Lo que sí y lo que no te cuenta la etiqueta de la carne que compras

Distintas iniciativas reclaman un etiquetado más transparente.
Una bandeja de carne.
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Una bandeja de carne.

Si de algo ha servido la reciente polémica acerca de las macrogranjas ha sido para que algunos consumidores se paren a pensar un momento acerca de la calidad de la carne que meten en su cesta de la compra, así como de su procedencia, no solo en el sentido geográfico, sino del modelo de explotación en el que ha sido criado el animal... una información de la que no suele disponer el comprador.

Mario Sánchez, tecnólogo alimentario y divulgador, explica que “actualmente, en el etiquetado de la carne fresca podemos conocer el origen y lugar de procedencia, además del resto de reclamos comunes para todos los alimentos envasados (denominación de venta, fecha caducidad, lote, registro sanitario, ingredientes, información nutricional...)”.

“Adicionalmente en las carnes frescas también se puede conocer información más exhaustiva por legislación, principalmente en el vacuno, siendo obligatorio indicar el país o región de nacimiento, engorde, sacrificio y despiece. En caso de realizarse todo en el mismo lugar, se añade la mención ‘Origen’ precedida del lugar correspondiente y el nº de matadero concreto”, añade.

Sin embargo, lo que no podemos saber “es el método de producción de ese alimento cárnico, si procede de un animal criado de forma intensiva o extensiva”, subraya Sánchez.

Iniciativas para un etiquetado más transparente

Son varias las iniciativas en este sentido que se han puesto en marcha en los últimos días, desde una petición en Change.org con más de 60.000 firmas para pedir que se etiquete “ya” la carne con el tipo de ganadería de la que procede, la carta que varios ganaderos de la Sierra Norte de Sevilla le enviaron al ministro de Consumo, Alberto Garzón, para pedir un etiquetado que diferencie la extensiva o la reunión de esta misma semana en la que la Unión de Pequeños Agricultores (UPA) con el ministro en la que le trasladó al ministro esa misma necesidad.

“Es una petición a la que queremos darle dimensión y por eso aprovechamos la ocasión de vernos con el ministro Garzón porque creemos que los alimentos procedentes de las ganaderías familiares, sobre todo tradicionales, de tipo ecológico, extensivas, semiextensivas, e incluso intensivas familiares, deben llevar un sello de identificación y de etiquetado”, resume Ramón Santalla, secretario de ganadería de UPA.

De esta manera, desean que “cuando un consumidor vaya a comprar, sepa perfectamente de qué modelo de explotación familiar procede ese alimento”.

Según Santalla, “como consecuencia de la pandemia que estamos sufriendo, los consumidores están dedicando bastante más tiempo a la compra y a ver también con más claridad el etiquetado y procedencia de los alimentos, en este caso la carne, pero podemos citar también a los lácteos y derivados lácteos, que están en una situación parecida”.

Tras el debate generado “en torno al modelo de macrogranjas o de explotación familiar”, señala que en UPA representan a las explotaciones agrícolas y ganaderas de este último tipo, “que representan en España y Europa en torno al 87% de las explotaciones”, por lo que piensan que deben “dar un paso adelante” porque los consumidores están demandando esa información de manera clara.

“Creo que el ministro lo ha visto con buenos ojos y esperamos poder avanzar en este modelo”, afirma el portavoz de UPA.

Ya existe en los huevos o el pescado

El tecnólogo Mario Sánchez también vería con buenos ojos que se implantara esa distinción en el etiquetado: “Creo que sería un paso adelante para informar mejor a los consumidores. Pero no vale de cualquier manera”.

En su opinión, “deben acotarse legalmente las condiciones para marcar el sistema de crianza en el etiquetado. Esto es complejo, porque algunos animales pueden pasar por distintas fases extensivas e intensivas a lo largo de toda la producción”.

Como recuerda Sánchez, “en alimentos como huevos y pescado sí que podemos saber la forma de cría (si son gallinas criadas en suelo, camperas, ecológicas...) y para el pescado si es de acuicultura o ha sido pescado. Por ello, no tiene mucho sentido que a día de hoy no podamos conocer la misma información de la carne”.

Avances lentos

A pesar de que tras la reunión con UPA Alberto Garzón afirmó que estudiará la propuesta sobre el etiquetado y que los consumidores “tienen derecho a saber con la mayor precisión posible de dónde proceden los productos que están consumiendo”, Santalla recalca que “todos los avances que se dan en estos casos llevan tiempo”, por lo que no se pueden esperar cambios muy a corto plazo.

“Pongo el ejemplo de la leche, que conseguimos etiquetar el origen a partir de 2016-17, eso ha sido para nosotros un trabajo inmenso. De principio, todos se niegan: se niega la industria, se niega la distribución y se niega o no te ayuda el propio Gobierno”, asegura.

“Sería un avance muy importante, y ya sé que no va a ser nada fácil”, añade Santalla. Ya cuentan a priori con el apoyo del Ministerio de Consumo, apunta que tendrían que “contar también con el de Agricultura y seguramente con el de Medio Ambiente y Comercio”.

Una Proposición no de Ley

Paralelamente a estas reivindicaciones se suma la Proposición no de Ley que ha registrado Más País-Equo para que sea debatida en el Pleno del Congreso para pedir un etiquetado que identifique el modelo de ganadería de todos los productos de origen animal.

“Cuando vas a comprar huevos tienes la libertad de saber si han sido producidos en explotaciones intensivas o si son huevos de pollos de corral. Queremos que, cuando vas a comprar carne, tengas la misma información y tengas la misma libertad para elegir qué tipo de carne prefieres”, resumió Íñigo Errejón al explicar esta iniciativa en sus redes sociales.