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Marta García, mucho más que una de las mejores atletas españolas: "Me parece bonito enseñar cómo es el atletismo profesional desde dentro"

Marta García, mucho más que una de las mejores atletas españolas: "Me parece bonito enseñar cómo es el atletismo profesional desde dentro"

La vigente medallista continental afronta desde este lunes el Europeo de Birmingham con el objetivo de defender la medalla conquistada en 2024. La fondista repasa la lesión que ha marcado su temporada, la exigencia de vivir lejos de casa y su empeño por acercar el atletismo profesional al gran público.

Marta García, sonriente tras una competición
Marta García, sonriente tras una competiciónHannah Peters Getty Images

Si Homero escribiera hoy La Odisea, probablemente Ulises viajaría con una maleta de mano en lugar de un barco. Cambiaría el Mediterráneo por los aeropuertos de media Europa y el canto de las sirenas por el sonido seco de un cronómetro. Ya no tendría que esquivar monstruos mitológicos, sino lesiones, concentraciones lejos de casa, hoteles que apenas duran unos días y esa sensación de vivir siempre entre dos vuelos. Porque el viaje de un deportista de élite también consiste, en el fondo, en intentar regresar al lugar donde una vez fue feliz.

Marta García emprende esta semana una nueva travesía: el destino es Birmingham, donde defenderá la medalla europea conquistada hace dos años, pero el recorrido, sin embargo, ha sido mucho más largo de lo que marca cualquier mapa.

En la epopeya de Homero, el héroe tarda diez años en regresar a Ítaca. El camino nunca es recto y cada isla plantea un desafío distinto y cada parada obliga a empezar casi de nuevo. En el atletismo sucede algo parecido. Desde fuera solo se ve la meta, el podio o la fotografía con la bandera sobre los hombros. Lo que rara vez aparece es todo lo que ocurre entre una competición y la siguiente: las horas interminables de entrenamiento, las semanas lejos de casa, las dudas, las lesiones o la incertidumbre de no saber cuándo volverá a responder el cuerpo.

Porque Birmingham no empieza esta semana. Birmingham empezó hace muchos meses, el día en que el cuerpo de Marta García dejó de responder como ella esperaba.

La fondista española, una de las grandes referencias del atletismo nacional, había acostumbrado a vivir un crecimiento casi constante. Campeona de España, medallista continental, deportista olímpica... Todo parecía formar parte de una progresión natural. Cada temporada añadía un peldaño más a una carrera que avanzaba con paso firme hacia la élite internacional. Hasta que apareció ese rival con el que ningún atleta quiere medirse. No llevaba dorsal, ni figuraba en ninguna lista de salida. No entendía de marcas mínimas ni de clasificaciones. Era una lesión. Y, quizá lo más desesperante, una lesión sin respuestas inmediatas.

En el deporte de alto nivel, donde prácticamente todo se controla al milímetro, la incertidumbre resulta especialmente difícil de gestionar. Los entrenamientos están planificados con meses de antelación, cada carga de trabajo responde a un objetivo concreto y cada competición forma parte de una hoja de ruta cuidadosamente diseñada. Una lesión rompe de golpe ese orden, pero una lesión sin un diagnóstico claro va todavía un paso más allá: obliga a convivir con preguntas para las que nadie tiene una respuesta.

Durante semanas, Marta no solo tuvo que renunciar a competir. También tuvo que aceptar que el cuerpo había dejado de hablar un idioma que hasta entonces conocía perfectamente.

"Ha sido una temporada diferente. Probablemente tenga sus inconvenientes, pero también intento verle la parte positiva: llegar con más ganas y con más frescura", explica en conversación con El HuffPost.

No hay rastro de victimismo en sus palabras ni tampoco grandes discursos sobre la resiliencia. Simplemente la serenidad de quien ha aprendido que, en el deporte, el camino nunca es completamente recto. Igual que Ulises no podía controlar el viento que empujaba su barco, un atleta tampoco puede decidir cuándo aparecerá una lesión. Lo único que está en su mano es la manera de atravesarla.

En La Odisea, cada obstáculo termina moldeando al protagonista. El cíclope, las tempestades, las tentaciones o los largos años lejos de casa no son simples episodios de la historia; son precisamente lo que convierte a Ulises en el hombre que finalmente regresa a Ítaca. En el deporte sucede algo parecido porque las temporadas perfectas apenas existen y son los contratiempos los que acaban definiendo el carácter de un deportista.

Por eso García habla de este último año con una naturalidad que sorprende. La lesión forma parte de su historia, pero no quiere que sea toda la historia.

Ella nunca dejó de mirar hacia Birmingham. Porque, igual que Ulises nunca perdió de vista Ítaca incluso cuando parecía imposible alcanzarla, Marta tampoco dejó de pensar en el Europeo mientras acumulaba semanas sin competir. Este campeonato siguió siendo el faro al que dirigir todos los entrenamientos, incluso cuando el horizonte parecía difuminarse.

Allí conquistó en 2024 la primera gran medalla continental de su carrera y confirmó que podía competir de tú a tú con las mejores fondistas de Europa. Y ahora regresa con una mochila mucho más pesada que la de entonces; no tanto por la responsabilidad de defender una medalla, sino por todo lo vivido durante el camino hasta volver a colocarse en una línea de salida.

Sin embargo, cuando habla del objetivo apenas deja espacio para la ansiedad. "Voy con el objetivo de hacerlo lo mejor posible. Evidentemente tengo que pensar en las medallas porque defiendo una y esa es la idea", resume.

Es una frase sencilla que encierra toda una declaración de intenciones. Porque defender una medalla no consiste únicamente en intentar repetir un resultado, también implica aceptar que la atleta que llega hoy a Birmingham no es exactamente la misma que subió al podio hace dos años. Lleva más experiencia, más kilómetros en las piernas y, sobre todo, una temporada que le ha enseñado que no todos los viajes se recorren a la velocidad que uno había imaginado.

Marta García, durante los Juegos Olímpicos de París 2024
  Marta García, durante los Juegos Olímpicos de París 2024Hannah Peters Getty Images

Ítaca no era la meta. Era el camino

Hay una idea que sobrevuela toda La Odisea y que muchas veces pasa desapercibida. El poema de Homero nunca trata realmente de llegar a Ítaca, sino de todo lo que ocurre antes. De cómo cada isla, cada tormenta y cada desvío van construyendo al hombre que finalmente consigue regresar a casa. En el deporte de élite sucede algo parecido.

El aficionado acostumbra a dividir las temporadas entre años "grandes" y años "pequeños". Hay cursos marcados en rojo porque aparecen unos Juegos Olímpicos u  otros porque toca un Mundial. Y algunos que parecen quedar inevitablemente en un segundo plano. Como si el calendario también estableciera qué sueños merecen más la pena que otros.

Marta García nunca ha entendido el atletismo de esa manera. "Para mí todos los años son igual de importantes. Intento dar el cien por cien siempre y no me rijo tanto por los ciclos olímpicos. Creo que hacerlo sería perder oportunidades y quitar valor a campeonatos que también son muy importantes."

Es una reflexión que dice mucho de la forma en que entiende su profesión. Porque sería fácil considerar 2026 como una simple estación de paso hacia los siguientes grandes objetivos, un año para acumular entrenamientos, recuperar sensaciones después de la lesión y preparar el siguiente ciclo. Sin embargo, Marta García se resiste a contemplar cualquier campeonato como un simple trámite.

Quizá porque sabe que el atletismo no concede demasiadas oportunidades. Y el presente, ahora mismo, se llama Birmingham. "Es verdad que este año el Europeo es el gran objetivo de la temporada porque solo tenemos un gran campeonato, pero nosotros tampoco hemos tenido otra opción. Con la lesión hemos llegado como hemos podido llegar y, aun así, estamos contentos."

Cuando Marta habla del Europeo, apenas menciona el resultado: habla del camino, de llegar y de sentirse preparada para volver a competir con las mejores.

En cierto modo, Birmingham representa una nueva escala dentro de un viaje que continuará después del Europeo. Porque cuando muchos aficionados den por terminada la temporada con la última carrera continental, Marta volverá a preparar la maleta.

Marta García, bronce en el Europeo de Roma 2024
  Marta García, bronce en el Europeo de Roma 2024Pier Marco Tacca Getty Images

Una vida entre aeropuertos

Cuando García atiende la llamada de El HuffPost, lleva ya varios días concentrada en Zúrich. Es una conversación marcada por la cuenta atrás porque al día siguiente pondrá rumbo a Birmingham junto al resto de la selección española. Después llegará la competición. Pero ese solo será el punto y seguido.

"Sí, por supuesto que seguiré compitiendo. Las temporadas realmente suelen acabar en septiembre. En España tenemos la costumbre de pensar que terminan con el gran campeonato porque es lo que más se ve, pero todavía quedan varias Diamond League. También estoy convocada para los Juegos Mediterráneos y, además, están el Mundial de Ultimate y el Mundial de Ruta. Todavía quedan muchas cosas y ojalá lleguemos bien hasta septiembre."

Quizá por todo esto existe un objeto que acaba convirtiéndose en el verdadero compañero de viaje de cualquier deportista: la maleta. Siempre preparada, siempre a medio deshacer y siempre esperando el siguiente destino.

Hay una imagen que se repite cientos de veces al año y que rara vez aparece en televisión: es la de un atleta doblando cuidadosamente la ropa de entrenamiento en una habitación de hotel mientras piensa en el vuelo del día siguiente. O revisando por enésima vez que no falten las zapatillas de competición, los clavos, el pulsómetro o la equipación de la selección.

En La Odisea, el hogar era un lugar físico al que regresar. En el atletismo moderno, el hogar muchas veces cabe dentro de una maleta. "Sin duda esa es una de las peores partes. No solo por estar siempre con la maleta de un lado para otro, sino también por la familia. Al final te estás perdiendo muchas cosas importantes a nivel personal, pero creo que es un precio que hay que pagar si quieres rendir al cien por cien."

Este es uno de los sacrificios más difíciles de explicar a quien nunca ha vivido el alto rendimiento desde dentro. Correr rápido es solo una parte del trabajo y la otra consiste en aceptar que muchas veces la vida sucede mientras tú estás en otro país preparando la próxima carrera.

Como también forma parte del camino otra de las grandes transformaciones que ha vivido el atletismo en los últimos años. Durante mucho tiempo, la imagen del atleta era la de alguien que entrenaba prácticamente solo. Un entrenador. Quizá algún compañero de series. Poco más.

Hoy esa realidad ha cambiado y cada vez son más los grupos internacionales -el suyo es OAC Athletics- que reúnen a corredores de distintos países bajo una misma metodología de trabajo. Equipos que conviven durante buena parte del año y que terminan compartiendo mucho más que kilómetros.

"A nivel de rendimiento creo que trabajar dentro de un equipo ayuda mucho. Es un modelo que ya se está utilizando cada vez más. En Estados Unidos es algo muy habitual y en Europa empieza a verse, aunque aquí es más complicado cuando el grupo es internacional porque convivimos personas de distintos países, idiomas y culturas. Aun así, poco a poco se está implantando también en Europa porque se está viendo que da buenos resultados", explica.

En cierto modo, esos compañeros terminan convirtiéndose en la tripulación de una misma travesía. Cada uno persigue un destino distinto, cada uno competirá con una bandera diferente cuando llegue el gran campeonato, pero durante el resto del año comparten el mismo viento, las mismas sesiones de entrenamiento y, muchas veces, las mismas dudas.

Ulises nunca navegó solo y quizá ningún gran viaje pueda hacerse completamente en solitario.

Marta García, antes de competir en la Diamond League de Roma
  Marta García, antes de competir en la Diamond League de RomaDomenico Cippitelli Getty Images

El cuaderno de bitácora de una atleta

Hay otra diferencia entre La Odisea de Homero y la de un deportista del siglo XXI. Ulises regresó a Ítaca convertido en leyenda porque otros contaron su historia. Marta García, en cambio, ha decidido escribir la suya mientras todavía la está viviendo.

Lo hace casi cada día. A veces con un vídeo de un entrenamiento u otras, enseñando cómo es una concentración en altura, cómo se prepara una sesión de series, cómo se recupera el cuerpo después de una competición o cómo transcurre una jornada cualquiera. Son pequeñas ventanas que permiten asomarse a un mundo que normalmente permanece cerrado para el gran público.

Porque, si hay algo que ha cambiado el deporte de élite en los últimos años, es que ya no basta con competir. Los aficionados quieren conocer también a la persona que hay detrás del dorsal, quieren saber qué desayuna, cómo entrena, qué piensa antes de una carrera o qué hace cuando una lesión obliga a detenerlo todo.

Marta García entendió hace tiempo que ahí también existía una oportunidad que no lo es tanto para ella, explica, como para el propio atletismo.

"Creo que las redes sociales son un altavoz que puede ayudar mucho, no solo a mi marca personal, sino también al atletismo. Permiten enseñar cosas que mucha gente tiene interés por conocer y que no se muestran tanto como ocurre en otros deportes, como el fútbol. Me parece bonito acercar a la gente cómo es realmente el atletismo profesional desde dentro. Ahora muchas personas conocen el running de otra manera y creo que también es interesante que descubran la perspectiva de la pista", asegura.

La frase resume bastante bien el sentido de esta entrevista. Porque Marta García podría limitarse a publicar la fotografía de una medalla o el tiempo conseguido en una carrera. Sin embargo, prefiere enseñar también todo aquello que ocurre antes, durante y después. Desde fuera y desde dentro. Lo que vemos y lo que no.

No deja de ser curioso. Mientras muchos deportistas utilizan las redes para enseñar únicamente el destino, ella parece más interesada en compartir el camino.

Aunque eso también tiene límites porque incluso los cuadernos de viaje tienen páginas que uno decide dejar en blanco y la lesión de esta temporada fue, más o menos, una de ellas: "La verdad es que no me obligo a publicar. Entrenar sí es mi trabajo; las redes sociales no. Es verdad que me gusta enseñar tanto lo bueno como lo malo, pero durante la lesión tenía muchas menos ganas de hacerlo. De hecho, durante esos meses apenas hay contenido. Tampoco tenía demasiado que contar porque la lesión fue complicada y ni siquiera tenía un diagnóstico claro. Estaba igual que todo el mundo: sin saber exactamente qué me pasaba"

Vivimos en una época en la que parece obligatorio convertir cualquier experiencia en contenido o mostrar siempre una versión inspiradora de lo que sucede, es decir, encontrar una enseñanza incluso antes de haber entendido el problema.

Marta reconoce que ella no pudo hacerlo. "Creo que es una de las partes más complicadas del deporte. Sabes que estás lesionada, que no puedes rendir al máximo y, además, no sabes cuándo vas a volver. Pero también es algo por lo que prácticamente todos los atletas han pasado, están pasando o acabarán pasando en algún momento de su carrera."

El regreso a Ítaca

Dentro de unos días, cuando el silencio se apodere del estadio antes del disparo de salida, nadie pensará en los meses de incertidumbre, en las sesiones de fisioterapia, en las maletas siempre preparadas o en los vuelos que la han llevado de una concentración a otra. El atletismo tiene esa extraña costumbre de resumir un año entero en apenas unos minutos.

Será entonces cuando Marta García vuelva a hacer lo que mejor sabe: correr. Correr para, simplemente, volver a encontrarse con ese lugar en el que hace dos años descubrió que pertenecía a la élite europea.

Quizá por eso resulta tan difícil explicar lo que significa regresar a un Europeo. Porque defender una medalla nunca consiste únicamente en intentar subir otra vez al podio, también supone volver al escenario donde uno fue feliz, comprobar cuánto ha cambiado desde entonces y descubrir, al mismo tiempo, cuánto ha cambiado uno mismo.

El cronómetro dictará sentencia y decidirá si hay una nueva medalla, si toca celebrar o si habrá que volver a empezar pensando ya en la siguiente prueba, pero hay viajes que no dependen del resultado. Y el de Marta García empezó mucho antes de que apareciera Birmingham en el calendario.

En La Odisea, Ulises no regresa a Ítaca siendo el mismo hombre que partió hacia Troya. El viaje lo transforma. Las tormentas, las pérdidas, los desvíos y las derrotas acaban formando parte de quien es. El destino importa, sí, pero solo cobra sentido por todo lo que ha ocurrido antes de alcanzarlo. Quizá esa sea también la gran enseñanza del deporte de élite.

Porque el éxito rara vez empieza el día de la competición. Empieza mucho antes. En esos entrenamientos que nadie ve o en las lesiones que obligan a detenerlo todo. Y, en el caso de Marta García, también en esa voluntad de abrir una pequeña ventana para que los aficionados puedan entender que detrás de cada medalla existe una historia mucho más larga que los pocos minutos que dura una carrera.

Dentro de unos días sabremos si vuelve de Birmingham con otra medalla colgada al cuello, pero después de escucharla hablar de este último año, da la sensación de que hay algo que ya ha conquistado. Ha encontrado el camino de regreso.

Y, como escribió Homero hace casi tres mil años, no siempre son los héroes quienes llegan antes. A veces son quienes, pese a todas las tormentas, nunca dejan de navegar.

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Soy redactor de actualidad en El HuffPost España. Mi objetivo es que no te pierdas nada, sea la hora que sea, estés despierto o dormido.

 

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Creo que soy periodista desde que nací, o eso dice mi madre. Desde ese momento hasta ahora han pasado muchas cosas. Soy de Azuébar, un pueblecito de apenas 300 personas del interior de Castellón y, aunque estudié, entre en mi querida ‘terreta’ (Grado en Periodismo por la Universitat Jaume I) y Salamanca (Máster en Comunicación e Información Deportiva por la Universidad Pontificia de Salamanca), aprendí la profesión en la Agencia EFE, donde cubrí los Juegos de Río 2016, los de Tokio 2020, los de París 2024, así como también los Juegos Olímpicos de Invierno de Pieongchang 2018 y de Pekín 2022. Además, cubrí los Mundiales de fútbol de Rusia 2018 y Qatar 2022.

 

Por otra parte, abrí una extensa etapa como autónomo en la que he colaborado con ‘El Independiente’, el ‘Playas de Castellón, la ‘Revista Volata’, ‘Súper Deporte’, ‘Yo Soy Noticia’ o ‘Ciclo 21’, antes de aterrizar en el Huffington Post. 

 

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