Milán-Cortina 2026 baja el telón: emoción final, polémicas y medallas españolas para el recuerdo
Fueron los Juegos de los 22.000 kilómetros cuadrados de sedes y del gran botín de España, que celebró su primer oro en 54 años.

Los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 ya son historia. Diecinueve días después de que la llama olímpica comenzara a arder en el norte de Italia, el fuego se apagó este domingo en la Arena de Verona, y así se puso fin a la edición más extensa de siempre -22.000 kilómetros cuadrados de sedes- y a unos Juegos marcados por la innovación, la paridad y la emoción.
Italia optó por una despedida elegante y simbólica, alejada de grandes triunfalismos y menos solemne que la apertura en San Siro, pero cargada de identidad y sello propio. Verona, con su anfiteatro romano convertido en corazón olímpico por una noche, acogió el último desfile de atletas y el traspaso oficial a los Alpes Franceses 2030. Fue un adiós sereno y calmado para una cita que apostó por conectar la modernidad de Milán con la tradición alpina de Cortina d’Ampezzo.
España aprovechó el momento
En clave española, Milán-Cortina deja un balance que trasciende el metal. Las medallas conquistadas por la delegación nacional suponen un soplo de aire fresco para el deporte de invierno español, pero ocultan una realidad: salvo el esquí de montaña, que debutaba en estos Juegos, no se ha conseguido ni otra medalla, ni ningún diploma.
Oriol Cardona, con ese oro, el segundo en toda la historia tras el de Paquito Fernández Ochoa en Sapporo 72, llevó el delirio, compartido con una Ana Alonso cuya historia de superación para llegar hasta aquí trasciende al deporte. Ambos ganaron por separado, y también juntos. 3 medallas entre ambos, pero en un deporte que podría volver a salir fuera del programa olímpico y que, en caso de quedarse, habrá que trabajar muy bien para que no nos adelanten los países con más tradición. Hay muchos deberes por hacer.

Ópera, tradición y memoria olímpica
La ceremonia arrancó con un guiño inequívoco a la identidad italiana. El célebre “Libiamo ne’ lieti calici” de Giuseppe Verdi resonó en la Arena, seguido de homenajes a títulos inmortales como Rigoletto, La Traviata, Aida o Madama Butterfly. La ópera marcó el tono de una velada que combinó música, danza y narrativa visual.
En la grada estuvo la primera ministra Giorgia Meloni, testigo del cierre de unos Juegos que ya son historia. Y que también tuvieron su cuota de polémica con Vladyslav Heraskevych, el deportista que fue expulsado al querer competir con un caso en memoria a las víctimas ucranianas de la guerra con Rusia.
También hubo espacio para la memoria: los campeones olímpicos Maurilio De Zolt, Marco Albarello y Silvio Fauner llevaron la llama al centro del escenario antes del desfile conjunto de los atletas, uno de los instantes más emotivos de la noche.
Y se apagó la llama
Tras los discursos institucionales —incluido el de la presidenta del COI, Kirsty Coventry— llegó el momento inevitable. En Verona, la legendaria patinadora Arianna Fontana, la deportista italiana más laureada en la historia olímpica, sostuvo la llama mientras los dos pebeteros oficiales —uno en Milán y otro en Cortina— se apagaban de manera simultánea.
Ese doble fuego ha sido uno de los grandes símbolos de estos Juegos: dos sedes, dos corazones, una misma llama.
Milán-Cortina 2026 se despide dejando cifras récord, imágenes potentes y medallas españolas que refuerzan el camino recorrido. El telón cayó en Verona. El impulso, ahora, pertenece a los deportistas.
