Máximo Huerta: "Hablar claro de los cuidados puede hacerte sentir egoísta porque 'al menos tú puedes hacerlo"
Hablamos con el escritor valenciano de su nueva novela 'Mamá está dormida', una delicada y conmovedora historia de amor, cuidados y secretos.
"Esta no es una historia real, es solo la novela que ha inspirado la realidad. Porque esa sí existe. Y se llama vida". Máximo Huerta deja claro desde el inicio que la historia de Mamá está dormida no es real... o bueno, no todo es real: "Es una novela de ficción que tiene la psicología, el tono y la atmósfera de mi casa".
La pregunta que pone en marcha este relato, "¿Y tu hermano dónde está?", existió. Un día el escritor la escuchó de boca de su madre: "No es una pregunta biográfica, pero me dejó en shock, me descuadró. No porque creyera que tenía un hermano secreto, sino porque no sabía cómo responder a eso y la manera que he tenido de responder ha sido escribiendo esta novela”. Una novela anegada de amor “por encima de todo, hacia mi madre”.
A Federico, el protagonista y así llamado en homenaje a Federico García Lorca, esta pregunta sí que le desconcierta, le hace dudar sobre la posibilidad de no ser hijo único después de 53 años, y decide emprender un viaje hacia el pasado de su madre, ya una anciana con demencia, y en búsqueda de ese hermano. “La ficción te permite hacer cosas que nunca harás, yo nunca haré este viaje con mi madre. En este viaje es como si fueran hacia atrás y hacia adelante, por eso fui calculando la ruta para que pudieran ir parando y disfrutándose los dos, madre e hijo, de esas paradas", explica.
El destino será Vera de Bidasoa, donde su madre vivió en el albergue de la Sección Femenina. El medio, una autocaravana, que convierte esa "expedición" en una especial road trip literaria. El autor advierte que él nunca ha viajado en una caravana, pero estudió cada rincón de una para confirmar que sí, que este viaje, el último de madre e hijo, tenía que ser así: "Para que haya tiempo, espacios, estrechez, incomodidad... Para que se noten los cuidados en siete metros cuadrados, los olores y las risas. Para que todo quede más concentrado. Esta es la mejor manera de concentrar el amor, el cuidado y la incomodidad".
Así, sin prisa, Federico, Aurora —el nombre tampoco es casualidad porque así es como se denominan los momentos de lucidez y conexión en los pacientes demenciados— y su vieja perrita completan este "itinerario sentimental" repleto de ternura, que por momentos hace llorar, pero en otros saca una gran sonrisa. "En la novela hay episodios muy graciosos y muy luminosos, y hay conversaciones muy agradables porque de verdad que existen en la enfermedad. Y a ellos te agarras como si hicieras botes de conserva, '¡me los voy a guardar para cuando no esté!'. Cuidar es un poco hacer botes de conserva para después", reflexiona Máximo Huerta.
Las uniformadas mujeres de la Sección Femenina
Dice el escritor que todos guardamos secretos y que "el mayor acto de dignidad del ser humano es guardarte tus secretos y morirte con tus secretos sin desvelar". Pero intentar descubrir las incógnitas que hay tras la pregunta repetida por su madre se convierte en tarea vital para calmar la soledad de Federico. Y sobre todo, necesita descubrir qué fue lo que su madre vivió en ese albergue del pueblo montañoso de Navarra, Vera, la incógnita a desentrañar en esta novela de "amor y misterio".
Para Máximo Huerta era fundamental retratar cómo eran esos albergues de la Sección Femenina en los que se uniformaba a las mujeres no solo vistiendo, también de pensamiento, siguiendo las directrices de Pilar Primo de Rivera. "Al mismo tiempo que escapaban de su vida, de su pueblo, también volvían convertidas en madres, esposas e hijas abnegadas. Eran mujeres clónicas. Y esto es el mayor robo de libertad que han tenido todas, del que no eran conscientes porque había que ser así", relata el escritor valenciano.
Una mirada a ese pasado no tan lejano que amenaza volver —"ahí están las tradwives"—. "Yo creo que tenemos alzheimer y esto pasó hace poco tiempo, que aún están nuestros padres vivos. Y no es solo un partido político, es una oleada de movimiento conservador, ultraconservador, en forma de vestir, forma de ser, con el sexo...", señala. "Y luego, cómo se trata en algunos discursos la emigración me está un espantando un poco. Me dan miedo", advierte con vehemencia.
Cuidar es empezar a despedirse
Dedica Máximo Huerta este libro "a los que cuidan" y "a los que son cuidados" porque eso es fundamentalmente Mamá esta dormida, un relato sincero y honesto de la vida del cuidador, algo que él ejerce desde hace años a tiempo completo, con solo una vía de escape, su librería Doña Leo. "A mi madre le detectaron un tumor y con el tumor coincide la cabeza, coincide la demencia, y coincide una rotura de cadera. Entendí que tenía que dejar Madrid. Cogí todo y me fui al pueblo, a casa, a Buñol. El primer día fue extraño, muy extraño, y al segundo entendí que era mi lugar en el mundo", reconstruye con emoción.
Asegura que ha intentado no hacer un libro triste sino un libro sereno, aunque "hay un día que asumes que cuidar es empezar a despedirte y es dramático porque es inamovible y una cuenta atrás". Pero para Máximo se trata de encontrar la belleza en esas pequeñas conversaciones e historias, como las que tienen Federico y Aurora, que te hacen mejor.
Tras el relato tierno, pudoroso, trágico y cómico de esos personajes también se reivindica el valor de los cuidados, de esos que casi nadie habla: "Huimos de ellos, hablamos muy poco porque nos hace ser absolutamente frágiles, demuestra nuestra fragilidad, la nuestra y la de los que queremos". "No se ha hablado nunca de qué es lo que pasa en el cuidado. Y es algo que no ha tenido ayudas, ni una mirada política. No ha estado en el debate, nunca, porque siempre se han encargado las mujeres de hacerlo y eso ha venido muy bien a todos", asegura Máximo Huerta.
Y cuando se habla... "Me he dado cuenta perfectamente de que hablar claro de ello te hace sentir egoísta y siempre hay alguien que te puede decir, ‘al menos tú puedes hacerlo", lamenta.