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09/12/2016 07:21 CET | Actualizado 09/12/2016 07:21 CET

La ruina en ruina

ruinasDentro de miles de años no quedará nada de la Torre Eiffel, ni de la estatua de la Libertad, ni de las pirámides de Egipto o de algún súper rascacielos de Dubai. Ni falta que me hace. No quedará en pie iconografía alguna que revele la civilización. Como testigos, quedarán los desechos plásticos.

El desprecio por lo bello es como un ramo de flores arrinconado bajo un mueble de cocina. Sin derecho a un simple jarrón, olvidado por su procedencia y no por lo que es en sí mismo.

La ruina en ruina. Olvidada, acabada para siempre. Lo icónico siempre es efímero. Dentro de miles de años no quedará nada de la Torre Eiffel, ni de la estatua de la Libertad, ni de las pirámides de Egipto o de algún súper rascacielos de Dubai. Ni falta que me hace.

No quedará en pie iconografía alguna que revele la civilización. Como testigos, quedarán los desechos plásticos. Como una huella sucia en un expediente sobre la mesa de un detective de teleserie B, una anécdota. Al principio serán pedazos grandes y visibles. Con el transcurrir del tiempo se harán cada vez más pequeños, hasta llegar a ser microscópicos. Al final, cuando ya no queden ruinas que arruinar más, el planeta engullirá plástico y memoria hacia su interior creando nuevas bolsas de petróleo. Todo volverá al sitio de donde salió. Y ya no habrá nadie que pueda llamar a este sitio Tierra.