creo que no.

En España hemos luchado contra ETA durante cuarenta años. ETA nos puede parecer ahora un grupo de aficionados al lado de DAESH o Al Qaeda, pero en su sangriento contador figuran más de ochocientas personas asesinadas y todavía más de trescientos casos sin resolver, y, en cierto modo su amenaza era peor por cuestiones domésticas. Los etarras contaban con el apoyo de una minoría no despreciable en el País Vasco y con el silencio cómplice y cierta infamante comprensión por parte de muchos, que aún hoy pervive escandalosamente en determinados personajes. Aquí hubo que plantar cara no sólo a los terroristas, sino a quienes querían (y todavía quieren) equiparar a víctimas y verdugos. La democracia venció cuando se negó a acostumbrarse y articuló una respuesta policial y legal suficiente. Y también cuando una parte de la sociedad demostró que era posible alzar la voz.

España debería ser una voz autorizada en la lucha europea contra el terrorismo. Acumulamos una dolorosa experiencia que nos hace conscientes del valor de la ley y de unos servicios de seguridad e inteligencia bien coordinados. Éste debería ser un motivo más, yo diría que uno de los prioritarios, para que quienes tienen la posibilidad y responsabilidad de formar gobierno lo hagan ya, prescindiendo de intereses cortoplacistas. Porque ¿cómo nos van a escuchar si ni siquiera hay nadie al mando cien días después de unas elecciones generales de aceptado carácter histórico para España? ¿Precisamente cuando nos estamos jugando el legado de construcción europea de sesenta años?

Debemos rechazar de raíz los discursos que sugieren que "algo habremos hecho para que nos maten". Los muertos en el metro y en el aeropuerto, en el parque y en el estadio, en la sala de conciertos y en la escuela y en el tren y en los grandes almacenes y en el centro social y en el hotel... los muertos de París, de Madrid, de Lahore, de Alejandría, de Bruselas, de Nairobi, de San Bernardino, de Adén... somos nosotros. Gente normal que vive su vida sin hacer daño a nadie. Todos somos parte de la misma lucha contra el terror indiscriminado. Pero el respeto a las víctimas, y la defensa del derecho a vivir libres y sin miedo, nos corresponde a quienes las sobrevivimos.

Europa es el verdadero gigante dormido. Envejecido, desorientado, achacoso y asaeteado por mil males.

Los yihadistas no cuentan en Europa con un brazo político ni con apoyo social. Está en manos de los europeos establecer una política de seguridad común y eficaz, que garantice que podemos vivir y desarrollar nuestra sociedad seguros y, por tanto, libres. Está en nuestras manos avanzar hacia una política exterior común que nos haga más fuertes e influyentes con una sola voz poderosa y coherente. Y está en nuestras manos integrar nuestros servicios de inteligencia en una Agencia Europea única, venciendo remilgos e intereses propios de otras épocas y optimizando los excepcionales nuevos recursos tecnológicos de ésta en que vivimos. Como ha afirmado el presidente de mi grupo ALDE, Guy Verhofstadt, "es tan absurdo como peligroso rechazar la creación de una agencia europea en aras de la soberanía nacional". No por principios, sino por una cuestión de eficacia: los terroristas no tienen fronteras, la inteligencia europea sí.

Está en nuestras manos, en definitiva, activar la cláusula de solidaridad prevista en el artículo 222 del Tratado de la Unión Europea, y actuar conjuntamente ante una amenaza terrorista, movilizando todos los instrumentos, incluidos los medios militares, mediante decisión adoptada por el Consejo, a propuesta conjunta de la Comisión y del Alto Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, e informando al Parlamento Europeo.

Europa es el verdadero gigante dormido. Envejecido, desorientado, achacoso y asaeteado por mil males, por el populismo y el extremismo, por el nacionalismo y el partidismo, por la radicalización y la emigración, por la desigualdad y la involución económica... pero un gigante único y excepcional. En capacidad, conocimiento, talento, solidaridad, energía, leyes, democracia, derechos y libertades. Hagámoslo despertar y no permitamos que vivir aterrorizados se convierta en una costumbre.

#JeSuisToutesLesVictimesDeLaTerreur

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