Una pareja crio a un oso de 410 kilos durante 25 años como su hijo y se convirtió en una estrella: "Fue una historia de amor"
Un osezno por 50 libras que cambió una vida.
Las historias más increíbles parecen que solo ocurren en el cine o en los libros, pero la vida de Maggie y Andy Robin demuestra que la realidad, a veces, puede ser aún más asombrosa. En un pequeño rincón de Clackmannanshire, en Escocia, esta pareja convivió durante un cuarto de siglo con un oso grizzly de más de 410 kilos y 2,7 metros de altura, al que criaron como si fuera su propio hijo.
Su nombre era Hércules y, además de ser parte de la familia, se convirtió en una auténtica celebridad internacional. La historia comenzó en 1976, cuando Maggie y Andy Robin, que no tenían hijos, decidieron adoptar un osezno de cinco meses procedente de un parque de vida silvestre escocés. El lugar tenía demasiados cachorros y, para evitar sacrificarlos, ofreció algunos en adopción.
Por 50 libras en efectivo, la pareja se llevó a casa a Hércules sin imaginar que aquel pequeño animal se convertiría en el centro de su mundo durante los siguientes 25 años. Desde el primer momento, Hércules no fue tratado como una mascota, sino como un hijo. Vivía dentro de la casa, desayunaba en la mesa de la cocina, dormía frente a la chimenea y acompañaba a Andy en sus salidas por el pueblo.
Una convivencia fuera de lo común
Al principio no fue fácil ya que ––como era de esperar––el joven oso mordía, arañaba y tenía comportamientos imprevisibles. Pero Maggie, ahora de 76 años, recuerda cómo el cariño y la paciencia marcaron la diferencia. “Fue una historia de amor entre los tres, sin duda. Era nuestro niño pequeño”, afirmó en un documental que repasa la vida del animal.
Según detalla Blikk, mientras ella se ocupaba de cocinarle y alimentarlo, Andy jugaba, luchaba y nadaba con Hércules como si fuera un cachorro gigante. El oso incluso visitaba colegios y se dejaba ver con frecuencia en el pub local, donde era conocido por beber cerveza y cócteles de cerveza con los clientes.
Un oso peculiar
Hércules además de ser enorme, también tenía carácter. Le encantaban los huevos, las hamburguesas, los espaguetis, las gambas e incluso la tarta de cumpleaños. En cambio, no mostraba demasiado interés por la comida cruda. “Era como un gran abrigo peludo tambaleante, y había que tener cuidado”, recordaba Maggie.
La historia de la pareja y su oso no tardó en hacerse viral —mucho antes de que existieran las redes sociales—. Llegaron ofertas de agencias de publicidad y productoras, y Hércules se convirtió en una sensación mediática. Sin embargo, la fama también tuvo un precio.
Durante un rodaje en las Hébridas Exteriores, el oso desapareció mientras nadaba en un lago. La búsqueda duró 24 días y movilizó a policías, soldados, helicópteros y embarcaciones. La prensa internacional siguió cada paso de la operación. Finalmente, Hércules fue encontrado husmeando en unos cubos de basura y tuvo que ser capturado con una flecha tranquilizante desde un helicóptero.
Un final triste para una vida extraordinaria
Tras aquel episodio, Hércules alcanzó la categoría de leyenda. Conoció a Margaret Thatcher, actuó junto a Roger Moore en una película y fue invitado habitual en programas de televisión. Pero en 1999 enfermó gravemente tras regresar de un rodaje. Desarrolló un absceso en la columna vertebral y, pese a los esfuerzos desesperados de Andy, murió en febrero de 2000.
“Todavía le echo mucho de menos”, confiesa Maggie, que también perdió a su marido en 2019. Para ella, Hércules no fue un animal salvaje ni una estrella sino su hijo, el “hijo peludo” que marcó su vida para siempre.