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Compra una casa con dos enormes garajes solo para guardar sus tesoros vintage: "Ir a las tiendas de segunda mano me da calma"

Compra una casa con dos enormes garajes solo para guardar sus tesoros vintage: "Ir a las tiendas de segunda mano me da calma"

Lo que empezó como una afición durante la pandemia acabó influyendo en la compra de la vivienda y en una forma personal de llenarla de objetos con historia.

Panorámica de una tienda de muebles vintage.
Panorámica de una tienda de muebles vintage.Getty Images

Mieke no compró una casa, compró un lugar donde cupieran sus cosas. Así de simple. En la pandemia, lo que empezó como una distracción para matar el tiempo terminó por irse de las manos: acabó coleccionando tantos objetos vintage que la única solución fue mudarse a una vivienda en Nimega con dos garajes gigantescos. Solo así podía dar salida a sus frutsels, como ella llama a esos tesoros —o trastos, según se mire— que ya no cabían en ningún otro sitio.

Si vas a verla, más vale que tengas paciencia al llamar al timbre. La puerta principal y el timbre son, en realidad, un decorado: el recibidor se integró hace tiempo en el salón para ganar espacio y ahora la entrada real está por detrás. “Para no tener que dar toda la vuelta, a veces hasta recojo los paquetes por la ventana”, confiesa entre risas mientras guía a las visitas por la puerta trasera.

Mieke y Joey ya eran vecinos del barrio, pero el flechazo con este lugar fue instantáneo por motivos distintos. Ella vio los dos garajes y visualizó el hogar perfecto para su marea de objetos; él se fijó en el jardín. A pesar de que el precio de la parcela estaba por las nubes —500 metros cuadrados cerca del centro de la ciudad no son ninguna broma—, se lanzaron de cabeza.

Lo de Mieke es cualquier cosa menos una afición discreta. “Con lo que tengo ahora mismo en el cobertizo podría amueblar tres casas enteras”, asegura. Eso sí, ha tenido que aprender a soltar lastre por el camino: “No puedo quedármelo todo, sería una locura. Así que selecciono, separo las piezas especiales y el resto lo vendo”. Incluso objetos que parecen no tener mucho sentido, como una escalera rosa de piscina apoyada sin mucha explicación en una pared, tienen el futuro asegurado: “Ya le encontraré su sitio”, afirma convencida.

La cocina es el centro de operaciones de la casa; allí es donde ocurre todo y donde, según dice, cabe "toda la familia". Domina el espacio una gran vitrina azul de Piet Hein Eek que rescató de una tienda de segunda mano. “Es increíble todo lo que cabe. Y me tiene enamorada el cierre de cobre”. Cerca aparece también una silla rosa de la serie Crisis del mismo diseñador; una pieza minimalista hecha con madera barata que Joey fue a buscar expresamente hasta Harlingen.

Mieke mezcla estilos sin ningún tipo de complejo: diseño de autor, piezas únicas y hallazgos de cadenas comerciales conviven sin jerarquías. En una vitrina de un rosa intenso, fabricada a medida por el artista David van Son, se mezclan vajillas delicadas, objetos de Gustaf Westman para Ikea y piezas de vidrio de Hema. A ella le atrae lo exagerado, lo casi absurdo, esos objetos con un aire pop que parecen sacados de los años sesenta. Como esa lámpara de Studio Job donde el plástico parece estar derritiéndose o un taburete que imita la madera con vetas gigantescas. “En realidad me gustan las cosas caras”, reconoce con honestidad, “pero por suerte muchas se pueden encontrar de segunda mano si sabes dónde mirar”.

Para ella, ir de tiendas no es solo comprar; es su terapia. “Voy una o dos veces por semana. Si estoy inquieta, entrar ahí me tranquiliza”. Esa pasión la ha llevado incluso a Instagram, donde ahora comparte fotos de las cosas que no ha comprado, algo que, curiosamente, despierta muchísima curiosidad.

Cada rincón de la casa destila decisiones valientes. El pasillo combina el rosa pastel con el amarillo, un aviso de que en el salón no existe el miedo al color. El suelo de PVC, moteado en tonos tierra, fue todo un reto: “El vendedor se sorprendió de que nos atreviéramos”, recuerda. Allí, el gran sofá de pana mostaza es el rey de la estancia. Tras mucho darle vueltas, compraron uno con dos esquinas para que Mieke y su hijo Axel dejasen de pelearse por el mejor sitio. Muy cerca, una fila de decenas de Barbapapás de colores, encontrados en Marktplaats, vigila la habitación.

Esa búsqueda constante de piezas los ha llevado a recorrer los Países Bajos de punta a punta durante meses. Desde Zaanse Schans para recoger una lámpara verde de HK Living, hasta Groninga o Zelanda. Cualquier excusa era buena para cargar la furgoneta.

Aunque la planta superior y el jardín aún están a medio gas, la esencia de lo que buscaban ya está ahí. Joey ya ha levantado un gallinero, a la espera de que lleguen las gallinas, y el jardín ofrece unas vistas de lujo a un molino que todavía funciona. “Mi sobrino dice que parece que vivimos en un camping porque los vecinos tienen derecho de paso por detrás y siempre hay gente cruzando”, cuenta Mieke. “Pero no nos molesta nada. Al revés, vivir así es un regalo”.