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Maricarmen, una vecina madrileña de 87 años, enfrenta un segundo intento de desahucio de la casa en la que vive desde hace 70: "Volvemos a la carga"

Maricarmen, una vecina madrileña de 87 años, enfrenta un segundo intento de desahucio de la casa en la que vive desde hace 70: "Volvemos a la carga"

El Sindicato de Inquilinas ha convocado para esta tarde frente a la casa de Maricarmen, en el barrio del Retiro, un acto con la participación de Olga Rodríguez, Facu Díaz, Alberto San Juan o Juan Diego Botto. Después, acamparán en la puerta.

Maricarmen, tras lograr frenar su primer intento de desahucio.HÉCTOR JUANATEY

El rostro de Maricarmen, poblado de esas arrugas propias de la edad y del sinfín de líneas de expresión marcadas a lo largo del tiempo, se ha convertido a su pesar en la representación viva de la crisis de la vivienda. A punto de cumplir 88 años, esta vecina del madrileño barrio del Retiro enfrenta este miércoles un segundo intento de desahucio de la casa en la que vive desde hace 70 años. Después de que el primer intento de desalojo (a finales de octubre de 2025) fuera suspendido gracias a la lucha sindical, un Juzgado ha programado para el 3 de mayo, a las 8.00 horas de la mañana, una segunda intentona para sacar a Maricarmen de su hogar. Pero, como sucedió ya hace ahora siete meses, esta vecina no se rinde. Junto con el Sindicato de Inquilinas de Madrid, Maricarmen no renuncia a seguir en su hogar: "Volvemos a la carga".

Pese a la fortaleza que Maricarmen ha mostrado durante los últimos meses, saliendo incluso a manifestarse el pasado 24 de mayo con sus compañeras del Sindicato aunque fuera en silla de ruedas, la salud de Maricarmen se resiente, y no tanto por la edad como sí por la incertidumbre que genera enfrentar un desahucio. Estos días, apenas puede atender al teléfono y no logra conciliar el sueño. Según dicen miembros del Sindicato de Inquilinas que la conocen, el desahucio "la está matando". Con todo, Maricarmen tuvo también fuerzas para acudir a las puertas del Congreso hace unos días. Allí, con la voz cansada, dijo: "No es justo es que nos pongan en la calle para que unos buitres vengan y se lleven nuestra sangre, la de años que hemos estado luchando por tener lo que nos corresponde, una vivienda, un techo donde poder vivir".

Para evitar su desahucio, el Sindicato de Inquilinas de Madrid ha convocado una acción que comenzará este mismo martes, 2 de junio. Además de un pasacalles que partirá de la Puerta del Retiro de la Biblioteca Eugenio Trías y llegará hasta su casa, en la calle Sainz de Baranda, 46; habrá actuaciones infantiles, musicales y la intervención de personas del mundo de la cultura como Alberto San Juan, Juan Diego Botto o Facu Díaz; o del periodismo, como Olga Rodríguez. Este lunes, la actriz Carolina Yuste publicaba también un vídeo en el que anunciaba la quedada. "Habrá gente intentando intervenir de muchas formas para mostrar apoyo y resistencia. Ojalá os veamos por allí y mucho amor todo el rato", apuntaba Yuste. El día terminará "con un llamamiento a todas las vecinas de Madrid a realizar una acampada esta misma noche para parar el desahucio de Maricarmen".

Un caso que se remonta al franquismo

El problema de la vivienda que atraviesa Maricarmen viene de lejos, y se remonta incluso al machismo imperante en los tiempos de la dictadura. Su padre, como hombre, fue el único que pudo firmar el primer contrato de arrendamiento del inmueble, allá por 1956. Su madre, al ser mujer, no pudo. Se lo impedían las leyes franquistas. Ese primer contrato se conocería luego como alquiler de renta antigua, un tipo de arrendamiento que en principio buscaba garantizar el derecho vitalicio a habitar la vivienda tanto por quien hubiera suscrito la renta como por su cónyuge y descendientes. Cuando murió el padre, Maricarmen y su madre suscribieron un primer contrato de subrogación; al fallecer también la madre, pasó a una segunda subrogación. Según la ley vigente, esta segunda subrogación solo podría tener una duración de dos años "salvo en el caso de que el descendiente conviviente tuviera una discapacidad superior al 65%".

Si el contrato se hubiera firmado en la actualidad, tanto el padre como la madre de Maricarmen serían titulares del primer arrendamiento y, ahora, este seguiría en vigor al tratarse de una primera subrogación. "Las leyes machistas del franquismo hicieron que ese primer contrato fuera firmado únicamente por su padre ante la negación de derechos a la mujer en el matrimonio", denuncian desde el Sindicato de Inquilinas.

En 2018, la familia propietaria del bloque en el que vive Maricarmen vendió el edificio a Renta Corporación, "uno de los grandes holdings de España". La empresa propuso a la vecina que comprara su piso por unos 300.000 euros, un precio que no podía permitirse. Ante esta imposibilidad, Renta Corporación vendió la vivienda a Urbagestión, "una empresa especializada en análisis y asesoramiento de inversiones inmobiliarias". A partir de ese momento, todo se torció. "Llegaron los problemas", dicen desde el sindicato.

Los administradores de la empresa, Ricardo Alonso Fernández y Fernando Alonso Fuentes, se obstinaron en desahuciar a Maricarmen. Con la excusa de que el contrato debía haberse extinguido en 2007 al tratarse de una segunda subrogación, le pidieron que abandonara su casa. Ella se negó y la llevaron a los tribunales. Aunque en primera instancia la justicia dio la razón a la vecina, tras varios recursos los empresarios consiguieron que en marzo de 2024 el Tribunal Supremo se pusiera de su lado. Maricarmen tenía dos opciones: pagar un alquiler mensual de 1.650 euros, un 300% más de lo que pagaba y cuando tan solo cobra 1.450 euros al mes de pensión (según Urbagestión, es un precio muy por debajo de la media en el edificio, donde ya se alquilan apartamentos por más de 2.600 euros); eso, o irse de casa. Ella, afiliada al Sindicato de Inquilinos, apuesta por una solución intermedia. Por ejemplo, que la compre el Ayuntamiento, la Comunidad o el Gobierno y la pongan en alquiler social.

Después de frenarse el primer intento de desahucio, Maricarmen envió una carta al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. En un vídeo, la vecina lee sus palabras con la voz emocionada: "El día que usted nació, yo llevaba 16 años viviendo en esta casa. [...] No me tiembla la voz cuando digo que esta casa es mía, no porque la haya comprado, sino porque la he vivido. [...] La vivienda se ha convertido en un negocio para gente sin rostro. [...] ¿Cómo puede llamarse progreso a echar a alguien de su casa porque ya no resulta rentable?" A un día de poder ser desalojada, Sánchez aún no le ha contestado.

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Redactor de Política de El HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela y Máster de Investigación en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Trabajó en La Voz de Galicia, Público, La Sexta o eldiario.es y colaboró en medios como Praza, Luzes, La Marea, Vanity Fair o CTXT. Creó un programa de humor con los cómicos Facu Díaz y Miguel Maldonado en La Tuerka. Ha escrito tres libros: 'El analista' (Libros del KO), 'Dajla. Apuntes desde o Sahara' (Praza), y '(Des)Unidos' (Icaria).

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