La realidad del colectivo LGTB, letra a letra por sus protagonistas

La realidad del colectivo LGTB, letra a letra por sus protagonistas

Lesbianas, gais, trans, no binaries y bisexuales nos explican los retos y las dificultades a las que se enfrenta su colectivo.

Imágenes de los protagonistas del reportaje. Fila superior de izquierda a derecha: Elisa Coll, Blue Rodríguez y Anna de Nicolás. Fila inferior de izquierda a derecha: Ignacio Panadero, Bake Gómez y Laura Terciado.Cortesía de Elisa Coll/Blue Rodríguez/Anna de Nicolás/Ignacio Panadero/Laura Terciado y Bake Gómez

LGTB, LGTBI, LGTBIQA, LGTBIQA+... A las personas que están fuera del colectivo estas siglas pueden sonarles confusas o verlas solo como forman parte de una bandera arcoíris que llena las calles de las ciudades, las empresas y, prácticamente todo, durante el mes de junio y parte de julio por las celebraciones del Orgullo.

Sin embargo, detrás de esas siglas hay personas que luchan cada día por la igualdad y la visibilidad por su orientación y/o identidad sexual enfrentándose a agresiones, discriminación y a una sociedad donde, pese a parecer que cada día está más avanzada, en el último año en España se han retrocedido nada menos que cinco puestos en el ranking de derechos LGTBI.

Cada letra del colectivo reivindica sus propias vivencias y sus propias necesidades. Para conocerlas más a fondo entrevistamos a seis personas visibles y que luchan por los derechos de las personas LGTBI:

L______________________________________________________________

Laura Terciado y Bake Gómez están detrás del podcast Maldito Bollodrama, con el que buscan dar visibilidad y exponer las realidades de las mujeres lesbianas, que han estado, tal y como cuentan ellas mismas, mucho más invisibilizadas en comparación con otras siglas del colectivo LGTBIQ+. “Siempre también las mujeres vamos un poco paso por detrás”, sentencia Gómez, quien recuerda que durante su adolescencia “estaban los típicos referentes aunque fuera en la tele de Jesús Vázquez, de Jorge Javier, de Boris Izaguirre, pero chicas no”. “Pensaba ‘igual en mi pueblo no hay lesbianas, porque no existen o igual el porcentaje ínfimo’. Tenemos un doble armario nosotras. María del Monte ha tardado 30 años en salir del armario”, recuerda.

Para Gómez le era impensable pensar que podría formar una familia o tener una vida con pareja en su Cartagena natal, por lo que desde que fue consciente de su orientación sexual planeó irse a Madrid, donde reside desde los 18 años. “Me parece como superrevelador porque son decisiones que como que vas acotando un poco también de dónde puedo yo realizarme como persona y tener mi vida real y vas quitando ciudades y eso una persona heterosexual no se lo plantea, puede tener una vida afectivosexual plena en toda España”, comenta Gómez. Terciado coincide con ella y apunta a que esta diferencia entre territorios como Madrid y Barcelona y otras provincias sigue existiendo. 

“Hay muchos chavales y chavalas que viven, por ejemplo, en Castilla y León que siguen así”, apunta Terciado y detalla que cree que está volviendo a la sociedad el “armario opaco” en el que vivió durante su adolescencia al ir a un colegio religioso en el que se condenaba la homosexualidad masculina y la femenina ni existía. “Ahora vuelve a estar pasando lo mismo, el discurso de odio es el mismo y lo que les dicen es lo mismo. Y ese armario opaco se está volviendo a reproducir”, señala.

  Bake Gómez y Laura Terciado, creadoras de 'Maldito Bollodrama'.Cortesía de Laura Terciado y Bake Gómez

Ambas coinciden que la lesbofobia —el odio o discriminación a las lesbianas— proviene principalmente del machismo con problemas como la sexualización o la invisibilización. “Sin el feminismo no nos hubiésemos dado cuenta de cosas como ‘oye, yo hago una discoteca, me doy un beso con mi novia y tengo a tres tíos acosándome’ y que eso nos pasa porque somos mujeres”, sentencia Terciado.

En este sentido, Gómez apunta a que por su expresión de género más masculina a veces la han confundido con un chico y ha notado el cambio que hay en la sociedad hacia ella. “Cuando creen que soy un chico y voy con mi novia, me respetan mucho más que si ven que soy una chica y voy con mi novia”, señala. Sin embargo, reivindica que las expresiones de género más masculinas están más criticadas socialmente, lo que se conoce como plumofobia. “Se nos ha mostrado solamente un modelo de lesbiana que es el que a los hombres les gusta. En ningún momento se han mostrado referentes de otro perfil por la misoginia, todo eso está bañado por el patriarcado, no puedes salirte del tiesto. Si eres un poco masculina, está mal. Si eres gorda, está mal. Si eres bajita, está mal”, explica.

El patriarcado también atraviesa la forma de relacionarse entre mujeres lesbianas y señalan que hay perfiles de lo que llaman “bolleros señoros”, que siguen las dinámicas tóxicas machistas. “Hay ciertas mujeres que durante años han pensado que para relacionarse con mujeres decían ‘voy a ser colega de los señoros, voy a mimetizarme con ellos, voy a hacer las mismas bromas, me voy a chocar los codos cuando pasa una tía que está buena, jaja jiji’. Han copiado las estructuras paso a paso de los hijos sanos del patriarcado”, recalca. “Hay maltrato psicológico entre mujeres que derivan de ahí, de pura toxicidad”, señala.

La solución a estas dinámicas está para ellas en el feminismo y en la sororidad y en mantener unas relaciones entre iguales. “La sororidad es súper importante y yo creo que además se nota cuando una relación de pareja que se basa en esa sororidad, también une mucho porque al final sabes de dónde venimos cada una y al final, aunque vengamos de diferentes sitios, las violencias que hemos vivido suelen ser muy parecidas”, explica Gómez.

G________________________________________________________________

La situación actual con el repunte de los delitos de odio y los señalamientos como el que sufrieron con el brote de la viruela del mono, son los puntos que más preocupan al colectivo gay. Ignacio Panadero es activista y en los últimos meses reconoce que se están viendo actuaciones y señalamientos que hace unos años “nadie se planteaba o se atrevía a señalar”.

Como ahora la situación es diferente, señala directamente a los discursos que salen desde las instituciones promovidos por agrupaciones políticas como Vox. Un tipo de discursos que forman un marco de señalamientos y estigmatizaciones y que, como lamenta, se traducen “tarde o temprano en agresiones o violencia verbal”. “Ahora tenemos a Vox, por ejemplo en la Asamblea de Madrid, pidiendo que se deroguen derechos LGTBI o señalándonos con enfermedades y eso afecta a todo el colectivo pero sobre todo va contra los hombres que tienen sexo con hombres o bisexuales”, denuncia.

Por ello, el miembro de la Federación Estatal LGTBI+ pide que es fundamental que haya un pacto de Estado contra este tipo de discursos de odio cada vez más comunes y “que nos pone a todos en riesgo”. Por el momento, el acuerdo de toda la ciudadanía sobre este tema ya está en la mesa y, según avanza Panadero, las partes “están en la misma línea” para que “no se toleren, se retracten, tengan una sanción social y que no sean aceptables”.

“Es fundamental que haya un acuerdo político contra los delitos de odio y que haya una sanción social y que no se señale a colectivos vulnerables, en el que incluyo no solo a personas LGTBI sino también a migrantes, por ejemplo”, apunta.

  Ignacio Panadero, activista LGTBI.Cortesía de Ignacio Panadero

Panadero también denuncia que estos mensajes están calando entre la población más joven y, por ello, apunta que “es más importante que nunca la educación sexual en las escuelas” para fortalecer la igualdad, la convivencia y contrarrestar el odio. “En la igualdad y la diversidad ganamos todos y eso es en lo que hay que trabajar”, añade.

El objetivo es ampliar derechos aunque recuerda lo que está sucediendo en otros países como EEUU donde se acaba de eliminar la protección constitucional del derecho al aborto u otros países donde se persigue al colectivo como Rusia.  “En EEUU, por ejemplo, después de quitarle el aborto a las mujeres está en peligro el matrimonio igualitario, eso lo sabemos”, reconoce.

En ese sentido, siente que esos movimientos conservadores les afecta de manera directa y que por ello es importante “pelear como uno solo contra estas amenazas”. Además asegura que la estrategia de las alas más conservadoras de la sociedad es “ponernos unos contra otros”. Panadero añade que “la ola conservadora” va a alimentar un recorte de derechos que “nos van a llevar por delante si no los paramos” porque considera que todos están ligados y asegura que “muchos gays son conscientes de que como no avancemos y se mantengan derechos vamos a perder tarde o temprano los de todos”.

Por eso un año más destaca la importancia de salir a la calle con “alegría y reivindicación”. Con la recuperación de la “normalidad” en los actos del Orgullo, tras la pandemia, Panadero destaca que se vuelve a contar con “un dique de contención frente los ataques a nuestros derechos”. Durante mucho tiempo ha sido así y que “nos manifestemos demuestra que no vamos a caer en ese miedo”.

T__________________________________________________________________

Anna de Nicolás vive la semana con una especial alegría, pero a la vez recuerda que es un momento de reivindicación. Un escaparate único en el que es importante exponer las demandas de un colectivo vulnerable. “Es bonito estar en la calle y reivindicar la normalidad”, destaca.

“Esta semana es festiva y reivindicativa. De alguna manera recuperar el espíritu Stonewall es saludable. El Orgullo es un escaparate en el que hay que exponer nuestras demandas”, defiende

La activista trans sabe que este no es un año como el resto. Con el anteproyecto de la Ley Trans, recientemente aprobado por el Consejo de Ministros e iniciando su camino legislativo en el Congreso, las personas del colectivo refuerzan sus derechos frente a “un clima de hostigamiento” que se ha visto fomentado por las redes sociales.

“Se ha creado un clima en el que las personas trans nos sentimos en un ambiente totalmente de hostigamiento y que ese cuestionamiento ha llegado a calar en la mente de personas más jóvenes que consume mucha red social y que pueden estar muy influenciadas”, critica.

Pese a esta situación, reconoce que la libertad de expresión “es sagrada”. Aún así, De Nicolás es consciente de que al final se ha cocinado “un caldo de cultivo de odio” en los últimos años en el que empieza a no distinguirse bien “cuál es la frontera entre la libertad de expresión y el delito de odio”.

  Anna de Nicolás, activista trans y LGTBI.Cortesía Anna de Nicolás

Por ello insiste en que las personas con discursos transfóbicos “tienen que tener consecuencias” porque “están diciendo barbaridades” y están quedando impunes. Aún así reconoce que esos discursos en muchas ocasiones no van directamente contra el colectivo, sino que apuntan más a su propio electorado para “fidelizar a los suyos” que son “los que les ríen las gracias”.

No obstante denuncia que se haya levantado este velo que lo único que ha conseguido es normalizar la situación y fomentar un “respaldo institucional e ideológico” a esta amenaza.

A pesar de los avances que está consiguiendo el colectivo, De Nicolás reivindica que aun queda mucho por hacer. Primero, con las enmiendas con las que espera que se tenga finalmente la ley “que realmente queremos”, ya que el texto deja algunos flecos, tal y como denuncian desde algunas asociaciones.

Y, en segundo lugar, luchar por una igualdad a nivel laboral ya que las personas trans todavía encuentran muchos obstáculos a la hora de encontrar un empleo. Para ello, la activista pide que se trabaje también junto a los agentes sociales para implementar los convenios a nivel laboral “con un punto de vista LGTBI+” y así no sufrir discriminación a la hora de encontrar un empleo.

El no binarismo y las personas no binarias (nb), incluidas dentro del colectivo trans, están cada vez más en el foco público, principalmente por el lenguaje inclusivo que tratan de utilizar políticos y personajes públicos como Irene Montero. Sin embargo, sigue habiendo mucha desinformación al respecto. Tal y como cuenta Aarón Rodríguez, persona no binaria del grupo joven de FELGTB, todavía queda mucho por hacer tanto a nivel de visibilidad como de labor pedagógica en el nobinarismo y en el lenguaje inclusivo.

“Si tú no entiendes cómo repercute el lenguaje en las personas no binarias, es normal que tengas problemas a la hora de hablarlo y de alguna forma a que hay poca cohesión en cuanto al movimiento NB (no binario)”, explica. Esto, asegura Rodríguez —que ha empezado recientemente a utilizar el nombre de Blue— , viene también por una falta de cohesión dentro del colectivo en cuanto al uso de pronombres y definición de lo que significa ser no binarie. “Siento que hay veces que de alguna forma la gente opta, quizás por decir que todos los nb son igual o cosas como que el género no existe y ya está y como la excusa para ser inclusivos, pero para negar nuestra identidad que mucho ha costado conseguir”, señala.

A la hora de definir qué es ser no binarie, Blue indica que es “una etiqueta muy grande, que abarca muchas identidades muy chiquititas y muy personales”. “Hay personas que prefieren definirse dentro de la etiqueta en sí misma y otras, como yo, que estamos más cómodes simplemente estando en el espectro, que básicamente es una destrucción por oposición”, detalla. “Actualmente las identidades de género se encuentran en divididas en dos y son binarias de estática. Es hombre o mujer. Eso no tiene nada que ver con tener pene o tener vulva ni con la expresión de género. La identidad de género es cómo te afecta a ti tu cuerpo, cómo te afectan los roles sociales o cómo te encuentras tú dentro de un colectivo como persona”, sentencia.

  Blue Rodríguez, activista no binarie.Cortesía de Blue Rodríguez

Para elle, una de las dificultades que se encuentra a la hora de expresar su identidad de género a personas fuera del colectivo es que no hay un cambio físico, aunque hay casos de personas nb que sí que se hormonan y cambian físicamente. “Conozco a muchas personas como yo que, como no nos hormonamos, es una cosa que se lleva dentro. Entonces hay momentos en la vida diaria en los que luchas con ser o no ser nb. Hay un momento en el que se despierta y tomas la valentía de coger ese nombre, pero al fin y al cabo hay experiencias diarias que te reafirman o te generan dudas sobre ser o no ser”, señala. 

Esto es para Rodríguez algo relativo a todas las personas trans. “Las transiciones de las personas trans son continuas, no tienen un principio y un final, siempre vas descubriendo cosas sobre ti. Más aún en una sociedad en la que la identidad de género tiene una relevancia supergrande. Todo lo miramos en base a cómo nos identificamos, desde cómo vestimos, hasta cómo actuamos, hasta cómo nos relacionamos con las personas”, señala.

Sin embargo, algo que Rodríguez ve diferencial con respecto a las personas trans binarias es, además de un cambio físico evidente, la visibilidad en el mundo del espectáculo. “Al final creo que somos menos circo, no montamos el show tanto aunque suene mal decirlo, no hemos aparecido como personajes y eso nos ha dado menos visibilidad”, indica, aunque recuerda que figuras como Demi Lovato, Miley Cyrus o Sam Smith se han identificado como no binaries. 

B_________________________________________________________________

Elisa Coll es escritora, activista y bisexual, aunque pasó la mayor parte de su infancia y adolescencia prácticamente sin saber que era una identidad que existía. Por eso, cuenta en su libro Resistencia bisexual, que salió del armario tarde, pasada la veintena. 

“Tardé mucho en darme cuenta de que era bisexual porque nunca pensé en ello como una opción válida. Yo pensaba que era heterosexual y si no  después, ya más adelante, pues pensé que igual podía ser lesbiana. Entonces, las señales que me mandaba mi cuerpo las interpretaba como envidia o admiración hacia otras mujeres, y eso al final se transforma en una baja autoestima”, reflexiona al teléfono con El HuffPost. 

Coll, que escribió su libro como un “relato personal, pero también colectivo y político”, aborda en sus páginas de esa invisibilidad que sube el colectivo bisexual. “Pongo el ejemplo de las mal llamadas terapias de conversión, en las que no es que te digan que ser LGTBI está mal, te dicen directamente que eso no existe, y eso ocurre a menudo con las personas bisexuales y es muy duro pensar que no puedes ni existir”, reflexiona. 

  La escritora y activista Elisa Coll.ELISA COLL

La escritora cuenta que ha sufrido bifobia dentro y fuera del colectivo LGBTI y que, en su entorno más cercano y laboral, tuvo que escuchar algunas frases discriminatorias tras hablar abiertamente de su bisexualidad. “Desde un antiguo compañero de trabajo, que un día en el que llegué al trabajo echa polvo porque lo había dejado con mi novia me soltó:’¿Entonces ahora ya vuelves a ser heterosexual?’, hasta personas que me han aconsejado que no me etiquetara tan rápidamente, que esperara. “Otra compañera me dijo tal cual que ella huía de las bisexuales como del diablo, entonces, que me lo pensara antes de decirlo abiertamente”, rememora Coll. 

“A veces dentro del colectivo LGTBI se tiene la imagen de que una persona bisexual no es de fiar, que no tiene las cosas claras o que se está haciendo la moderna y quieres formar parte del colectivo, aprovechándose de esos espacios. Dentro del colectivo es una identidad que ha estado más acostumbrada a ser invisible y ahora porque hablamos más y nos intentamos hacer ver más nos dicen ’qué pesadas”, se lamenta la escritora, que reconoce que dentro del colectivo con las letras “más visibles” se generan “jerarquías”. 

Por eso a Coll le gustaría que se dejaran de ver los derechos “como algo limitado de que cuanto más tenga uno menos va a tener el otro, es completamente al revés”, y anima al colectivo bisexual a seguir reivindicando para que se les escuche. “Es tan sencillo como eso”, defiende. “Hacemos auténticas piruetas en las conversaciones para hablar de nuestras parejas pasadas, si hemos tenido parejas de diferente género, que no siempre es el caso”, ejemplifica como una de las muchas cuestiones a las que se ha tenido que enfrentar en el día a día y que pueden parecer inocuas, pero que son síntoma de que es una identidad todavía invisibilizada. 

“Nunca se me han quitado las ganas de pelear y eso es gracias a mis amigas y compañeras, las que son bi y las que no. Por eso sigues adelante y por eso escribí el libro, para que se formen comunidades bi, que no tienen que ser únicamente de personas bisexuales, sino de esa gente que te escucha y te respeta. Tenemos que romper el aislamiento”, anima Coll, que pide “legitimidad y comunidad” para el colectivo en el futuro. “Necesitamos legitimidad para que haya recursos para las personas bi en todos los ámbitos”, defiende la escritora.