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01/01/2020 13:27 CET | Actualizado 01/01/2020 13:27 CET

Coradino Vega: "Por el descuido lingüístico se puede colar la barbarie"

"Hay que ser muy respetuoso con las identificaciones, con el sufrimiento que uno no ha vivido y las diferentes circunstancias históricas".

Coradino Vega (Minas de Riotinto, Huelva, 1976) ha publicado una novela grandiosa, de esas que vienen tocadas por la magia de la alta literatura. La noche más profunda (Galaxia Gutenberg) narra un día (de hecho, el último día) en la vida de Mihail Sebastian, escritor rumano y judío, que se ve represaliado por la brutalidad antisemita de la Rumanía fascista, en los años de la Segunda Guerra Mundial. Sebastian, amigo de Mircea Eliade y del filósofo Emil Cioran, que flirtearon y llegaron a ensalzar el movimiento fascista rumano y su rama paramilitar, la Guardia de Hierro, fue autor de unos diarios, que Philip Roth comparó a los diarios de Ana Frank, y cuyas páginas son esenciales para entender la Rumanía de los años treinta y cuarenta del siglo pasado. 

Juan María Rodríguez
Coradino Vega.

La noche más profunda supone un salto importante respecto a tus novelas anteriores, que tenían un componente más cercano en el tiempo y quizá más autobiográfico. ¿De dónde te viene la idea de escribir esta novela?

Se dieron varios factores, todos muy mezclados: por un lado, la lectura de los diarios de Mihail Sebastian, donde descubrí una mirada afín, un temperamento parecido al mío; por otro, la voluntad de divulgar su obra y su figura; y, por último, las ganas de hacer algo distinto a lo que yo había venido haciendo hasta ahora (o de seguir hablando de lo mismo pero en un contexto completamente distinto). Hay que ser muy respetuoso con las identificaciones, con el sufrimiento que uno no ha vivido y las diferentes circunstancias históricas. Si Sebastian no hubiese dejado por escrito su deseo de que alguien, alguna vez, en algún lugar, contara su historia, a mí me hubiera dado pudor hacerlo.    

El libro es un análisis certero de la vida en los años 30 y 40 de una Rumanía convulsa, que pasa de una dictadura fascista a ser un país satélite de la URSS en cuestión de poco tiempo. ¿Cómo ha sido ese proceso de documentación de la novela? 

A mí la documentación no me cuesta ningún esfuerzo porque siempre me ha gustado estudiar, siempre he tenido mucha curiosidad por aprender y aficiones muy variadas. Ha sido un proceso muy largo y laborioso, pero que yo he disfrutado mucho, intelectualmente hablando. Además, cuanto más lees sobre una cosa, más quieres saber, detalles cada vez más concretos, no sé qué noticia de tal día de hace setenta y cinco años, ver los lugares con tus propios ojos, etc.

¿Cómo diste con Mihail Sebastian y qué fue lo que te atrajo para novelar su vida?

Me recomendaron la lectura de sus diarios y descubrí a un autor muy delicado, muy elegante, con una sensibilidad, una sofisticación y una formación francesa que a mí me atrajeron mucho, con un gran amor por la pintura y la música. Además tiene una mirada muy cándida, en el mejor sentido de la palabra; no puede concebir que las ideas abstractas, por ejemplo, acaben anteponiéndose a los afectos; sus principios y escrúpulos morales surgen en él de una forma natural, no deliberadamente, como sin proponérselo. Y junto al abatimiento muestra siempre una pasión enorme por la vida.

Esos diarios son una fuente importante para la recreación de tu novela, ¿pero en qué medida? ¿Qué aporta tu historia respecto a sus diarios?

Los diarios son fundamentales, claro, pero la novela trata de ir más allá, intenta recrear todo aquello que no llegó a su pluma: su infancia, su familia, la relación con Mircea Eliade y Nina Mares, los problemas de conciencia, el arco temporal que no abarcan los diarios, cómo convertía su realidad en novelas u obras de teatro. Multitud de matices que no quedan clarificados en sus escritos y para cuya reconstrucción, después de leer todos los testimonios, sólo cabía acudir a lo ficticio. 

La novela está escrita con un estilo muy cuidado. ¿Esa forma de escribir te sale natural o hay una depuración estilística importante posteriormente? 

Hay un trabajo minucioso después, que a veces incluso me gusta más que la primera escritura. Pero con el tiempo el lenguaje me preocupa de una manera cada vez más concienzuda, por lo que intento ser claro y preciso durante todo el proceso; ser exigente; huir de las vaguedades y la retórica gratuita. Además, si uno decide publicar libros es que debe ser así, ¿no? Decía Victor Klemperer —que tan bien estudió el uso del alemán durante el Tercer Reich— que por el descuido lingüístico, por la laxitud y la manipulación de las palabras, se colaba la barbarie. Lo vemos cada día. De ahí que, en una época marcada por el maltrato del idioma y el abaratamiento cultural, se vuelva casi un imperativo ético estar vigilante y ser lo más riguroso posible.    

Hay que ser muy respetuoso con las identificaciones, con el sufrimiento que uno no ha vivido y las diferentes circunstancias históricas.

Me gustaría saber cómo es tu proceso de escritura: ¿planificas y tienes todo en la cabeza antes de ponerte a escribir o improvisas y te dejas llevar por la historia sin nada preconcebido de antemano? 

Preconcebido hay poco, entre otras cosas porque después la escritura suele llevarte por otro camino. Hay imágenes, esbozos, incluso esquemas de alguna escena concreta, pero a mí me gusta dejarme conducir por la escritura, porque luego siempre puedes borrarlo. En mi caso, me llevan mucho más tiempo las correcciones que la primera versión. Leo y releo mucho. Demasiado. En este aspecto, me gustaría ser más flexible, más libre. Pero la incertidumbre de escribir libros radica en que nunca tienes garantizada la siguiente línea, y en que cada libro es una cosa distinta, con sus propias reglas. Yo no entiendo eso de ya has aprendido la técnica y así puedes escribir con el tiempo más fácilmente. A mí me cuesta siempre mucho. Uno siempre está aprendiendo, empezando de cero.    

¿Crees que se puede vivir de la literatura hoy día en España?

Es difícil, ¿no? Tendrías que tener muchos lectores y que la escritura fuera retribuida dignamente. Lo demás no es vivir de la literatura, sino de cosas relacionadas con ella.  

¿Qué escritores y escritoras te han marcado más?

A lo largo de mi vida han sido muchos, aunque las predilecciones van cambiando conforme voy cumpliendo años. Los que no envejecen son los verdaderamente grandes (Cervantes, Proust, Virginia Woolf, Galdós, Flaubert, Alice Munro). Sí te diría que, en mi formación como escritor y como persona, Antonio Muñoz Molina ha tenido una influencia decisiva, invariable, incluso acrecentada con el tiempo. 

¿A qué autores de tu generación destacarías hoy día?

Es que yo no leo en función de una franja de edad, o de un idioma, o del sexo. Si por ejemplo me gusta Marta Rebón, no es porque sea mujer o haya nacido el mismo año que yo. Lo que sí te diría es que siento una preferencia instintiva por aquellos autores que escriben al margen de lo que dicta la moda, ese vientecillo de la época.  

¿Qué papel puede desempeñar la literatura en una sociedad como la actual, donde predominan la imagen y los contenidos de consumo rápido?

No lo sé. El aprecio de la literatura que a mí me importa es cada vez más minoritario. Hablo de la literatura o la música que se me hacen tan necesarias como el pan para vivir. Los indicios son desalentadores, pero algo quedará. 

Autor: Coradino Vega

Editorial: Galaxia Gutenberg

Páginas: 430

Tienda:https://www.libreriaalberti.com/libros/la-noche-mas-profunda/9788417747985/

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