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04/01/2016 08:02 CET | Actualizado 03/01/2017 11:12 CET

Las memorias descosidas de Víctor Manuel

victormanuelEl gusto, querido Víctor, ha sido nuestro. De todas y de todos los que de tu mano hemos aprendido que no podemos vivir sin memoria y que de los corazones tendidos al sol es el reino de los cielos. Esos que me temo solo son posibles en miradas como las de tu niña de agua.

"Me imagino al hombre, al artista relativizando su gran historia y con la discreción propia acogiéndonos en sus bolsillos. Una vida de un hombre valiente al que la palabra le debe tanto, con la frente bien alta". Del Prólogo de Andrés Suárez

2015-12-28-1451306415-3002654-victormanuel.jpgPodría escribir mi biografía siguiendo el rastro que las canciones de Víctor Manuel han ido dejando en mi vida. Desde que lo descubriera, cuando apenas tenía yo diez años, y lo viera actuar en mi pueblo, que también es un poco el suyo, cantando Sólo pienso en ti, me ha acompañado en mis viajes, en mis amores y desamores, en mis derrotas y en mis vuelos. Sin que él haya sido consciente, aunque en alguna ocasión me he atrevido a decírselo, aprendí de él no solo el valor de los versos sino también el sentido ético y político que implica el ejercicio de la ciudadanía. Con él he descubierto no solo los múltiples adjetivos del amor, sino también las herramientas para ser fiel a mi conciencia, para cruzar los brazos cuando alguien quiera obligarme a conquistar una playa, para hacer de las canciones un pretexto para la alegría y para descubrir la auténtica poesía, esa que reside en las cosas más cotidianas. Y como las bocas pueden ser nubes blancas, y como por la luz de unos labios se puede ir muriendo, y como en el desván se puede oler a hierba, y como en el amor no cabe medir quién puso más, y como entre dos es posible inventar lo imperfecto.

Por todo ello la lectura de sus memorias desordenadas ha sido para mí como bucear en mis propios años, desenredar hilos que se habían quedado prendidos de alguna rama y, en cierto modo, recorrer la historia de un país que en apenas unas décadas ha conseguido coser, aunque sea tan imperfecta, una camisa blanca esperanzada. Antes de que sea tarde tiene la gran virtud de no ser un libro pretencioso, ni mucho menos el diario de un héroe. Es un relato, más hilvanado que cosido, que transpira modestia y ternura, tal y como es Víctor. Intenso e irónico cuando hace falta, militante casi siempre, feminista y cuidadoso. El cocinero que bien sabe conjugar emociones y especias, caldos y rebeldías. Más cerca de un novelista que de un cronista en sus recuerdos familiares, como rotundo y desnudo en la narración de sus desamores políticos - "Y luego se preguntan qué les pasado" - , el asturiano ha conseguido, como ocurre con sus canciones, que el lector se sienta partícipe de cada párrafo. Como si fuera un amigo que se reconoce en el itinerario de un hombre que ahora mira al futuro a través de sus nietos.

En esta época de referencias tan poco sólidas, de delgadez ética y de tanta tontería, leer al hijo del ferroviario es todo un ejercicio de afirmación política y sentimental. Como bien hemos aprendido del feminismo -y Ana siempre dice que Víctor es mucho más feminista que ella- , lo personal es político, de ahí que estas memorias sean no solo fragmentos de la vida privada y pública de un creador sino también un mapa emocional para entender como arte, política y valentía son primas hermanas. Unas primas que solo se arriman en el corazón de los seres generosos. Los que merecen como Víctor el título de egabrense de honor, paisano ya mío para siempre, y de Mari Luz y de Antonio, y de un adolescente Pedro Garfias que sin ser de Cabra aprendió en ella lo que significa ser un hombre del Sur, polvo, sol, fatiga y hambre.

El gusto, querido Víctor, ha sido nuestro. De todas y de todos los que de tu mano hemos aprendido que no podemos vivir sin memoria y que de los corazones tendidos al sol es el reino de los cielos. Esos que me temo solo son posibles en miradas como las de tu niña de agua, en el reverso de los sombreros que lleva David o en los poemas que sin saberlo empiezan a escribir Olivia y León. Y en ella, claro, sin la que no te puedes explicar. Sin la que otros muchos como yo, y perdona mi atrevimiento, tampoco ya sabríamos explicarnos, "aunque cada uno tenga su parteaguas, su comida aparte, su rayito de sol no compartido, su comprensión de lo que nos rodea a partir de lo que piensa de lo que puede pensar el otro..."

Este post fue publicado originalmente en el blog del autor

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