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Por qué cada vez es más probable el conflicto entre Estados Unidos y Rusia

12/04/2017 14:45 CEST | Actualizado 13/04/2017 10:38 CEST

Getty/WorldPost illustration

MOSCÚ — La relación de Estados Unidos con Rusia está volviendo rápidamente a "la normalidad": al rechazo mutuo y la confrontación. Hace unos días, la visita a Moscú del secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, se aguardaba con la esperanza de que por fin ambos países empezaran a trabajar en su nueva agenda y a preparar el encuentro de sus presidentes. Pero el ataque a Siria cambió el tono del viaje: ahora, se tratará de un intento de suavizar una nueva crisis en las relaciones entre Moscú y Washington.

Parece evidente que la visita —la primera a Rusia desde que la nueva Administración de Estados Unidos llegó al poder— reinterpretará el pasado en lugar de representar un nuevo comienzo. ¿Qué conclusiones ha sacado Moscú del reacercamiento fallido con Trump?

En primer lugar, los objetivos internos de Washington han sobrepasado a los externos. De hecho, está en total consonancia con las prioridades —"Estados Unidos primero"— que Trump ha dejado claras. Se esperaba que el presidente estadounidense redujera el activismo de política exterior y avanzara hacia el aislacionismo con el objetivo de centrarse en los problemas nacionales. Pero tras haberse encontrado con obstáculos al implementar su programa político en Estados Unidos, Trump ha decidido utilizar la política exterior como un instrumento para mejorar el clima político que rodea a su Gobierno.

Sus tácticas han resultado exitosas: el bombardeo a Siria fue el primer movimiento con el objetivo de ganarse la aprobación general en Washington. Pero, estratégicamente, esto es muy peligroso, porque la Casa Blanca no tiene ningún plan de acción más en Siria. Como puede deducirse de una serie de afirmaciones contradictorias, se desconoce qué es lo que quiere conseguir Estados Unidos allí.

Básicamente, Washington está volviendo a la posición en la que se encontraba hace dos o tres años —el cambio de régimen en Siria y el apoyo a los rebeldes—, pero en una situación completamente nueva que, en el peor de los casos, podría llevar a un enfrentamiento militar directo con las fuerzas armadas rusas. Y su acción se debe principalmente a un deseo de revertir la situación política actual de Estados Unidos más que a una estrategia internacional.

Para Trump, solo se puede llegar a un acuerdo desde una posición de superioridad. Pero para Putin no puede haber acuerdo bajo presión.

En segundo lugar, el estado habitual entre Rusia y Estados Unidos es el de confrontación. La victoria de Trump en las elecciones sembró la esperanza en Moscú de que esos cambios radicales en la política estadounidense pudieran ayudar a mejorar la relación bilateral. Pero esa esperanza se ha desvanecido.

Rusia no es de por sí un punto de interés para Estados Unidos. No es una prioridad, sino un instrumento para cubrir otras tareas que sí que son importantes para Estados Unidos. La atención desproporcionada que se le está dando a Rusia en los debates sobre política estadounidense no deberían engañar a nadie de Moscú. No quiere decir que sea muy relevante, sino al contrario: es señal de desconsideración. Al parecer, Rusia no es más que un complemento útil para aliviar el descontento político entre los diferentes grupos de interés de Washington.

Al mismo tiempo, hay un factor que lleva décadas sin cambiar: la disuasión nuclear mutua, la capacidad de los dos países para destruirse físicamente. Sobre esta base se sustenta la naturaleza de confrontación de las relaciones, que lleva desde los años 50 rebotando entre la provocación y el estado de relajación.

El apoyo generalizado al ataque a Siria por parte de los aliados animará a Washington a actuar otra vez de la misma forma.

En tercer lugar, Trump no es impulsivo ni impredecible. Ha actuado exactamente como dijo que haría. La idea principal de su retórica durante la campaña electoral era la siguiente: "Todo el mundo debe respetar a Estados Unidos y, si alguien no lo hace, haremos que nos respete". El objetivo del bombardeo a la base militar siria era demostrar a todo el mundo que Estados Unidos vuelve a entrar al campo de juego, que se ha terminado el periodo de confusión y de mantenerse al margen y que ni Rusia ni nadie puede actuar como si Estados Unidos no estuviera ahí. Respecto a esto, Trump tiene una opinión parecida a la del presidente ruso, Vladimir Putin, que le felicitó por haber vencido a Obama.

Además, hay una diferencia fundamental. Aparte de que está preparado para actuar de forma decisiva e inesperada, sin tener que seguir los procedimientos formales, Putin tiene un objetivo claro; ya sea establecerse en Crimea o intervenir en Siria. Trump y su equipo no dan la misma impresión y su empeño en demostrar fortaleza y determinación es, según parece, un valor intrínseco. Esto nos lleva a la siguiente diferencia: Putin domina la política de riesgo calculado, lo que significa que es consciente de los riesgos y de las líneas rojas que no puede sobrepasar. La pregunta es si Trump, que no tiene ninguna experiencia en relaciones internacionales, es consciente de ello.

En cuarto lugar, no tendría sentido para ninguno de los dos hacer concesiones en las circunstancias actuales. Para Trump, solo se puede llegar a un acuerdo desde una posición de superioridad. Pero para Putin no puede haber acuerdo bajo presión. La situación es delicada y puede tener consecuencias de gran alcance. Está claro que Rusia no busca la confrontación a estas alturas, a menos que la presión siga yendo a más. No obstante, a juzgar por informaciones que se han filtrado en Washington, irá a más, al igual que la oposición.

Si la presión va a más, Rusia responderá a su manera: de forma asimétrica y brusca.

Solo se puede contar con la prudencia de las fuerzas militares de ambos países y con que tomen precauciones para evitar un conflicto directo. En cualquier caso, se trata de una situación muy frágil en ausencia de contacto político. La coordinación política con un socio que se guía por las necesidades internas de su país y por la reputación y el prestigio es una tarea extremadamente poco fiable.

En teoría, se puede dar por hecho que al reforzar sus posiciones políticas dentro de Estados Unidos, Trump conseguirá más margen de maniobra en sus relaciones con Rusia. Pero la crisis política de Estados Unidos es tan profunda y aguda que una acción demostrativa no basta y deberá ir seguida de otras acciones. El apoyo unánime del ataque a Siria por parte de los aliados, que se regocijaban por que Estados Unidos demostrara su fuerza de voluntad y su determinación, animará a Washington a actuar de la misma forma otra vez. La débil perspectiva de que se produjera un acuerdo político cuando Estados Unidos dio un paso atrás puede verse arruinada (de nuevo) por la gran rivalidad entre las potencias. Su lógica no tiene piedad y no priorizan en absoluto los intereses del pueblo sirio, sino el prestigio de los jugadores principales, algo muy importante tanto para Putin como para Trump.

Se podría decir que, en general, la relación de Estados Unidos con Rusia está volviendo rápidamente a "la normalidad" si no fuera por el hecho de que no hay hueco para las prioridades y los objetivos de Washington en la agenda internacional. Lo más probable es que Rusia se contenga y deje atrás esa esperanza ilusoria por un cambio cualitativo en su relación con Estados Unidos. Pero si la presión va a más, Rusia responderá a su manera: de forma asimétrica y brusca.

Este post fue publicado originalmente en 'The WorldPost' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero

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