En Europa, debemos congratularnos porque Obama debe ayudarnos a desmontar el fundamentalismo de la austeridad impuesto por la derecha europea, por Alemania, y del que nuestro Gobierno también de derechas no parece saber encontrar escapatoria.
Lo bueno para Obama es que va a empezar un nuevo mandato con unas expectativas mucho más razonables que hace cuatro años, cuando su promesa de "cambio" generó una esperanza febril de que todo iba a cambiar. Estas expectativas irreales han pesado como una losa durante su primer mandato. Ahora que ya se han templado.
Es cierto, no lo ha hecho como lo esperábamos. Ni acabó con el desempleo, ni mejoró la economía... siguió además, atado de manos, favoreciendo a grupos de poder e intereses privados más allá de sus promesas de campaña del 2008. Si Romney pierde, el mundo gana.
El colegio electoral y en consecuencia, el mapa electoral, sigue siendo la única forma de ganar. Da igual lo que digan las encuestas nacionales a estas alturas -solamente importa lo que pase en los nueve estados claves. Ningún republicano ha llegado a la Casa Blanca sin ganar Ohio, donde Obama ha mantenido una ventaja ligera pero consistente.
Mitt Romney no solamente ganará las elecciones; su ventaja será mayor de lo esperado. Recordemos que en el sistema electoral presidencial en EE UU los candidatos, en realidad, compiten por los 538 votos electorales. Para ganar las elecciones un candidato tiene que igualar o superar los 270 votos.
En el último debate entre ambos candidatos, Obama describió en tres zarpazos la voluntad de Romney: volver a la política exterior de los años 80 (el republicano había dicho que Rusia es la mayor amenaza para EE.UU.), a las políticas sociales de los 50 (especialmente contra los derechos de las mujeres), y las políticas económicas de la década de los 20 (las que hicieron posible el crac bursátil del 29 y la posterior Gran Depresión).
Aunque parece que las encuestan indican que Obama está en camino de ganar en Ohio, el resultado final no está nada claro porque, al contrario que en Irán y Rusia, aquí en EE UU no se sabe cuál puede ser el impacto cuantitativo de la supresión del voto electoral.
Romney quiere hablar de forma dura como George W. Bush pero no quiere ser asociado con sus políticas y no puede estar siempre de acuerdo con Obama. Al final, igual que con sus políticas domésticas, no tiene valores fundamentales y está dispuesto a decir lo que sea para ganar. Eso no es solamente peligroso para EE UU sino para el mundo.
Les pido que, como yo, apoyen a Obama e impidan que otros deshagan nuestros progresos. Esta es una de las campañas más importantes de nuestra vida. La elección está clara, y somos nosotros quienes debemos ayudar al presidente luchar para continuar los avances tan importantes que ha logrado.
Ha vuelto el Obama que conocemos, de sonrisa fácil y energía, que trasmite tranquilidad. Y ha vuelto el Romney moderado, pero esta vez salió a la defensiva acerca de sus políticas, nervioso sobre las normas y el tiempo del debate.
La campaña electoral en EE UU ha entrado en una nueva fase y parecen pintar bastos para Romney. Las malas noticias siguen acumulándose para su campaña, que lleva una racha de lo más negativo a causa de los errores que se está infligiendo a sí misma.
Al seleccionar a alguien como Ryan que despierta tantas pasiones entre los más conservadores, Romney está tratando de neutralizar la sospecha de su falta de compromiso con los principios más conservadores, y a la vez está intentando movilizar al electorado del Tea Party para asegurarse que votan por él. En una elección que se espera muy reñida esos votos pueden ser claves.
La mayoría de los votantes asocian todas las políticas para superar la crisis con la presidencia de Obama. El muy criticado rescate financiero de Bush de finales del 2008, se percibe entre el electorado como una política de Obama.
Hasta hace poco parecía que EE UU podría ser uno de los pocos países en que un gobernante podría ser reelegido pese a la crisis. Los últimos datos, sin embargo, muestran la gran debilidad de Obama.