Obama llegó a Jerusalén y compartió, ante un auditorio abarrotado de jóvenes, una inquietud que ningún mandatario de la Casa Blanca se había atrevido a mencionar antes en público: "No habrá paz hasta que os pongáis en la piel de los palestinos; hasta que intentéis ver el mundo que contemplan sus ojos". Esto, que podría pasar como un comentario paternal en un discurso protocolario, supone un paso para la humanidad más grande que el que dio Armstrong sobre la Luna. Es una invitación sincera a revisar la historia y comprobar que los palestinos estaban allí antes de la creación oficial de Israel.