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06/06/2014 10:56 CEST | Actualizado 06/06/2014 10:56 CEST

Los ratones y las ruedas giratorias: no es antinatural, disfrutan girando

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¿Qué hace que un ratón corra sin parar sobre una rueda giratoria? Aunque conocidas como rueda para hamster, los científicos llevan décadas usándolas en sus laboratorios para estimular y medir la actividad de los roedores. Muchos han visto este comportamiento como antinatural y patológico provocado por la cautividad. Sin embargo, un experimento con ratones libres demuestra que disfrutan girando y girando.

Investigadores holandeses creen haber zanjado el debate científico sobre el carácter neurótico y estereotipado de esta conducta entre los ratones. El hecho de que también los ratones de campo disfruten de las ruedas giratorias apunta a que obtienen algún tipo de satisfacción de esta actividad física.

Los científicos, del Centro Médico de la Universidad de Leiden, colocaron dos grandes cajas en otros tantos lugares (un parque urbano y una zona de dunas en un área de bosque). Dentro de cada una había una rueda giratoria dotada de un sistema de detección de movimiento, un sensor de infrarrojos, una cámara con visión nocturna y, para atraer a los animales, un dispensador de comida.

En los tres años que ha durado su experimento han grabado miles de vídeos que analizaron para ver qué animales cazaban y si se subían a la rueda. Entre las dos zonas estudiadas, reunieron unos 1.200 momentos en los que algún animal se animaba a subir a su tiovivo particular. Aunque grabaron otras especies, casi el 90% de los intrusos eran ratones.

Una cuarta parte de los ratones corrían más de un minuto en la rueda, aunque hubo uno que se pasó 18 minutos girando. El tiempo es similar al medido en los ratones de laboratorio. Sin embargo, la velocidad de giro de los primeros era menos trepidante que la de los segundos: una mediana de 1,3 Km/h frente a 2,3.

“Pienso que los ratones se subían a la rueda a propósito. Muy a menudo, observamos en los vídeos que un ratón dejaba de correr, salía de la rueda y acababa volviendo y seguía corriendo”, dice la neurocientífica y coautora del estudio Johanna Meijer. “Todo esto sugiere que la conducta de correr en la rueda es una elección deliberada”, añade.

Su trabajo, publicado en la revista científica Proceedings of The Royal Society B, viene a desmontar la posición, compartida por muchos científicos, de que esta conducta de los roedores sería inducida por los humanos y su situación de cautividad en los laboratorios.

Pero claro, todo podría deberse al azar o la simple curiosidad de los animales. De entre las decenas de miles atraídos por el señuelo de la comida, algunos acabarían subiéndose a la rueda. Para descartar el factor casualidad, los investigadores dejaron de poner comida durante el último año de su investigación. Pero la rueda siguió girando.

Aunque el número total de visitas a la caja bajó de forma drástica, se produjo un fenómeno muy significativo. El porcentaje de los ratones que se ponían a correr se multiplicó por 2,5. Además, vieron que casi la mitad de os que lo hacían eran ratones muy jóvenes lo que descarta que fueran hasta allí por el recuerdo de la comida. Es como si el cebo les hubiera despistado de probar con la rueda.

Sus resultados son intrigantes. Frente a la posibilidad de corretear entre las dunas, una rueda giratoria es repetitiva, invariable y hacerla girar no tiene una función u objetivo definidos, es decir es un claro ejemplo de estereotipia propia de de dementes en los humanos y un comportamiento neurótico como éste se podría dar en cautividad pero no en libertad. Entonces, ¿por qué se suben a la rueda?

Para Meijer, la clave está en los beneficios que ofrece el ejercicio físico a unos animales que, como los ratones, son muy activos. Su trabajo lo quiere aprovechar para estudiar cómo afecta también a los humanos. "El ejercicio es de primerísima importancia, no para tus músculos sino, en primer lugar, para tu cerebro y tu salud en general", sostiene.

Para lo que no tiene explicación es para el comportamiento de otros animales que también cazaron con sus cámaras. Llegaron a ver musarañas, ranas y hasta caracoles y babosas subidos en la rueda andador