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Obama ante el desafío de la recesión

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Después del triunfo electoral de noviembre, duramente trabajado, el segundo mandato del presidente Obama se presenta muy complicado. La mayoría en la Cámara de Representantes de un Partido Republicano en crisis de reubicación en el espectro político del país, es la fuente principal de los problemas.

Pero el trasfondo de la crisis fiscal no sería distinto aunque los demócratas controlaran las dos cámaras. La cuestión que no se discute es la necesidad de hacer evolucionar la situación hacia una corrección de los desequilibrios de deuda y déficit de las Administraciones Públicas. Nada muy diferente, aunque más grave cuantitativamente, a lo que ocurre en la Unión Europea.

Parece lógico pensar que el llamado abismo fiscal terminará en un acuerdo bipartidista.

Los republicanos se moverán entre la tentación de aumentar la dosis de radicalismo neoconservador y la de girar su posición hacia el centro. Típico dilema tras la derrota presidencial y la crisis subsiguiente de liderazgo: ¿Perdieron por exceso o por defecto? Los más moderados creen que perdieron porque abandonaron el centro político y descuidaron a los hispanos. Los radicales pugnan por lo contrario y defienden que no fueron coherentes hasta el final en su mensaje.

Los demócratas se sienten triunfadores en la contienda y creen, razonablemente, que tienen que cumplir con sus compromisos electorales, legitimados por las urnas. Por eso Obama acude a su maquinaria electoral para mantener la tensión de la opinión pública y obligar a los republicanos a pactar la superación de ese abismo fiscal en términos compatibles con sus propuestas de campaña.

La batalla ideológica está servida. La partidista también. Parece lo mismo, pero no lo es. Los republicanos no querrán asumir la responsabilidad de bloquear al país negándose al acuerdo que supere esta dramática situación, pero al mismo tiempo tratarán de desgastar a Obama llevándolo a cambiar sus compromisos electorales. El tipo de acuerdo al que estén dispuestos a llegar estará condicionado por este interés partidista, influido por su propia batalla interna.

Pero también hay un trasfondo ideológico que va más allá de la pelea partidista inmediata. Demócratas y republicanos discrepan en el enfoque de medio y largo plazo para enfrentar y superar la crisis económica y fiscal que atraviesa el país.

Obama está más cerca de los que piensan que el inevitable ajuste fiscal de Estados Unidos, tiene que ser compatible con el crecimiento de la economía y del empleo. Esto lo lleva a plantear ese ajuste de manera más suave, sin abandonar las políticas de estímulo, presionando fiscalmente a las rentas más altas y manteniendo políticas de redistribución como las que se derivarían de su reforma sanitaria. Para este tipo de enfoque tiene la suerte de contar con una Reserva Federal que inyecta liquidez a la economía, frena la especulación contra los bonos del tesoro con compras ilimitadas, mantiene tipos de interés por debajo de la inflación y, sobre todo, fija los objetivos de su política monetaria dando prioridad a la creación de empleo.

Los republicanos creen que el camino es la austeridad pura y dura. Recortes de gasto sin subidas de impuestos a las rentas más altas, mercados autorregulados y menos intervención del Estado, esperando que esto anime a las empresas y ajuste las cuentas públicas.

Obama cree que sin crecimiento no es posible superar el problema de la deuda y del déficit fiscal: el que no crece no paga. Los republicanos creen que la reducción drástica de gastos fundamentales los llevará a crecer "milagrosamente", aunque no hay ninguna evidencia de que esto sea así ante una crisis de las dimensiones de la actual. ¡Como estamos viendo en Europa!

Pero la cuestión fundamental sigue presente, más allá de la superación de ese abismo fiscal que enfrentan estos días. ¿Las cuentas públicas de Estados Unidos son sostenibles a medio plazo? ¿Tendrán que aceptar un deslizamiento hacia la inflación para licuar el enorme volumen al que ha llegado la deuda?

No es fácil evitar, en este contexto, que la economía de Estados Unidos camine hacia el estancamiento o la recesión. Un mal contagioso que afecta a todo el mundo desarrollado. De la respuesta depende la economía de Estados Unidos y en el marco de la globalización, también la de los demás.

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