Un experto pone de manifiesto lo que pasa con el precio de las palomitas en el cine: un truco que no todo el mundo sabe
@Jesus_bolloque explica cómo las empresas intentan vendernos el bol de palomitas que más rentabilidad da a los cines.

Hay una escena que se repite cada fin de semana en miles de cines. Antes de entrar en la sala, tenemos una parada obligatoria en el mostrador. Miramos la carta iluminada, comparamos tamaños, dudamos entre el menú mediano o el grande y, tras unos segundos de cálculo mental, elegimos convencidos de haber tomado la mejor decisión posible en relación calidad-precio.
Pero… ¿realmente estamos eligiendo nosotros?
Eso es lo que analiza el creador de contenido y divulgador sobre comportamiento del consumidor @Jesus_bolloque, que ha explicado cuál es la estrategia que utilizan muchas empresas para empujarnos, de forma casi imperceptible, hacia el producto que más les conviene vender.
Y no, no se trata simplemente de que intenten colocarte el cubo más grande o el menú más caro. El truco no es venderte el más caro, sino hacerte creer que lo has elegido tú. Y el que a ellos les da más rentabilidad.
La clave está en algo mucho más sutil: influir en tu percepción del valor. Cuando te plantas frente al panel de precios, normalmente encuentras tres tamaños: pequeño, mediano y grande. A simple vista, parece que tienes libertad total para escoger. Sin embargo, la disposición de precios y cantidades no es casual.
La estrategia consiste en colocar un producto “señuelo” que haga que otro parezca la opción más inteligente. Por ejemplo: el tamaño pequeño tiene un precio relativamente alto para la cantidad que ofrece. El mediano mejora ligeramente la proporción. El grande, por apenas un poco más de dinero, multiplica la cantidad.
Tu cerebro, programado para buscar el “mejor trato”, detecta enseguida que el grande “sale mucho mejor”. Y ahí está el punto clave: no estás comparando de forma aislada, estás comparando entre opciones diseñadas estratégicamente para dirigir tu decisión.
Una trampa invisible
El experto explica que el truco está en cómo percibimos las diferencias. No evaluamos el precio absoluto, sino la diferencia entre uno y otro.
Si el mediano cuesta 6 euros y el grande 6,50, el salto parece ridículo. “Por 50 céntimos más me llevo el doble”, piensa el consumidor. Lo que rara vez se cuestiona es si realmente necesitaba esa cantidad extra o si, en términos reales, el coste de producción para la empresa apenas aumenta.
El pequeño, en este esquema, cumple una función fundamental: hacer que el grande parezca irresistible. Sin esa opción pequeña “poco rentable” para el cliente, la comparación cambiaría por completo.
La estrategia va un paso más allá de vender más cantidad. Se trata de influir en el proceso mental: Te hacen sentir racional. Te hacen creer que estás optimizando tu dinero. Te convencen de que has ganado la partida.
Pero en realidad, la estructura de precios ya estaba diseñada para que esa fuera tu conclusión. No es manipulación directa. Es arquitectura de decisiones. Es colocar las opciones de tal manera que tu cerebro complete el camino que la empresa ha trazado previamente.
Fácil, ¿verdad?
