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La victoria de Obama, un triunfo para la ciencia electoral

19/11/2012 10:06 CET | Actualizado 18/01/2013 11:12 CET

Obama lloró mientras dio las gracias el miércoles pasado al personal y a los voluntarios en la sede de su campaña en Chicago. Fue una muestra de emoción muy acertada: esta vez la victoria no tiene que ver con su propia magia, sino con su campaña, donde ha mandado los datos, la métrica, la demografía y la tecnología.

El partido republicano no tiene una relación amorosa con la ciencia. Luchan por enseñar el creacionismo en los colegios en vez de la evolución. El cambio climático no es nada más que un engaño por parte de unos científicos de izquierdas pero durante los últimos días de campaña el huracán Sandy nos recordó de forma dolorosa las repercusiones reales del cambio climático. Una cosa es negar la ciencia en cuestiones políticas, y otra muy distinta ignorarla en la gestión de una campaña presidencial.

Romney no dijo nada mientras políticos republicanos afirmaron cosas ridículas sobre las mujeres, como que las víctimas de "la violación legítima" no suelen quedar embarazadas porque el cuerpo femenino tiene formas de acabar con el embarazo. Todo eso evidentemente olvidando que hay más mujeres que votan que hombres, unos 10 millones más, y representan el 53% de los votantes (tanto en 2008 como en 2012). Los derechos reproductivos aseguran el destino económico de las mujeres y votarán claramente en contra de la amenaza republicana de esos derechos.

No es ningún secreto que la demografía de EEUU está cambiando y tenemos cada vez menos gente blanca y cada vez más de color. El 80% de los votantes no-blancos votaron por Obama. La campaña de Romney no solamente ha intentado ganar exclusivamente entre la gente blanca, sino entre los hombres mayores y blancos, algo matemáticamente imposible. Es como si no hubieran leído los noticias sobre el último censo que, sobre todo, contó el aumento de la población hispana en EEUU. Para los republicanos, California no es nada más que la tierra de los hippies y sus valores descreídos. Su odio hacia el estado les ha cegado ante a una lección importante para los republicanos en los estados con poblaciones hispanas importantes: en California el partido republicano se ha convertido en un partido minoritario. Para colmo de males, los demócratas ganaron una mayoría absoluta en su Asamblea y Senado la semana pasada.

Tiene bastante ironía que la cifra que más destacaba de la campaña de Romney ha sido lo de los 47% que supuestamente votarían por Obama pase lo que pase, porque los hombres han sido justo el 47% de los votantes. Es imposible ganarse a todos esos hombres porque no son todos blancos y en un país tan enorme y diverso como EEUU, después de reconocer la diversidad, hay que hacer buen uso de la tecnología para comunicar con esos grupos tan diversos. La campaña de Obama hizo una inversión importante y temprana en la gestión de datos de los votantes fieles y posibles, empezando con construir una mega-base de datos que abrieron al personal y voluntarios, que en todo momento añadieron información sobre esos votantes. A través de voluntarios trabajando con los diversos grupos en sus barrios y pueblos, han establecido relaciones de confianza con ellos, algo que no se puede hacer de un día para otro o por la tele.

Saber más sobre los posibles votantes no es simplemente una cosa bonita, sino la misma buena práctica de los negocios exitosos. Desde el principio, Jim Messina, jefe de la campaña de Obama, prometió: "Vamos a medir todo en esta campaña". A través de la base de datos han podido medir todo y basar sus decisiones en esta métrica: han sabido dónde y cuándo comprar anuncios en los medios para conseguir más resultados por menos gasto frente a los enormes gastos de la campaña de Romney y sus Super-PACS. Gracias a las métricas llegaron al reto de captar $1 mil-millones, aprendiendo de los e-mails más efectivos y del uso de "Quick Donate" que facilitaba las donaciones de los seguidores sin tener que introducir cada vez los datos bancarios. Las encuestas internas fueron tranquilizadoras para la campaña después del desastrozo primer debate y les aseguraron que los puntos perdidos fueran realmente entre los votantes de Romney y no entre los posibles votantes de Obama.

Y mientras las encuestas internas de la campaña de Obama estaban de acuerdo con las encuestas independientes que estuvimos siguiendo todos, la campaña de Romney negaba los números sin ofrecer nada en concreto a favor de una posible victoria. Criticaba la matemática de Nate Silver del New York Times, quien al final hizo una predicción perfecta de los resultados electorales finales.

Muy importante fue la gran operación de movilizar los votantes el día electoral, una operación que juntaba los datos y los voluntarios de la campaña. Durante el día electoral, voluntarios en todos los estados, pero especialmente los estados bisagras, llamaron por teléfono y a las puertas de los votantes probables de Obama. Tenían ya mucha información sobre esos votantes y en muchos casos los voluntarios llevaban tiempo hablando con la misma gente. Hicieron varios ensayos del día electoral para aprender y reparar cualquier debilidad del sistema. La campaña de Romney también tenía un sistema para movilizar el voto, pero se cayó durante varias horas durante el día electoral y la operación fue un desastre.

Podemos decir que la campaña de Obama por fin destacó la ciencia del término "ciencia política". Esa campaña no fue tan necesaria en 2008, cuando Obama traía esperanza y cambio y el yes we can además del contexto del presidencia de Bush. Pero 2012 ha sido una historia distinta en la que Obama no debería haber ganado dado el contexto económico. Ganó gracias a una campaña de excelencia y un adversario perdido en la negacion de la ciencia en todos los sentidos.