Los creadores y autores franceses avisan: "Una nación que acepta que su patrimonio cultural sea captado sin control por las plataformas de IA renuncia a su identidad"
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Los creadores y autores franceses avisan: "Una nación que acepta que su patrimonio cultural sea captado sin control por las plataformas de IA renuncia a su identidad"

El mensaje apareció en una tribuna conjunta publicada por Le Monde.

La pugna por el liderazgo en la IA entre OpenAI, DeepSeek, Grok, Gemini o AnthropicNurPhoto via Getty Images

Permitir que las plataformas de IA utilicen obras culturales sin autorización ni compensación económica supone, según denuncia un colectivo de asociaciones de autores, artistas y creadores franceses, entregar parte de la identidad nacional a las grandes tecnológicas.

"Una nación que permite que su patrimonio cultural sea capturado por unas pocas plataformas de IA está renunciando al control sobre lo que constituye su identidad", defienden. 

El mensaje apareció en una tribuna conjunta publicada por Le Monde, donde los representantes del sector cultural respaldan el proyecto de ley aprobado por unanimidad en el Senado francés el pasado 8 de abril. La norma busca cambiar las reglas del juego en los conflictos entre creadores y empresas de inteligencia artificial.

Hasta ahora, los autores debían demostrar que sus obras habían sido utilizadas para entrenar sistemas de IA, una tarea casi imposible cuando las bases de datos utilizadas por las compañías permanecen ocultas. Con la nueva propuesta, serán las plataformas las que tendrán que demostrar que no emplearon contenido protegido cuando existan indicios razonables de uso.

Los autores franceses señalan, por ejemplo, que casi la mitad de las canciones que se suben cada día a la plataforma Deezer son generadas por inteligencia artificial. También alertan de la creación masiva de imágenes artificiales y de la reproducción descontrolada de voces y obras creativas.

El resultado, sostienen, empieza a parecerse a una película distópica escrita por un contable: más contenido, menos autores y beneficios concentrados en unas pocas multinacionales tecnológicas.

Los firmantes acusan además a los gigantes de la IA de evitar cualquier negociación seria sobre licencias y derechos de autor mientras presentan el entrenamiento de modelos como si fuera un simple acto de “inspiración artística”. 

Los autores reprochan a Francia haber mostrado una posición ambigua durante las negociaciones europeas sobre el reglamento de IA de 2024, cuando el país —históricamente muy protector con los derechos de autor— se opuso inicialmente a introducir mayores exigencias de transparencia para las plataformas.

Ahora, aseguran, la discusión ha regresado al terreno nacional y la decisión ya no es tecnológica, sino cultural. Para los impulsores de la ley, la cuestión no consiste en frenar el desarrollo de la inteligencia artificial, sino en impedir que las obras humanas sean el único ingrediente de esta revolución que no recibe compensación económica.

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“La cultura no es un sector secundario”, defienden los firmantes. Y es que, en su opinión, libros, películas, canciones o artículos periodísticos forman parte de la memoria colectiva y de la influencia internacional de un país.

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