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05/07/2019 07:17 CEST | Actualizado 05/07/2019 07:17 CEST

Ana Pérez-Nievas: "Normalizar la bisexualidad es algo básico porque es simplemente amar"

La bailarina de la Compañía Nacional de Danza reflexiona sobre los retos del colectivo: "Tenemos que hablar de ello como si no fuera ningún problema, porque no lo es".

CARLOS PINA

Acaba de terminar una gira por Francia, ha cerrado siete funciones agotadas en los Teatros del Canal de Madrid y ha conseguido un lleno hasta la bandera en Palma de Mallorca. Ana Pérez-Nievas, bailarina de la Compañía Nacional de Danza, no para, pero entre tantos ensayos, piruetas, idas y venidas, hace un hueco a El HuffPost en el corazón del madrileño barrio de La Latina para hablar sobre la necesidad de visibilizar la bisexualidad, incluso dentro del colectivo LGTBI. Reconoce que no es todo lo activa que le gustaría, pero le apetecía contar su experiencia y hablar para normalizar. 

Durante la charla repite ese verbo varias veces. Le obsesiona porque ella misma ha vivido con naturalidad su sexualidad y ha ayudado a otros, casi sin darse cuenta, a no esconderse. “Normalizar, en mi caso la bisexualidad, es algo básico porque es simplemente amar. Tenemos que hablar de ello como si no fuera ningún problema, porque no lo es”, cuenta convencida la bailarina de 21 años.

Ella nunca se ha callado, tampoco cuando con catorce años comenzó a hacerse preguntas sobre su sexualidad. “En ningún momento sentí miedo porque al crecer en un ambiente en el que he visto a tantos amigos ser tan libres, nunca consideré que podía verme discriminada. Todo lo contrario. Cuando empecé a decirlo en voz alta sentí mucho orgullo a mi alrededor. Me pareció muy bonito”, explica sin dejar de sonreír. 

CARLOS PINA

Estaba estudiando en el Conservatorio Profesional de Danza Mariemma de Madrid cuando conoció a la primera chica que le gustó. “Había estado con chicos antes, sí que había experimentado cosas, pero no había llegado a tener un sentimiento fuerte hacia nadie”, cuenta la bailarina, que explica que no tuvo la necesidad de etiquetarse y que fue un shock para muchos, incluidos sus profesores. “Los maestros me pedían que les contara, que me abriera con ellos, cuando yo no lo veía necesario”. Ella era feliz y lo llevaba con naturalidad, aunque hubo ciertas cosas que le molestaron: “Mucha gente te pide explicaciones y algunas personas a mi alrededor me advirtieron de tener un poco de cuidado. Como bailarina también vendes tu personalidad, un conjunto; por eso me recomendaron no hablar abiertamente de ello”. 

No hizo caso. Lo vivió con naturalidad tanto en su marco familiar como en el mundo de la danza, y ahora reconoce que ha tenido suerte por los ambientes en los que se ha movido. “Hay un porcentaje altísimo de gente no heterosexual en mi campo, y en mi familia siempre han sido increíbles con este tema. Recuerdo cuando mis padres me llevaban al Orgullo ya de muy pequeña”, explica mientras bebe un sorbo de café. 

Sales con una chica y te ponen la etiqueta de lesbiana, sales con un chico y dicen ‘ah, ya no es lesbiana’. No me gusta que me etiqueten

Pérez-Nievas lleva ya cuatro temporadas en la Compañía y reconoce que nunca se ha sentido discriminada o con dificultades en su trabajo por su bisexualidad. “Sí ha habido cosas que me han ofendido, porque hay gente que está muy desinformada y puede hacer daño, a veces sin darse cuenta”, reflexiona e insiste en que “no le duele” porque intenta no tomárselo como algo personal.

“Ahora mismo estoy saliendo con un chico y de repente la gente se plantea que mi sexualidad siga siendo la misma. Sales con una chica y te ponen la etiqueta de lesbiana, sales con un chico y dicen ‘ah, ya no es lesbiana’. No me gusta que me etiquetan como algo que no soy. Yo sigo siendo bisexual”.  

CARLOS PINA

La bailarina está convencida de que todavía queda muchísimo por hacer para visibilizar al colectivo bisexual, incluso dentro del movimiento LGTBI. “He escuchado muchísimo el comentario de ‘esto ya es vicio’ y veo que hay muchísima gente que está poco informada. Para mí ser bisexual es un regalo. Encontrar conexiones sin importar el sexo de la gente me parece muy bonito”. 

No es habitual encontrar bailarinas lesbianas, bisexuales o que hablen abiertamente de su sexualidad. A pesar de crecer sin tener esos referentes, mas allá de alguna excepción en “compañías de contemporáneo”, Pérez-Nievas no se ha sentido sola. ¿Por qué? “Internet pone muchas cosas a nuestro alcance y me ayudó un montón. Veía vídeos de otra gente saliendo del armario, contando sus experiencias y me sentía perteneciente a algo y me encantaba”. 

He escuchado muchísimo el comentario de ‘esto ya es vicio’

Conocer estas historias y escuchar a la gente hablar de sus experiencias son pequeñas cosas que, para ella, nos harían avanzar como sociedad. “Me gustaría ver menos extremismo y que se juzgase menos.  Amar es lo mas normal del mundo y bonito, y se puede amar a quién sea. Cuanto menos radicales nos mostremos, mejor”, defiende Pérez-Nievas, que cree que es necesario empezar a fijarse en cómo llamamos a las cosas. “Esto es como cuando ves a dos chicas por la calle y dices ‘son una pareja de lesbianas’. No, son una pareja".

CARLOS PINA

 

No le gustan nada las etiquetas, aunque ella las utilice: ”Yo me llamo bisexual y muchas veces me he planteado: ¿Por qué me tengo que llamar bisexual? ¿Por qué tengo que tener una etiqueta? ¿Por qué no puedo simplemente querer a la gente que pasa por mi vida independientemente de su sexo y de muchas otras cosas?”. 

¿Por qué me tengo que llamar a mí misma bisexual? ¿Por qué tengo que tener una etiqueta?

La bailarina defiende sus convicciones con firmeza, pero sin alzar la voz: “Cuando me he puesto agresiva luego me he arrepentido muchísimo, porque claro que duele cuando se meten contigo o con cualquiera, pero necesitamos cuidar las formas”. Y, según ella, debemos hacerlo desde el colegio, porque falta educación: “Tenemos que hablar de ello como si no fuera un problema, porque no lo es”. 

CARLOS PINA

A sus 21 años, por ahora está centrada en consolidar su carrera como bailarina. Aún así, le gustaría poner en marcha “varios proyectos dentro de la danza donde se pueda dar más visibilidad al colectivo bisexual” dentro de unos años. “Compatibilizar mi trabajo con el activismo sería precioso, me encantaría”, cuenta con una enorme sonrisa. 

No quiere dar lecciones a nadie, pero sí da un par de consejos para quienes se encuentren en una situación como la que vivió ella cuando empezó a hacerse preguntas. “Que lo lleven con la mayor naturalidad posible, que no se escondan. Escuchar a alguien mueve muchísimo y hay mucha más gente bisexual de la que nos pensamos. Un gesto va a ayudar a mucha gente a abrirse a tu alrededor y lo va a normalizar. Es lo que necesitamos”, y especialmente, “que no se sientan solos”. 

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