Un médico da las claves para controlar los apretones al llegar a casa
No es casualidad: tu cerebro baja la guardia al llegar a casa, pero puedes entrenarlo para no perder el control en el último minuto.
Es una situación tan común como poco elegante: llevas toda la tarde fuera de casa sin mayores problemas, sin embargo, justo cuando estás llegando a casa, en el ascensor, metiendo la llave o subiendo las escalera, el apretón se intensifica de golpe sin saber muy bien cómo ni por qué. Lo que parecía controlado se convierte en una urgencia máxima. Y la pregunta es inevitable: ¿por qué pasa siempre en ese momento?
El médico y divulgador científico David Callejo ha explicado el motivo y, lo más interesante, qué se puede hacer para evitar ese último momento de máxima tensión. La respuesta no está tanto en el intestino o en la vejiga como en el cerebro. Así, como suena.
Por qué aguantas mejor fuera que llegado a casa
Según explica Callejo, mientras estamos en la calle o en cualquier entorno público, el cerebro mantiene un mayor control voluntario sobre los esfínteres. Es una cuestión pura de contexto: no estamos en nuestro espacio seguro y el organismo actúa en “modo contención”. Esa vigilancia hace que podamos aguantar más tiempo del que creemos.
El cambio se produce, por tanto, cuando el cerebro reconoce que hemos llegado a casa. O que estamos llegando. En ese momento se activa el sistema nervioso parasimpático, el encargado de las funciones de descanso y relajación. Es el sistema que permite al cuerpo desconectar y centrarse en procesos automáticos como la digestión y la eliminación. Traducido: el cerebro baja la guardia porque interpreta que ya estás en un lugar seguro. Y es ahí donde está la trampa.
Al relajarse ese control voluntario, la sensación de urgencia aumenta de forma brusca. No es que de repente tengas más necesidad que antes; es que desaparece el freno que la estaba manteniendo a raya.
Tres trucos clave
Callejo propone tres estrategias prácticas para recuperar el control cuando parece que no llegas.
- La primera es realizar contracciones rápidas del suelo pélvico, como si intentaras cortar el pis. Recomienda hacer entre cinco y diez contracciones seguidas y a buen ritmo. Este gesto envía una señal inhibitoria a la vejiga y al recto, lo que ayuda a que el cerebro vuelva a activar parte del control voluntario. Es una forma rápida de “recordarle” al cuerpo que todavía no es el momento.
- La segunda clave es controlar la respiración. La reacción instintiva suele ser correr hacia el baño, pero eso puede aumentar la urgencia porque activa más el organismo. En lugar de eso, aconseja parar unos segundos e inspirar por la nariz durante cuatro segundos y soltar el aire lentamente durante seis u ocho. Este patrón respiratorio ayuda a estabilizar el sistema nervioso y reducir la sensación de pérdida de control.
- La tercera estrategia es distraer la mente. Pensar obsesivamente en el baño solo amplifica la señal. Por eso recomienda ocupar el cerebro con tareas sencillas pero que requieran atención, como restar números de siete en siete, hacer cálculos mentales o incluso repasar la alineación de tu equipo favorito. Al cambiar el foco mental, disminuye la intensidad con la que percibes la urgencia.
La función determinante del cerebro
La explicación desmonta, por tanto, la idea de que todo depende de “aguantar más”. Nada que ver. Lo que ocurre al llegar a casa tiene una base neurológica clara: el cerebro detecta seguridad, activa su modo relajación y reduce el control voluntario. Entender ese mecanismo, que no es tan fácil como suena, es la clave para gestionarlo mejor.
La próxima vez que el apretón aumente justo al cruzar la puerta, al menos sabrás que no es casualidad. Y, con estas tres claves, tendrás más opciones de llegar al baño sin vivir esa carrera contrarreloj. O, al menos, sabes que hacer para intentar evitar el agobio. No prometemos que funcione a la perfección.